EL EJÉRCITO Y LA GUERRA
IV. CONCENTRACIÓN Y DISTRIBUCIÓN DE LAS ARMAS
Antes de lanzar su país a la guerra, el Faraón pedía por lo general el parecer a sus consejeros, aun cuando estuviera decidido a obrar según su capricho. Así hizo Kamosé, uno de los liberadores de Egipto, cuando resolvió, por inspiración de Amón, atacar a los hiksos que ocupaban toda la Delta y los nomos del Alto Egipcio a partir del siglo XIV y que últimamente tuvieron la ambición de extender aún más su dominio e imponer el culto de su dios, Setekh, en el Egipto que permanecía independiente. Los consejeros, gente timorata, hubieran preferido esperar y temían empeorar una situación poco brillante, pero a la que se habían acostumbrado. Triunfó el parecer del rey. Se decidió la guerra.18 Ignoramos si algún mensajero notificó a los hiksos la voluntad del Faraón o si los ocupantes sólo comprendieron las intenciones de los tebanos al verlos avanzar en armas hacia el norte. Los reyes del antiguo oriente se escribían mucho. Se enviaban enigmas, amenazas, reclamaciones, quejas, se anunciaban los nacimientos, los duelos, las intrigas de unos y de otros. Un tratado en buena y debida forma, con preámbulo, numerosos artículos y conclusión, comprueba el fin de las hostilidades entre los hititas y los egipcios en el año XXI de Ramsés III. Ese tratado pasó, durante mucho tiempo, por el más antiguo tratado del mundo. Ahora conocemos varios más, pero no poseemos, por el momento, ningún documento que tuviera la finalidad de notificar a otra potencia el estado de guerra. Sin embargo, considero como probable que esa notificación se hacía, pues ya veremos que durante las hostilidades los adversarios se cambian mensajes.
Cuando la guerra parecía inminente, el Faraón preparaba su infantería y su equipo; a los sardanos, que Su Majestad había capturado y traído por sus victorias, los armaba y les enseñaba el método de combatir. Los
17 C
AVAIGNAC,Subbiluliuma et son temps, París, 1932, 70-72 (Annales de Subbil, pág. 27).
18 Tablilla Carnavon en J. E. A., III, 95-110; M
sardanos constituían un cuerpo especial cuyo mando se reservaba el Faraón. El grueso del ejército, compuesto de egipcios, sirios, libios y meridionales, se repartía en varios cuerpos. Los textos del tiempo de Seti citan el cuerpo de Amón, conocido también con el nombre de "Arcos valerosos", el cuerpo de Ra, llamado "Los brazos numerosos", y el cuerpo de Sutekh "Arcos poderosos".19 Un cuarto cuerpo, el cuerpo de Ptah, aparece, según nuestro conocimiento, a principios del reinado de Ramsés II.
La distribución de las armas y de los equipos se hacía con solemnidad. El rey asistía personalmente.20 Ramsés, luego de ocupar su lugar en un estrado de balcón, apoyando el brazo en un cojín, recibe a los soldados y escucha los discursos de sus oficiales. Luego toma la palabra: "¡Sáquense las armas, expónganse las armas para domeñar por la bravura de mi padre Amón los países rebelados que no conocen a Egipto!" Está en uniforme de gala, taparrabo de lujo, calzado con sandalias. El hijo real, el escriba real, varios oficiales superiores están agrupados cerca de él. Las armas están colocadas por categorías. Aquí los cascos que cubren bien la cabeza y la nuca, provistos de una visera y de dos cordones que parten de la cimera y terminan en bellotas; más allá, los arcos triangulares, las aljabas, las cotas de mallas de mangas cortas que protegen el torso entero, las espadas en forma de hoz con un mango largo terminado por una empuñadura que los egipcios llamaban "jopech", brazo. Los soldados, simplemente vestidos con el taparrabo en forma de delantal triangular, llegan de a uno en fondo, con las manos vacías. Reciben las armas y se van, mientras numerosos escribas anotan los nombres y las armas.
Ramsés II, acompañado por sus hijos, asalta una fortaleza siria. Los príncipes Mentuherchopshet y Chaemuese están empeñados en un combate cuerpo a cuerpo; los príncipes Meryamun, Amenemuea, Seti y Setpenré dan órdenes cerca de los manteletes debajo de los cuales avanzan las tropas para atacar; dos príncipes (sin nombrar) en las escalas de asalto.
Hacia el siglo XIII, los egipcios habían acabado por adoptar las armas de sus antiguos enemigos los sirios. No los vencieron sino con sus propias armas. Los cascos, que Ramsés III hace distribuir a sus hombres y que están, además, representados en color en una cámara de su tumba, se parecen mucho a los cascos de los guerreros sirios, que conocemos bien por las escenas de batalla del carro de Tutmosis IV, por las procesiones de los portadores de ofrendas extranjeros y, en fin, por obras originales sirias. 21 La forma es la misma. Los egipcios han simplemente reemplazado la cola de caballo por cordones con bellotas. El dios Seth, al que gustosos llaman Sutekh en esa época, el más asiático de los dioses egipcios, se pone un casco parecido, al que adorna con un disco solar por delante, dos cuernos acerados y una larga cinta atada en la cima, que termina apenas por encima del suelo en una flor triangular. Como Sutekh era un dios guerrero, podría sostenerse que el casco de los soldados no es sino el casco del dios transformado para el uso práctico, pero no hay que olvidar que Sutekh está vestido a la usanza asiática y que se parece a Baal como un hermano.
