El barco sagrado de Amón abandonaba también su ensenada para otra fiesta: la fiesta del Valle.35 Cruzaba el Nilo, halado por los dioses. Sobre el particular algunos intérpretes han supuesto que unos comparsas disfrazados con máscaras como los fetichistas del África Ecuatorial desempeñaban la función de remolcadores. Esa interpretación es demasiado ordinaria. Es como sí se imaginara que los médicos, las parteras, los enfermeros y las nodrizas, que dan sus primeros cuidados a la reina y al recién nacido, tomaban el aspecto de las divinidades que se ven en las paredes de Luxor y de Deir el Bahari. Esas representaciones sólo tienen un valor ideal y prueban únicamente con qué solicitud los dioses seguían todos los actos del Faraón y cuánto le agradecían todo el trabajo que se tomaba por embellecer la ciudad de Amón.
La fiesta del Valle, menos larga que la fiesta de Opet, duraba diez días. El rey sale de palacio en uniforme ordinario, escoltado por sus portaparasoles y su servidumbre. Antes de entrar en el templo se viste con un taparrabo de lujo y se coloca en la cabeza el más rico de sus tocados que combina el disco solar, las plumas, los uraeus, los cuernos de buey y los cuernos de carnero. Va a invitar a Amón a que visite los edificios de la orilla izquierda. La sala hipóstila del Rameseum será su principal lugar de descanso. El rey de los dioses recibirá en ella la visita de los dioses protectores de los muertos. Así, una estatua del santo rey Amenhótep I sale del templo, llevada en litera por sacerdotes, rodeada de flabelíferos que blanden los abanicos de mango y los parasoles. Una barca sagrada le espera en un canal cercano y llegará a Usirhat.36 Las ceremonias que se desarrollan, una vez que esos dioses se han reunido, se hacen en beneficio del inmenso pueblo de los muertos que descansan en las sepulturas de la montaña de occidente.
VIII. - LOS MISTERIOS
Las salidas de los dioses no se hubieran prolongado tantos días, no hubiesen atraído tan gran concurso de pueblo si el organizador de la ceremonia no hubiera estado en condiciones de variar el espectáculo. A la larga se cansan de contemplar un barco dorado y hasta de bailar al son del tamboril. Para reanimar el interés habían imaginado, desde hacía mucho tiempo, representar los acontecimientos más agitados de la vida de los dioses, o, aún mejor, hacerlos representar por los mismos peregrinos. Todos los egipcios sabían que Osirís había sido rey bienhechor, que Seth lo había matado y arrojado al Nilo, que el cadáver había tocado tierra en Biblos y cómo había vuelto y todo lo demás. De modo que todos podían interesarse en la representación de tan gran drama, y hasta muchos podían desempeñar el papel de comparsas, dejando a verdaderos profesionales los papeles esenciales.
Sobre todo en Abidos y en Busiris es donde las representaciones osirianas tenían todo su brillo. Los trajes, el decorado, los accesorios eran preparados por funcionarios con minucioso cuidado.37 La representación
35 F
OUCART,"La belle fète de la vallée" en Bull. I. F. A. O., XXIV, 1924.
36 Ibid., pl. 14; Wr. Atl., 118-119. 37 Estela 1024 del museo de Berlín, S
CHAEFER,Die Osiris mysterien in Abydos, 11904; escena de la tumba de Khereuef en Tebas, en MORET,Mystères égyptiens, París, 1912, pág. 11; estelas de Ramsés IV, MARIETTE,Abydos, II, 54-55.
incluía una gran procesión dirigida por el dios Up-Uayt, el abridor de caminos. Los enemigos intentaban oponerse a la marcha del dios, pero la procesión, victoriosa, entraba en el santuario. En el correr de una segunda fiesta, de un segundo acto, se representaba el asesinato del dios, o simplemente lo referían. Los concurrentes se golpeaban el pecho con gran dolor. Una gran procesión iba a la tumba. En otra sesión se asistía a la matanza de los enemigos de Osiris, y el pueblo entero se regocijaba cuando veía al dios resucitado volver a Abidos en su barca nechmet y entrar en palacio. En Busiris levantaban con cuerdas el pilar osiriano. La muchedumbre bailaba y retozaba. Grupos, que figuraban los habitantes de dos ciudades contiguas, Pe y Dep, se peleaban a puñetazos y puntapiés para preludiar el advenimiento de Horus. En Sais, donde Heródoto vio representaciones nocturnas sobre el lago circular, mimaban probablemente toda la pasión, incluido el milagroso viaje a Biblos y la metamorfosis del dios en columna.
