LOS VIAJES
I.- TRASLADOS AL INTERIOR DEL PAÍS
CONTRARIAMENTE a la opinión aceptada en general, los antiguos egipcios viajaban mucho. Entre los pueblos y la capital del nomo, entre las cabezas de partido y la residencia, las idas y venidas eran continuas. Las grandes fiestas religiosas congregaban a los peregrinos de todo Egipto. Ciertas ciudades, Coptos, Siles, Sunu, Pi-Ramsés, Menfis, eran animadas en toda estación por los viajeros que partían hacia las minas y canteras, hacia los oasis, para Asia, para Nubia, y volvían cargados de todos los buenos productos extranjeros.
La gente de poca fortuna sólo conocía la única manera de viajar que a J. J. Rousseau le parece la más agradable de todas. Iban a pie. Su indumenta era ligera: un bastón, un taparrabo, sandalias.1 Sinuhit no llevaba nada más cuando, creyendo su vida amenazada, atravesó la Delta del oeste al este, haciendo numerosos zigzagueos, para alcanzar los Lagos Amargos. Al llamado de su hermano, Anupu sale de su pueblo con el bastón, las sandalias, un vestido y armas, y alcanza el valle del árbol Ach, cerca de Biblos.2 El campesino del oasis de la sal que se dirigía a Nennisut caminaba a pie detrás de sus asnos cargados de toda clase de productos. Tenía el recurso de cabalgar en alguno de ellos corriendo el peligro de provocar, como el molinero de La Fontaine, las pullas de los transeúntes. Lo que le ocurrió fue mucho más doloroso, puesto que un individuo que vivía en un lugar aislado, y que no lo hacía por vez primera, lo desvalijó con presteza. Los soldados eran el terror de los viajeros. Cuando encontraban a un hombre sin armas, cargado con un saco de harina y sus hermosas sandalias en la mano, estaban bastante acostumbrados a despojarlo y dejarlo desnudo en el camino. Uni tomó medidas para impedir esos abusos.3 Un nomarca de Siut sostiene que en su tiempo el viajero sorprendido por la noche podía quedarse dormido tranquilamente dejando a su lado, en el camino, sus provisiones y sus cabras. El temor que inspiraban sus gendarmes le servía de protección.4 Queremos creerlo, pero las precauciones que tomaban algunos administradores prueban justamente la existencia del bandolerismo y el peligro de los viajes.
Los caminos eran numerosos. Había tantos como canales, pues cada vez que cavaban un canal, los escombros permitían hacer una calzada bastante alta para que no fuera sumergida en tiempo de inundación. Al mismo tiempo se conservaban los canales y los caminos. Limpiando los primeros conseguían la tierra para reparar la rotura de los segundos. Esos diques servían para el paso de los peatones, a las idas y venidas de los rebaños y para halar las barcas. No se conoce ninguna palabra egipcia que signifique "puente", pero existe por lo menos un dibujo de un puente en el bajo relieve que representa el regreso de Seti I luego de su campaña triunfal en Palestina. Establecido sobre un lago bordeado de cañas y poblado de cocodrilos, ese puente une dos establecimientos militares, uno en la orilla asiática y el otro en la africana.5 Debía constar de pilares, arquitrabes y travesaños. Es evidente que jamás hubo puente sobre el gran Nilo ni siquiera en las ramas secundarias de la Delta. Sobre los canales, los puentes de piedra o de madera nunca fueron muy numerosos. Cuando había que cruzar un canal o una laguna poco profunda, animales y gente se metían sin vacilar en el agua. Muchos egipcios sabían nadar. Los tentiristas se echaban al Nilo y lo cruzaban tranquilamente sin temor a los cocodrilos, pero eso no estaba al alcance de todos.6 Los cazadores de aves acuáticas y los pescadores tenían, si se cree la sátira de los oficios, gran temor al monstruo. Para los personajes importantes era un deber hacer pasar el agua a quien no tenía barca; deber tan imperioso como el de dar pan al hambriento y ropa al 1 Coffin texts, I, 10. 2 Orb., XIII, 1. 3 Ouni, 19-20. 4 Siout, III, 10-11. 5 M
ASPERO,Hist., II, 123.
