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RECLUTAMIENTO Y FORMACIÓN DE LOS FUNCIONARIOS

LOS ESCRIBAS Y LOS JUECES I ADMINISTRACIÓN

II. RECLUTAMIENTO Y FORMACIÓN DE LOS FUNCIONARIOS

El fundador de la XIX dinastía, Paramsés, había llegado, en el curso de una larga carrera, a acumular importantes funciones civiles, títulos religiosos y mandos militares en la región oriental de la Delta. Llamado a Tebas por el rey Horonemheb para dirigir los trabajos del templo de Opet, traspasó a su hijo Seti, que ya estaba en la fuerza de la edad, la mayoría de sus títulos y funciones.4 Los pequeños funcionarios imitaban a los grandes. Un tal Neferperit, que formaba parte de la escolta real cuando el Faraón se hallaba en las montañas de Retenu, había custodiado hasta Egipto cuatro vacas de raza fenicia, dos de raza egipcia y un toro, todos destinados al castillo de millones de años. Obtuvo para su hermano el empleo de guardián de esa pequeña manada, para su hijo el empleo de portador de las jarras de leche. No sólo esos empleos estaban garantizados a su titular para la duración de su vida, sino que habían de quedar en la familia y ser transmitidos de hijo en hijo, de heredero en heredero.5 Nadie criticaba eso. Todos los padres de familia deseaban poder hacer lo mismo. En una fórmula que se dirige a los visitantes de las tumbas se lee: "Si queréis legar vuestros puestos a vuestros hijos, entonces decid..." El que se portara mal en una tumba cae bajo el peso de una grave amenaza: "No estará. Su hijo no estará en su puesto." La ley prevé que el funcionario desobediente será privado de su empleo y castigado severamente, y que, además, será castigado en sus hijos, que se verán reducidos a condiciones manuales o serviles.6 Por lo demás, de esos textos no puede llegarse a la conclusión de que empleos cargados de responsabilidades, que exigen grandes capacidades, fueran dados de golpe al hijo del titular cuando éste moría. En realidad, los hijos de funcionarios entraban en la administración cuando

1 MASPERO,Un manuel de hiérarchie égyptienne, Études égyptiennes, II, 1-66. 2

LEFEBVRE,Histoire des grands prétres d'Amon dé Karnak, cap. II.

3 G

AUTHIER,Le personnel du dieu Min, El Cairo, 1931.

4 Véase la estela del año 400 en Kêmi, IV, 210-212. 5 Urk., IV, 1020-1021.

salían de la escuela y ascendían según su celo y su talento y según el poder de su protector.

Funcionario del tesoro, pesando oro.

La escuela forma, por lo general, parte del templo. El futuro sumo sacerdote de Amón, Bakenkhonsu, siguió durante doce años la escuela de las escrituras que se hallaba en el templo de la Dama del cielo.7 Se ha encontrado en el recinto del Rameseum, en Tanis, en Deir el Medineh y en otros santuarios, óstracas y papiros que son obra de escolares. Los estudios empezaban a temprana edad. Bakenkhonsu no tenía más que cinco años cuando lo mandaron a la escuela, pero su padre, que era un sacerdote eminente y tenía ambiciones para él, quizá lo estimuló más que a un niño común. Sin embargo, se admitirá que el día en que los niños dejaban de ir desnudos y se anudaban su primer cinturón no estaba alejado del día en que tomaban el camino de la escuela.

Ya sabemos que al futuro oficial lo apartaban de sus padres cuando era muy niño, pero el régimen de las escuelas era generalmente el externado. El pequeño escolar llevaba en un canasto un poco de pan y una cantarilla de cerveza que la madre le preparaba cada mañana.8 Mientras iba de la casa a la escuela, tanto como a la vuelta, tenía tiempo de discutir y reñir con sus compañeros. Un cuento egipcio, recientemente publicado, nos presenta a un niño tan bien dotado que superaba a sus camaradas de más edad. Estos supieron descubrirle una tara y un día le preguntaron: "¿De quién eres hijo? ¿No tienes padre?" Y como no respondía nada, no dejaban de agobiarlo con burlas y golpes, repitiendo: "¿De quién eres hijo? ¿No hay padre en tu casa?"9