Los guerreros asiáticos usaban desde hacía mucho tiempo un arco triangular. Los egipcios han variado
19 Según la estela de Seti I encontrada en Beisan, Mélanges V. Loret, Bull. I. F. A. O., XXX. 20 Lo que sigue según Medinet-Habu, 29.
mucho. Primitivamente, empleaban un arco de doble curvatura, que en el Antiguo Imperio reemplazaron por un arco de curvatura simple, pero el antiguo modelo no había caído completamente en desuso. Con un arco de ese modelo Tutmosis III y Amenhótep II atravesaban placas de cobre. Ahora el ejército en su totalidad está dotado del arco triangular, que quizá sea más fácil fabricar en serie. En cuanto a la espada en forma de hoz, está bien probado que es un arma de alta tradición asiática.22 Cada rey de Biblos, en el Imperio Medio, mandaba depositar un ejemplar de lujo en su tumba. Unos guerreros sirios las presentaron al sumo sacerdote de Amón, Menkheperresenb. Tutmosis III recogió en Siria unos mangos con garfios. Los egipcios conocieron que era un arma temible. El rey la adoptó para sí y todo el mundo siguió su ejemplo.
La cota de mallas se inventó igualmente en Siria.23 Era una chaquetilla de cuero guarnecida con plaquitas de metal. Los sirios del carro de Tutmosis III están en su mayoría vestidos con la cota de mallas. Algunos la reemplazan por dos anchas vendas que se cruzan en el pecho. La cota no preserva a los viles soldados de Retenu de las flechas del Faraón, pero los egipcios han observado que tiene sus ventajas.
El carro, que desempeña en las guerras de aquel tiempo un papel tan importante, lo han copiado de Siria.24 No se sabe exactamente en qué momento conocieron los sirios el caballo, ni cuándo se inventó el carro. En los documentos del Imperio Medio, tanto sirios como egipcios, no se ve ni uno ni otro. El relato de Kamosé no lo menciona, pero desde principios de la XVIII dinastía, ambos adversarios emplean el caballo y el carro. La prioridad pertenece a los sirios, pues el nombre del carro y de las partes del carro, del caballo y de los arreos, en egipcio, están tomados del vocabulario semítico. Los adornos figurados más ordinariamente en las cajas del carro, las palmas, los animales enfrentados, los encaracolados, son también de procedencia asiática. Sin embargo, los carros del Faraón y de los príncipes,
"En los que tanto oro se levanta en relieve",
dejan aparecer un lujo que no hubiera estado al alcance de los grandes de Retenu.25 Los arreos también están adornados con discos de oro y armados con metal. No obstante, ni esa elegancia ni esa riqueza deben hacer olvidar que están mal adaptados a su papel, que es utilizar al máximo la fuerza de los caballos y disciplinarla. Los arreos de la cabeza se componen de una muserola y de dos quijeras que se unen a una escarapela al mismo tiempo que el frontal, el cabezal y las anteojeras. En la cabeza lleva un birrete del que salen flores artificiales o plumas de avestruz. Las riendas y las falsas riendas salen del freno. Al collar moderno correspondía un arreo compuesto por tres piezas principales, una faja bastante ancha, de forma redondeada, que cubría la cruz, una faja más estrecha que pasaba bajo el cuerpo, bastante floja, y una faja más apretada que se apoyaba en el pecho. El resto del cuerpo quedaba libre. Unas banderitas, atadas en distintas partes, flotaban al viento. Sobre el cuero brillaban discos de oro. La imagen de Sutekh, señor de los caballos, está grabada en las anteojeras.
Carro de guerra de los Cheta.
22 Ibíd., 34-36. 23 Wr. Atl, II, 1. 24 M
ONTET,ob. cit., 37-38.
El equipo del carro lo formaban dos hombres, el escudero y el combatiente. El primero tiene un látigo que es, a veces, un objeto de lujo. El combatiente dispone de un arco, de flechas y de una decena de jabalinas en un carcaj y un estuche fijados contra la caja. La plataforma de la caja estaba a poco más o menos codo y medio del suelo. Va colocada directamente sobre el eje, sin intermediario de muelles. Semejantes artefactos se tumbaban fácilmente en los caminos pedregosos de Siria. Es cierto que los tripulantes, si habían previsto el accidente, podían saltar a tierra, puesto que la caja estaba abierta por detrás. Cuando el carro estaba desarmado, lo mejor que podían hacer los ocupantes era desenganchar los caballos y saltarles sobre el lomo. Es lo que hacían los sirios. Los egipcios no dejaban de hacerlo ocasionalmente, al menos así lo supongo, pues los dibujantes, cuando componían una escena de batalla ni siquiera concebían la idea de que un carro egipcio pudiera ser tumbado.
En cuanto a los sardanos, después que el Faraón los incorporó a su ejército, siguieron siendo lo mismo que cuando combatían al Faraón. Han conservado el taparrabo, el escudo redondo, la espada de hoja triangular y el casco, que tiene la forma de una escudilla boca abajo sobre la que hay una cimera adornada con el disco y la media luna. Y lo mismo ocurre con los filisteos que en el ejército del Faraón se reconocen por su diadema de plumas. En cuanto a los sirios, el armamento egipcio no les extrañaba, puesto que era igual que el suyo. Algunos han conservado su medallón y su taparrabo adornado de bellotas. Los negros han permanecido fieles al arco de doble curvatura que sus antepasados usaban hacía siglos. Muchos llevan también "búmerans".