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LOS HABITANTES DE LAS LAGUNAS

LA VIDA EN EL CAMPO I LOS CAMPESINOS

IX.- LOS HABITANTES DE LAS LAGUNAS

Las lagunas cubren gran parte del valle del Nilo. Cuando el río vuelve a su lecho, deja cada año, en los lindes de los terrenos cultivados, grandes charcos que conservarán agua hasta el final de la estación de chemu. Esas lagunas están cubiertas de nenúfares, bordeadas de cañas, de papiros y otras plantas acuáticas. Los matorrales de papiros son a veces tan tupidos que no dejan pasar el menor rayo de luz, y tan altos que los pájaros anidados en las umbelas se creen seguros. Los virtuosos ejecutan ejercicios de acrobacia aérea. Una hembra empolla sus huevos. Una lechuza inmóvil espera la noche. Sin embargo, los enemigos de la gente alada, la jineta, el gato montes, trepan por los tallos hasta la altura de los nidos. El padre y la madre luchan valientemente con el agresor, mientras los pajarillos llaman desesperadamente y sacuden sus alas sin plumas. Unos ágiles peces se deslizan entre los tallos. Se observan sobre todo los mújoles, los siluros, los mormiros, el enorme lates, el cromis apenas menos grande, el fahaka creado por la naturaleza, ha escrito Maspero, en un acceso de buen humor. El batensoda nada boca arriba. Tanto le gusta esa postura, que el lomo se le ha blanqueado mientras que el vientre se le ha obscurecido. Una hembra de hipopótamo ha encontrado un rincón tranquilo para dar a luz. Un cocodrilo la acecha hipócritamente y espera el momento en que se tragará de un bocado al recién nacido, a menos que el macho llegue antes. Entonces se entablará un combate sin cuartel en que el cocodrilo no llevará las de ganar. El hipopótamo lo cogerá en sus formidables quijadas. En vano su enemigo trata de morderle la pata. Ha perdido el equilibrio y tiene el cuerpo atravesado.57

Cuanto más se remontaba hacia el norte, tanto más extensas eran las lagunas, tanto más tupidos eran los matorrales de papiros. El nombre egipcio de la Delta, mehit, designa igualmente una laguna bordeada de papiros. Esta lengua tan rica en sinónimos para designar lo que está en la naturaleza tenía otros términos que designaban las lagunas cubiertas de nenúfares (cha), aquellas en que crecían las cañas, sejet, aquellas a que acudían los pájaros, iún, los charcos de agua dejados por el retiro de la inundación, pehú. Esas lagunas eran el paraíso del cazador y del pescador. Casi todo el mundo en Egipto se entregaba ocasionalmente a la pesca y a la caza en las lagunas, hasta los futuros escribas. Las damas, las niñas, aplaudían en caso de destreza, dichosas

56 Wr. Atl, I, 395. 57 M

ONTET,Vie privée, todo el cap. I; Wr. Atl, I, 433 (Br. Mus. 37977); Wr. Atl, I, 117 (Baki); Wr. Atl, I, 343 (Senemiot); Mem. Tyt.t

de llevar a casa un bonito pájaro vivo. Los muchachos eran muy pronto hábiles en arrojar el "búmeran" y el arpón. Eso era pasatiempo de aficionados. Pero, en el norte, la población vivía de la laguna.

En primer lugar, de ella sacaba con qué alojarse y con qué ejercer su industria. Cuando habían arrancado numerosos tallos de papiros, hacían gavillas, y cada cual, doblegado por la carga, volvía al pueblo a pasos lentos, trastabillando a veces. Se extiende la cosecha y se eligen los tallos con que se pueden construir chozas. Las casas de adobes se reemplazan aquí por casas de papiros que luego calafatean con limo. Las paredes son delgadas. El enlucido cae a menudo, pero es fácil tapar las hendijas. Con las fibras del papiro fabrican cuerdas de todo grosor, esteras, asientos y jaulas que luego venden a los terratenientes. Con cuerdas y tallos se confeccionan las barcas elegantes y prácticas sin las cuales no podrían cazar ni pescar. Pero antes de largarse a perseguir la caza, había que probar el material nuevo. Coronado con flores campestres, un nenúfar al cuello, cada cual sube en su barca y la dirige con un largo botador ahorquillado. El combate principia con injurias a menudo bastante subidas. Van a llover amenazas y golpes. Diríase que la diversión va a transformarse en gresca, pero cada uno apunta sólo a echar a su adversario al agua y a voltear su barca. Cuando no queda más que un combatiente de pie en su barca, termina la fiesta. Vencedores y vencidos regresan al pueblo y volverán, reconciliados, al oficio que el satírico egipcio proclama el más pesado de todos.58

Los pescadores que querían emprender una larga campaña se embarcaban en una barca de madera provista de un palo. Entre las maromas se tienden cuerdas para poner a secar los pescados abiertos en canal. Un ave de rapiña se posa sobre el mástil.59