El niño aprendía primero a leer y escribir. El papiro era un material demasiado precioso para que lo distribuyeran a los escolares. Les entregaban, para sus ejercicios, placas de piedra caliza cuidadosamente pulimentadas en las que se habían trazado rayas o cuadriculados. En Tebas se conformaban con trozos de piedra toscamente labrados. Eran sus cuadernos de deberes. En ellos se ejercitaban trazando signos aislados, jeroglíficos o signos cursivos, dibujitos, copiando fragmentos cada vez más extensos. Eran también sus cuadernos de lecciones. En efecto, algunos llevan fechas. Si fuesen bastante numerosas y completas podríamos conjeturar cuántos días necesitaba un escolar para estudiar y aprender de memoria una obra clásica, como el himno al Nilo o las instrucciones de Amenemhat.10 Cuando había chapuceado bastante de esos materiales poco costosos, el escolar promovido estudiante estaba autorizado para volver a copiar en un hermoso papiro, no un extracto, sino una obra completa. De cuclillas, desenrolla una parte del rollo nuevo, del mismo ancho que una página del modelo. Se ha preparado la tinta roja y la tinta negra, ha escogido en su tablilla los cálamos apropiados y comienza a recopiar ya sea un cuento, o una compilación poética o moral, o modelos de cartas. Los títulos y principios de los capítulos están escritos con tinta roja, el texto ordinario con

7

LEFEBVRE,ob. cit., 127-8.

8 Papyrus moral de Boulaq, VII (M

ASPERO,Histoire, II, 503).

9 Vérité et Mensonge, Pap. Chester Beatty, II, 5. 10 M

tinta negra. Pero todo escriba era al mismo tiempo dibujante y pintor. Para las iluminaciones empleaba tintas verde, azul, amarilla o blanca.

La educación no consistía simplemente en el estudio de la gramática y de la escritura, en el conocimiento de los textos clásicos, de las historias divinas, de un poco de dibujo. Los funcionarios egipcios tienen ocupaciones sumamente variadas y pasan con asombrosa facilidad de un servicio a otro. Uni fue primero policía y juez, luego fue a buscar piedras muy lejos, construyó barcos, limpió canales, y cuando estalló la guerra desempeñó funciones de jefe de estado mayor. Era menester, pues, que los estudiantes se iniciaran en el conocimiento de las leyes y reglamentos, de la historia y de la geografía y en las principales técnicas. ¿Había concursos y diplomas? Estaríamos tentados a creerlo al ver las preguntas que el escriba Heri hace a uno de sus colegas a quien quisiera encontrar alguna falta: ¿Cuál es la ración de una tropa en campaña? ¿Cuántos ladrillos exige la construcción de una rampa de determinadas dimensiones? ¿Cuántos hombres se necesitan para transportar un obelisco? ¿Cómo erigir un coloso? ¿Cómo organizar una expedición militar? Y, para terminar, toda suerte de preguntas sobre la geografía de Siria. Hay en eso todo un programa de estudios.11 El ardor al trabajo variaba mucho, naturalmente, entre todos esos escribas en cierne. A menudo los maestros se desesperan de verlos tan perezosos: "Escribe con la mano —no deja de repetir el escriba Amenmosé—, discute con otros más sabios que tú... Somos fuertes ejercitándonos cada día... Si tienes un solo día de negligencia, serás castigado. El hombre joven tiene la oreja en la espalda. Sólo escucha a quien lo golpea. Deja que tu corazón escuche mis palabras. Esto te aprovechará. Se enseña a los monos a bailar. Se doman los caballos. Se coge el milano en el nido. Se hace volar al halcón. No olvides que se progresa discutiendo. No descuides las escrituras. Pon tu corazón en escuchar mis palabras, las hallarás provechosas."12 Ese pedagogo cree, o finge que cree, que el estudio no tiene otro enemigo en el corazón del joven que la pereza y la testarudez. Pero puesto que se doman y se domestican los animales, cuenta, apelando a la ambición y al buen sentido y sobre todo gracias a enérgicas correcciones, traer al alumno disipado a la vía triunfal que conduce a las más honradas funciones. Desgraciadamente los jóvenes egipcios tenían inclinaciones más funestas: "Me dicen que descuidas las escrituras —dice un maestro tan gruñón como Amenmosé, pero mejor informado— y que te entregas a la danza. Vas de taberna en taberna. El olor de la cerveza acompaña cada uno de tus pasos... Eres como una capilla privada de su dios, como una casa sin pan. Te encuentran dándote golpes contra las paredes. Los hombres huyen delante de ti. ¡Si pudieras saber que el vino es una abominación! ¡Si pudieras olvidar los cubiletes! Pero desconoces tu grandeza."13 Había algo peor. La facilidad que el hombre tenía en Egipto para introducir concubinas bajo su techo, para comprar o alquilar esclavas, impedía en cierta medida el desarrollo de las casas de libertinaje. Sin embargo las había donde los clientes no sólo eran llevados a beber más de lo razonable, sino que encontraban bailarinas, cantantes y músicas de profesión, que eran por lo general, aun cuando fueran cantantes de Amón, mujeres fáciles. Ahí se iniciaban en los encantos de la música extranjera. Se cantaba, se declamaba, acompañado por el tamboril o el arpa. Se iniciaban en otros placeres, hasta encontrarse en la calle sin compostura, y luego de hacer vanos esfuerzos para asegurar un caminar titubeante, rodar por las basuras, o con una mala pelea encima.14