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Ramsés II hace una ofrenda a la diosa Nebthat Ofrece "dos jarras de leche a su madre" En cambio la diosa le

V. LA SALIDA DE MIN

En la capital, la presencia del rey y de la corte daba a algunas de esas salidas divinas el brillo de una fiesta nacional. En tiempos de Ramsés III, el aniversario de la coronación coincidía con la fiesta de Min, señor de Coptos y del desierto y dios de la fecundidad, que se celebraba en el primer mes de la estación de chemu, cuando empezaba la siega.31 El rey será, pues, al mismo tiempo que el dios, el héroe de la fiesta. Resplandeciente como el sol naciente, Ramsés III sale de su palacio de Vida, Salud, Fuerza. En litera irá del palacio a la morada de su padre Min, para contemplar su belleza. Esta litera consiste en una amplia butaca colocada en el interior de un palio coronado por una cornisa y provisto de cuatro largos brazos. Se necesitan por lo menos doce hombres para llevarla. Los costados de la butaca están decorados con un león y una esfinge. Dos diosas aladas protegen el respaldo. Un taburete con almohadones va colocado delante de la

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BOREUX,Catalogue guide (Louvre, Antiquités égyptiennes, 534-535). Cf. LOUKIANOFF,Une statue parlante ou oracle du dieu Ré- Harmakhis, Ann. S. A. E., XXXVI, 187.

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ERNY,"Questions adressées aux oracles", en Bull. I. F. A. O., XXXV, 41; cf. J. E. A., XI, 249-255; XII, 176-185.

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ERODOTO,II, 59-60.

butaca. Son los hijos reales y los más altos funcionarios del Estado quienes se disputan el honor de llevar el vehículo real. Dan sombra al señor con parasoles de plumas de avestruz, y levantan a la altura de la cara los abanicos de mango. Un grupo imponente, compuesto de otros hijos reales y otros dignatarios, abre la marcha. Éstos se han repartido las insignias faraónicas, el cetro, el mangual, un bastón, una hacha. Se distingue, entre los miembros del clero, al hombre del rollo, que programa en mano arreglará todos los detalles de la fiesta. Un sacerdote no dejará, durante el trayecto, de volver el incensario hacia el rey, pues debe celebrar millones de jubileos y centenares de millones de años de eternidad en su trono. Delante de los portadores marcha el hijo mayor del rey, el presunto heredero. La segunda mitad del séquito comprende servidores y militares. Volvemos a encontrar a los hombres que habíamos notado entre los que rodeaban al rey cuando se ponía al frente del ejército, cuando cargaba en el combate, o cuando se lanzaba en persecución de los toros salvajes. Uno de ellos lleva el escabel que Su Majestad empleará para apearse. Los militares van armados con maza, escudo y lanza.

Una vez llegado el séquito a la morada de Min, el Faraón baja, y colocándose frente a la capilla que contiene la estatua, cumple el rito de la resina y de la libación. Luego presenta las ofrendas a su padre, que responde con el don de vida. Se abren las puertas. Puede admirarse la belleza del dios de pie delante de su santuario. El cuerpo y las piernas, que Isis no había separado una de otra, están apretados en una vaína, está tocado con un mortero del que surgen dos plumas rígidas y deja colgar una cinta hasta el suelo. La barba postiza está sujeta en el mentón; en el cuello, un pectoral. El santuario de Min comprende varios elementos: una cabaña cónica en forma de colmena, que se parece mucho a las habitaciones de los indígenas del país de Punt, unida a una columna delgada coronada por un par de cuernos, un mástil sostenido por ocho cuerdas por las cuales trepan negros, y por último un cuadro de lechugas. Min es un dios muy antiguo que ha hecho una larga migración antes de alcanzar Coptos, donde llegó con un equipaje algo heteróclito.

Recitan un himno bailado, mientras la estatua, retirada del naos, se coloca en una litera llevada por veintidós sacerdotes, de los que no se ve más que la cabeza y los pies, pues lo demás está oculto por cortinas decoradas con rosetones fijados en las parihuelas. Otros llevan las cajas que contienen los atributos canónigos del sol. Un pequeño grupo levanta con unas angarillas el cuadro de lechugas.

Ahora es el rey quien toma el mando de la procesión. Ha cambiado el casco azul que se había puesto a la salida del palacio por la corona del Bajo Egipto, lleva un bastón largo y una maza. Se nota la presencia de la reina. Una nueva criatura se ha unido al cortejo: un toro blanco que lleva entre los cuernos el disco solar coronado por dos plumas grandes. Este toro es una encarnación del dios, al que muy comúnmente se le llama el toro de su madre. Un sacerdote, con la cabeza rapada y el torso desnudo, inciensa al mismo tiempo al rey, al toro, y a la estatua del dios.