Heródoto tuvo oportunidad de visitar, en el noreste de Egipto, Papremis, que es una ciudad consagrada a Seth, el matador de Osiris. Fue testigo de una escena del mismo género, lo que no es sorprendente, pues Seth es un dios peleador. Se llevaban la estatua del dios en su naos fuera del dominio divino, y la guardaban sacerdotes. Llegado el momento de volver a llevarla, la instalaban en un carro de cuatro ruedas. Más de un millar de individuos armados con garrotes se echaba encima del pequeño grupo que protegía a la estatua. Estos recibían refuerzos. La contienda se hacía terrible. Al final, eran incontables los ojos hinchados y las cabezas partidas, aun cuando la gente del país pretendía que no era sino un juego. Se trataba de recordar que Seth había querido entrar en casa de la madre a pesar de los sirvientes que no lo habían conocido. Rechazado, Seth se fue en busca de refuerzo y apartó a los que querían obstaculizarlo.38
En Ombos, Alto Egipto, Juvenal fue testigo de una representación análoga, pero, menos clarividente que Heródoto y cegado por el desprecio que le inspiraban los egipcios, creyó ver una verdadera batalla entre dos clanes enemigos. Un odio antiguo —dice— separa a Ombos y Tentyra, pues cada una de esas ciudades execra a los dioses de la otra. Una de ellas estaba de fiesta. Habían preparado mesas y camas para siete días. Los otros irrumpen. Enseguida comienza la batalla a puñetazos, luego a pedradas y por último a flechazos. Los tentiristas huyen dejando sobre el terreno a uno de los suyos. Los ombitas lo toman, lo cortan en pedazos y lo devoran crudo.39 En realidad, Ombos, que los egipcios llamaban Nubit, era una ciudad de Seth; Tentyra era el dominio de Hator. Varios lugares de la vecindad habían visto luchas entre la madre de Horus y los suyos y el dios licencioso y pendenciero.40 Una de esas luchas es lo que todavía representaban en la baja época, con más gritos que daño.
En todas las provincias, en todas las ciudades, la liturgia, las leyendas locales proveían amplia materia dramática. Nadie se figuraría, cuando se encara simplemente el lujo de los templos, el número de sacerdotes y oficiales que participaban en las ceremonias, cuan criticón era el pueblo egipcio. A Faraón, ese dios al que nadie se acercaba sino temblando, los cuentos lo muestran recibiendo quinientos palos,41 engañado por sus mujeres, incapaz de tomar por sí mismo una decisión, esclavo de sus consejeros y de sus magos, robado por sus arquitectos. A pesar de todo, los dioses muestran todos los defectos, todos los vicios, todas las ridiculeces de nuestra pobre humanidad. La asamblea de éstos tenía que decidir cuál de los dos, Horus o Seth, había de recoger la función de Osiris. Hacía ochenta años que la cuestión estaba planteada y los dos candidatos seguían esperando la solución. La lujuria de Seth sólo tiene igual en su necedad y en su credulidad. Horus llora como un niño cuando le pegan. Neith, convocada por el señor del universo, no encuentra nada mejor para indicar el caso que hace de sus decisiones, que levantarse la bata delante de él.42 El dios Chu se cansa un día de gobernar el mundo. Se va volando al cielo. Geb, que le sucede, piensa colocarse en la cabeza el ureaus que había permitido a Chu conseguir tantas victorias. ¡Qué vanidoso! Alarga la mano para apoderarse del cofre que contenía el ureaus. La serpiente, hija de la tierra, se irguió de pronto y lanzó su veneno al dios que, cruelmente quemado, corrió por todos lados para encontrar un remedio.43
En los dramas populares, que se representaban en los templos, ya sea en el recinto, o delante de los pilones, o en los estanques sagrados, los dioses, sin lugar a dudas, eran tratados de la misma manera tan familiar. Mimaban los episodios de las leyendas divinas, pero no paraban en eso. Hacían hablar a los héroes y
38 HERÓDOTO,II, 63. 39 JUVENAL, XV. 40
Cerca de Denderah se hallaba "el lugar de la carnicería de Seth, frente a esta diosa". BRUGSCH,Dict. géogr., 38 y GAUTHIER, Dictionnaire des noms géographiques, V, 84-85
41 El faraón Menkheperré Siamón, en la historia verídica de Setna (M
ASPERO,Contes populaires, 4ª ed., 168-171).