6 E
STRABÓN,XVII, 44. En la tumba de Merreruka y en una pátera del general de Busennés Undebaunded están representados unos nadadores.
desnudo. En Tebas y en las grandes ciudades eran un oficio. Un barquero acusado de ser cómplice de los ladrones de tumbas es citado ante el tribunal.7 Como los dioses se habían retirado a la isla de en medio, ordenan al barquero, el dios Anti, de negarse a pasar a Isis.8 Sinuhit, en su fuga, encuentra en la orilla una canoa sin timón y se apodera de ella para cruzar el río.
Viaje en una silla llevada por un asno. Dos corredores acompañan al amo; uno al frente le abre camino, el otro conduce al asno y
abanica al señor.
Para los traslados cortos, la gente rica utilizó durante mucho tiempo la silla de mano. Era ostentoso, pero lento, caro y poco confortable. Los portadores cantaban al ritmo de sus pasos: "Más la queremos llena que si estuviese vacía"; pero había que pagarlos o al menos mantenerlos.9 En el Nuevo Imperio el rey sólo va en silla para ciertas ceremonias. Así hace Horonemheb cuando celebra su triunfo. Lo más a menudo, tanto el rey como los particulares, prefieren el carro. El carro y los caballos son apenas artículos de lujo. Forman parte de lo que todo hombre desea a sus amigos y se desea a sí mismo: "Montas un carro, el látigo de oro en la mano. Tienes riendas nuevas. Tienes enganchados potros de Siria. Delante de ti corren negros, siguiendo tus indicaciones."10 El segundo profeta de Amón, Amenhotep-sisé va a salir de paseo.11 Su carro, elegante y sólido, adornado con figuras en relieve y en alto relieve, lleva dos caballos enganchados. Éstos no tienen ni freno ni anteojeras. Los arreos se componen principalmente de dos grandes fajas de cuero, una aplicada en medio del cuello y muy molesta para el animal, la otra pasa por debajo del cuerpo, y un cabestro al que están atadas las riendas. Amenhotep-sisé conduce él mismo de pie, sin escudero. Le preceden unos monos. Una escuadra de chemsu sigue sin mucho esfuerzo. Llevan todo lo que será necesario al señor cuando quiera descansar, asearse un poco.
Un carro era útil para una visita al palacio del rey o del visir, para una gira de inspección en el campo, para ir de cacería. No permitía ir muy lejos en buenas condiciones. El verdadero medio de transporte en el antiguo Egipto era el barco. El hijo real Dedefhor parte en barco de Menfis, pasa por Khent-khetyt para ir al norte en busca del adivino que vive en Dedi-Snefru, y en barco lo trae a la corte. Cuando Sinuhit indultado recibe, en el puesto de los Caminos de Horus, su pasaporte, en barco recorre toda la distancia entre el istmo de Suez y la residencia de Ity-taui, al sur de Menfis. Ocupa los ocios del viaje comiendo buenos platos hechos bajo su mirada. Cuando un egipcio llevaba a cabo la peregrinación de Abidos, a menudo movilizaba toda una flotilla.12 Los pasajeros subían en una barca de tipo arcaico, muy levantada tanto a proa como a popa. Comprendían que la finalidad del viaje no tenía nada de profano. Se sentaban en asientos en una cabina en forma de naos, como en el quiosco de su jardín. Delante de la cabina unos manjares ocupaban una mesita. La proa servía de matadero y de cocina. Descuartizan un buey, preparan cerveza para que los viajeros tengan el gusto de consumirla fresca. Esa barca, que no tenía ni remos ni vela, era remolcada por una barca motriz. Su
7 Papyrus 10052 del Br. Mus., p. XIII, 1-15. 8
Pap. Chester Beatty, I, V, 3-6 (Horus-Seth).
9 M
ONTET,Vie privée, 379-380.