Detrás de ese grupo distinguimos, primero, portadores de ofrendas y portainsignias. Son las insignias de los dioses que acompañaron a Min en la época de sus migraciones y que ahora forman parte de todas las fiestas: chacales, halcones, un ibis, un buey acostado, nomos, y entre ellos el segundo nomo del Bajo Egipto, Khem, donde Min estaba en su casa, un látigo y una maza. Luego, formando conjunto con los antiguos compañeros de Min, los reyes antiguos, cuyas estatuas de madera dorada van a hombros de otros tantos sacerdotes. La primera es la del rey reinante, la segunda es la del fundador de la monarquía Meni, al que siguen el restaurador de la unidad. Nebkheruré y la mayoría de los reyes de las dinastías XVIII y XIX. No han admitido en esa compañía a la reina Hachepsiut, a quien su sobrino, Tutmosis III, tuvo sus buenas razones para detestarla. Akhenatón y sus sucesores, algunos soberanos poco gloriosos, han sido igualmente dejados a un lado.

La procesión se pone en marcha, pero se detendrá varias veces antes de llegar al altar que es su meta. En el curso de esas paradas oirá un segundo himno bailado, del que no comprendemos gran cosa, pues el texto en su mayor parte era ya ininteligible para los más sabios sacerdotes de la época ramesida. Y por eso era más sagrado. Recordemos sólo que los dioses bailaban para Min y que un negro, el negro de Punt, les sucedía. A Min, en efecto, lo llaman a veces el padre de los negros y lo representan negro de cara, porque sus primitivos súbditos estaban más o menos mezclados con negros.

La estatua y la comitiva llegan por fin a la plaza donde se ha levantado el descansadero. En él instalan a Min. Dos sacerdotes que llevan los emblemas de los genios del Este permanecen frente a él mientras el Faraón presenta una nueva gran ofrenda. Lo que ocurría en ese momento capital lo aclara un pasaje de un himno que se pronunciaba después: "¡Salud a ti, Min fecundando a su madre! ¡Cuán misterioso es lo que le

has hecho en la obscuridad!", y por un pasaje de otro himno que dice que Min, toro de su madre, la fecundó y le consagró su corazón, cuando su flanco estaba junto al flanco de ella sin cesar.32 En realidad, el dios fecundó, no a su verdadera madre, sino a Isis, que dará nacimiento a Horus, el cual será coronado rey del Alto y del Bajo Egipto.

En memoria de esa hazaña, ahora ponen al rey la doble corona. El buitre de Nekhabit ha sustituido, para protegerlo, al uraeus de Uadyit. Va a lanzar flechas en la dirección de los cuatro puntos cardinales, para abatir a sus enemigos, y luego pondrá en libertad a los cuatro pájaros llamados los hijos de Horus, Amset, Hapi, Duamutef y Qebehsenuf, que anunciarán a todas las tierras que el rey, renovando lo que Horus fue el primero en hacer, se ha puesto en la cabeza la corona blanca y la corona roja. Esos pájaros son de los llamados rabilargos, que cada año llegaban del norte en otoño y se marchaban en la primavera.

El advenimiento de un rey piadoso y amado de los dioses procuraba a Egipto toda clase de bendiciones. Ahora se trataba de glorificar la fertilidad del país. Se han colocado las estatuas en el suelo. Los asistentes forman corro alrededor del rey y de la reina. Un funcionario entrega al rey una hoz de cobre damasquinado de oro, y una mata del cereal boti con su tierra. Es como un resumen de los campos que se extendían hasta donde alcanzaba la vista desde el mar hasta la catarata. El rey corta las espigas, muy alto, como hacían los segadores de la Tebaida, mientras un oficiante recita un nuevo himno a Min-que-está-en-el-campo-cultivado. El antiguo señor del desierto se instaló, en efecto, antes de conquistar a Coptos, en el valle otrora fértil que de esa ciudad lleva al valle de Rohanu. Él ha creado los pastos que dan vida a los rebaños. Presentan el haz de boti al dios y al rey, que conservará una espiga. Recitan un postrer himno en que la madre de Min exalta la fuerza de su hijo, vencedor de sus enemigos.

La ceremonia termina con este doble recitado. Reintegran la estatua a su naos. El rey se despide del dios presentando el incensario, echando una última libación, y presentándole nuevas ofrendas. Min agradece brevemente. Luego el rey vuelve a colocarse el casco azul que tenía al principio y regresa a palacio.

El dios y el rey, los miembros de la familia real, sacerdotes y altos funcionarios son, según lo que sabemos, los únicos actores y comparsas de la gran salida de Min. El pueblo ha sido olvidado por los artistas, que han representado en los muros de Karnak y de Medinet-Habu los principales episodios. Por lo demás, en esa época del año los agricultores tenían mucho que hacer en los campos, pero podemos admitir que en la ciudad había bastante gente desocupada para formar una valla al paso de Min y de su toro blanco.