42 La disputa de Seth y de Hor referida en el Pap. Chester Beatty I.
a los dioses. Ninguno de esos dramas egipcios ha llegado hasta nosotros. Debemos contentarnos con algunos textos, como el papiro dramático del Rameseum, copiado por Sabacon, según un antiguo original, que dan sólo el título de algunas escenas y algunas réplicas, o trozos de conversación transcritos por encima de las escenas de la vida privada en las tumbas del Antiguo Imperio. Pero la existencia de ese teatro puede considerarse como segura, sobre todo después que el Instituto francés encontró en Edfu la estela de un comediante de oficio que se expresa así: "Acompañaba a mi señor en sus giras, sin faltar en la declamación. Daba la réplica a mi señor en todas las declamaciones. Si él era dios, yo era soberano. Si él mataba, yo revivificaba."44
Esas representaciones eran, sin discusión, uno de los principales atractivos de aquellas fiestas, que se prolongaban durante tantos días sin agotar la paciencia del pueblo egipcio.
IX. - LA CASA DE VIDA
La mayor parte de los templos tenía escuelas en su recinto, no sólo escuelas donde los niños egipcios aprendían a leer y escribir, sino escuelas de aprendizaje donde se formaban los dibujantes, los grabadores, los escultores, que emplearían su talento en glorificar al Faraón y a sus dioses. También tenían una biblioteca, donde se conservaban los archivos del templo y los textos de toda clase redactados por un ejército de escribas, y también las obras de moral y de literatura que podían necesitar los escolares, y obras técnicas. El rey Neferhotep desea consultar los libros de Tum. Los cortesanos le dicen: "Entre Tu Majestad en las bibliotecas y que Tu Majestad pueda ver todas las palabras sagradas." El rey halla en efecto el libro de la casa de Osiris Khentiamentiu, señor de Abidos.45 Ciertos templos poseían además establecimientos más ambiciosos que se llamaban la casa de vida.46
El rey Ramsés IV era —nos dice— un asiduo de la casa de vida de Abidos. Compulsando los Anales de
Thot que en ella se hallaban pudo aprender que "Osiris es el más misterioso de los dioses. Es la luna. Es el
Nilo. Es el que reina en el otro mundo. Todas las noches, el dios del sol desciende hacia él y forma el alma unida que gobierna al mundo y Thot anota sus órdenes." Compulsando esos anales, que conocía como si los hubiese hecho él mismo, se dio cuenta de la variedad de las materias que se trataban y de los informes que se podían recoger. Como deseaba para él un sarcófago de piedra de bejen del valle de Rohanu, en los anales encontró los relatos de las expediciones anteriores que habían traído, para la plaza de la Verdad y para el templo, tantos sarcófagos y tantas estatuas. Cuando designó a los príncipes, militares y altos funcionarios que componían el estado mayor de su expedición, se cuidó muy bien de olvidar un escriba de la casa de vida como agregado. El Ramsés que recibió al embajador del príncipe de Bakhtan creyó que debía, antes de dar su respuesta, consultar a los escribas de la casa de vida. En tiempos de Ptolomeo Filadelfo descubrieron un nuevo carnero sagrado. Los mendesianos enviaron al rey una petición pidiendo que lo sometieran al examen de los escribas de la casa de vida. El decreto de Canopo nos entera de que esos escribas se ocupaban de astronomía. También se ocupaban de política. Así, dos escribas de la casa de vida entraron en la conspiración contra Ramsés III. De esos testimonios y de algunos otros, puede llegarse a la conclusión de que la casa de vida era una reunión de sabios, de teólogos y de eruditos. En ella se conservaban las tradiciones religiosas. Se redactaban las anales de los reyes y de los templos. Se registraban los descubrimientos científicos y los progresos técnicos. Se inventó la criptografía. Verosímilmente, en esas casas nacían esos progresos y esos descubrimientos.
El templo se nos presenta ahora como el centro de la vida egipcia. Ante todo es la casa del dios, es donde se le rinde el culto que merecen sus bendiciones. Es también un centro económico e intelectual. El clero ha creado en él talleres y depósitos, escuelas, una biblioteca. En el templo, y sólo en el templo, es donde podía tenerse la suerte que tuvo Platón de encontrar sabios y filósofos. En el templo, por último, es donde nacieron y se desarrollaron las representaciones cuyos temas los proveían las leyendas y que entre los egipcios sirvieron de drama y de comedia.
44 Estela de Edfu aún inédita, pero señalada por D
RIOTON,Ce que l’on sait du théatre égyptien (ediciones de la revista de El Cairo, 1938). Se cree haber encontrado vestigios de las tribunas donde se instalaban los espectadores.
45 Estela del año 2 de Neferhotep (M
ARIETTE,Abydos, II, 28-30).