10 Bibli. aeg., VII, 37. 11 Th. T. S., III, pl. VI.
tripulación constaba de dos marineros solamente. Uno, el encargado del cabo de amarre, preparaba su garabito; el otro era el encargado de los dos timones de madera pintada, terminados en una cabeza de Hator, señora de los países lejanos y protectora de los viajeros. La barca motriz tenía una vela consolidada por dos cables que se ataban a proa. Un gran camarote adornado con una cornisa, los tabiques cubiertos de temas pintados, ocupaba el centro. El gobernalle se apoyaba sobre un pequeño mástil y en una muesca hecha en la popa. El piloto lo manejaba con un brazo. A veces hay dos ojos pintados en la caña del timón. Son órganos muy útiles en un timón que debe evitar los obstáculos. Cuando se bajaba la corriente, cuando se cruzaban grandes extensiones de agua y no había viento, no podía evitarse el remo. Los remeros son diez o doce, a veces más. El capitán, a proa, lleva una gran pica, que le permite sondear el fondo del agua. El segundo, instalado sobre el techo del camarote, lleva un látigo con el que acaricia de cuando en cuando las espaldas de los remeros perezosos. El piloto completa ese estado mayor. Si iban aguas arriba, izaban la única vela, gran pieza rectangular, a veces más ancha que alta, tendida entre dos vergas, que se maniobraba con numerosos cabos. Los remeros quedaban en sus bancos. Los jefes trepaban por las cuerdas para observar mejor. Mientras se navegaba por el Nilo podía esperarse un viaje relativamente rápido y sin percances. Si había que echar por los canales que no eran navegables en toda estación, era menester informarse. El rey Khufu quisiera ir al templo de Ra, señor del Sakhebu, en un lugar del segundo nomo de la Delta, pero no hay agua en el canal de los dos pescados. Eso no importa, dice su amigo el mago: "Haré llegar cuatro codos de agua al canal de los dos pescados." Uni, que no tiene mago a su servicio, pudo sin embargo viajar en barca en la estación de las aguas bajas. El lago Moeris había sido preparado precisamente para proveer de agua tanto a la agricultura como a la navegación, pero ignoramos por qué mecanismo.
Las barcas destinadas a remontar el Nilo hasta Nubia eran verdaderas casas flotantes. La "dehabieh" del hijo real de Kuch es una larga barca en forma de media luna, de la cual ni la proa ni la popa entran en el agua.13 Un solo palo en el centro sostiene por medio de numerosas cuerdas una vela inmensa. En lugar de un timón en el eje, tenemos uno a babor y otro a estribor, no completamente a popa, atados a un gran poste y contra el casco. Los pasajeros se alojan en un gran camarote central prolongado por una cuadra para los caballos. Hay dos camarotes más pequeños, uno a proa y otro a popa.
Cargando un barco. De las pinturas de la expedición de la reina Chnemtamun.
Parece que la propiedad estaba muy dividida. Los ricos tebanos tenían bienes en la Delta. Amón poseía cortijos y hasta ciudades no sólo en todo Egipto, sino también en Nubia y en Siria. El templo de Abidos, fundado por Setí, tenía propiedades en Nubia. Esas grandes colectividades y los ricos particulares disponían, para centralizar sus recursos, para importar y exportar, de una verdadera flotilla compuesta de grandes barcas de fondo plano, también en forma de media luna, con uno o dos camarotes en la parte central.14 Por lo demás, los documentos figurados no dan sino una idea imperfecta del número y variedad de los barcos que bajaban o remontaban el Nilo, pues el número de palabras que significan barco es muy grande en lengua egipcia. Había chalanas, para el transporte de los grandes bloques sacados de las canteras, de los obeliscos, de las estatuas colosales. Una estatua de Tutmosis III es objeto durante su viaje de atenciones verdaderamente dignas de un rey. Se halla al abrigo de una naos. Le echan incienso. La barca que la lleva está amarrada a una barca
13 Th. T. S., IV, pl. XI-XII.
motriz.15 Unas chalanas sin camarote estaban destinadas sobre todo al transporte de los animales. Los barcos con camarote central servían al transporte de los cereales. Llegados los barcos al muelle, instalan un plano inclinado con travesaños regularmente espaciados. Los cargadores se colocan en columna de a uno y llegan a vaciar su espuerta. Cantan a la vez para marcar el paso y para no aburrirse: "¿Pasaremos el día trayendo la cebada y el boti? Está claro. Los graneros rebosan. Hay montones para la boca de ellos. Los barcos están tan cargados que la cebada se derrama fuera. Quisieran que marchásemos más de prisa. Verdaderamente, ¿nuestros corazones son de metal?"16 Cuando la flotilla llegaba a destino, colocaban el plano inclinado. Se bajaban al muelle los animales y las mercancías. Llegaban unos mercaderes, ponían una mesa, una estantería, encendían una hornilla, y los marineros, bebiendo y comiendo, celebraban el fin de su viaje.