Había muchos modos de pescar. El pescador solitario se instalaba con sus provisiones en una barquilla y cuando encontraba un lugar tranquilo dejaba flotar su sedal. Como un hermoso clarias ha mordido el anzuelo, tira con precaución y a mazazos mata su captura. En las lagunas poco profundas se colocan nasas simples, en forma de botella, y aun nasas de dos compartimientos. Los mújoles, atraídos por un cebo, encuentran la entrada, apartan los juncos, pero ya no pueden salir. La nasa será pronto un verdadero vivero. El pescador, seguro del éxito, sólo teme a su vecino, que lo ha espiado y que es muy capaz de llegar primero al lugar. Con el esparavel se necesita paciencia y mano muy segura. El pescador se detiene en un sitio abundante en peces, inmerge su red y espera. Cuando los peces, de por sí mismos, hayan elegido domicilio en él, tendrá que levantarlo muy rápidamente y sin brusquedad, porque si no levantaría una red vacía. La pesca con buitrón exige una docena de hombres, por lo menos dos barcas y una inmensa red rectangular con flotadores en un lado y pesos de piedra en el lado opuesto. Se echa esa red en un lago y se acosan los peces. Luego se lleva suavemente a la orilla el aparejo y los peces. Sacarlo a tierra es un momento delicado, pues el sinodonte, que es pez ágil y vigoroso, salta fuera de la red para volver a su dominio. El pescador tiene que agarrarlo al vuelo.60 Contra el enorme lates, tan grande que barre el suelo con la cola cuando dos pescadores lo llevan colgando de un remo, el arpón era lo mejor.61 También empleaban el arpón para cazar el hipopótamo, pero el arpón del pescador se rompería como un juguete en el cuerpo del monstruo. Se necesitaba un artefacto sólido compuesto de un garfio de hierro hundido en una lanza de madera unida por una cuerda a una ristra de flotadores. Cuando el arpón da en el blanco, la madera se quiebra y el garfio queda hundido en la carne del monstruo, que huye. Los cazadores recobran los flotadores y tiran de la cuerda para acortar la distancia. El hipopótamo vuelve hacia los cazadores su enorme cabeza, descubre sus quijadas, capaces de triturar una canoa, pero acaban con él a arponazos.62

La caza con "búmeran" era más bien un deporte de la gente rica que un trabajo de barqueros. Apuy ha ocupado un lugar en una barca de lujo que tiene forma de un pato gigante. La mayoría de los cazadores se conforma, sin embargo, con un bote de papiro del tipo ordinario. Es conveniente llevar a bordo un ganso del Nilo que sirva de reclamo. El cazador arroja el "búmeran" terminado en cabeza de culebra. El artefacto y su víctima caen en el punto de partida. Los acompañantes del cazador, su mujer, sus hijos los cogen prestamente. Un niñito, encantado, dice al padre: "Príncipe, he cogido una oropéndola."' Pero un gato montes ha atrapado tres, él solo.63

La caza con red permite capturar de una sola vez gran número de pájaros vivos. Es un deporte de equipo.

58 MONTET,Vie privée, 73; Mem. Tyt., II, 15, 18, 19. Sátira de los oficios, § 19 y 20. 59

Wr. Atl., I, 250.

60 Wr. Atl., I, 250 (Horemheb); Mem. Tyt., V, 30 y 35 (Apuy); Mem. Tyt., II, 65 (Puyemré); M

ONTET,Vie privée, 23-41.

61 Wr. Atl., I, 354, 117, 40, 343, 70, 294, 2, 183, 77; Mem. Tyt., 1; 24; D

AVIES,Ken-Amun, 51.

62 Th. T. S., pl. 1 y pág. 28 (Amenemhat); Wr. Atl., I, 271 (Amenemheb). 63 Mem. Tyt., V, 30; Mem. Tyt., I, 24; Wr. Atl., I, 2, 343, 423.

Príncipes, hombres de alta situación, no desdeñaban tomar parte como jefe o como acechador. En un terreno bien llano se elegía un charco de forma rectangular u oval, largo de sólo unos metros. A uno y otro lado de ese charco se extendían dos redes rectangulares que podían, si se las juntaba, taparlo enteramente. Había que encontrar el medio de plegar ambas redes a un tiempo y bruscamente, de tal manera que los pájaros que se habían posado en el charco quedasen prisioneros. Hundían en la tierra cuatro estacas, dos a la derecha del charco y dos a la izquierda. A ellas ataban ambos tramos del aparejo, cuyos ángulos exteriores estaban unidos, dos a una estaca situada a cierta distancia en el eje del charco prolongado, y dos a una cuerda de maniobra que podía tener unos veinte metros de largo o más. Listo el aparejo para funcionar, un acechador se ocultaba en un matorral a corta distancia, con las piernas metidas en el agua, o se sentaba detrás de un biombo agujereado. Unos pájaros amaestrados, cómplices de los cazadores, se paseaban por las orillas del charco. Muy pronto se posaba en él gran cantidad de patos. Los cazadores, tres o cuatro, ya han echado mano de la cuerda de maniobra. Están bastante lejos del charco para no espantar a las aves, que alzarían vuelo al menor ruido. El acechador levanta el brazo, o extiende un velo. A esa señal, los que han de tirar de la cuerda, echándose bruscamente para atrás y a un tiempo, han hecho funcionar la trampa. Los dos tramos se levantan y caen sobre la guarnición de aves, que cae toda prisionera. En vano los más vigorosos tratan de sacudir la red debatiéndose. Sin darles tiempo, los cazadores, que cayeron al suelo por el brusco esfuerzo, se levantan y acuden con jaulas. Cuando están llenas, si todavía quedan aves bajo la red, se les cruzan las alas enmarañando las plumas, lo que bastará al menos para volver al pueblo.64

Todos esos procedimientos exigían destreza, paciencia, coraje a veces, pero esas cualidades hubiesen carecido de valor si los cazadores no hubieran gozado de los favores de una divinidad que ellos llamaban Sekhet, "Pradera". Tenía el aspecto de una campesina vestida con la túnica funda. Larga cabellera le cubría los hombros. La red misma es el bien de un dios especial, el dios "Red", hijo de "Pradera". Los trabajos que acabamos de describir son los trabajos de la diosa "Pradera". Los peces, los pájaros, son sus bienes, pero no es avara y los distribuye gustosa a los cazadores y a los pescadores que son sus asociados y amigos.65