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RELACIONES DE LOS VIVOS CON LOS MUERTOS

LOS FUNERALES I LA VEJEZ

XI.- RELACIONES DE LOS VIVOS CON LOS MUERTOS

Los que definían el Amentit como un lugar de reposo y de paz se formaban de éste una idea demasiado simple y demasiado hermosa. El muerto era un ser desconfiado y vengativo. Temía a los ladrones atraídos por el oro y la plata depositados en la sepultura. Temía la maldad y hasta la indiferencia de los innumerables

45 MASPERO,Histoire, II, 523. Las escenas de banquete son frecuentes en las tumbas tebanas, pero hay que distinguir las que

representan el banquete que sigue al entierro y las que reproducen una fiesta de familia. Sobre ese particular GARDINER en Th. T. S., I, págs. 36-41.

46 V

ARILLE,"Trois nouveaux chants de harpistes", en Bull. 1. F. A. O., XXXV, 155-157.

47 M

ASPERO,Études égyptiennes, I, 172-177.

paseantes que se aventuraban en la inmensa ciudad del oeste. Desconfiaba de los funcionarios encargados del cuidado de la necrópolis. A los que no tomaran en serio esas funciones, los amenaza con terribles penas: "Los entregará al fuego del rey en su día de cólera ... Zozobrarán en el mar, que se tragará sus cadáveres. No recibirán las honras debidas a la gente virtuosa. No podrán avalar las ofrendas de los muertos. No se les dará en libación agua del curso del río. Sus hijos no ocuparán su lugar. Sus mujeres serán violadas bajo su mirada... Ño oirán las palabras del rey el día que está alegre... Pero si, por el contrario, velan por la fundación funeraria... hágaseles todo el bien posible. Amonrasonter os gratificará con una sólida duración de vida. El rey que reinará en vuestra época os recompensará como él sabe recompensar. Para vosotros se multiplicarán funciones tras funciones, que recibiréis de hijo en hijo y de heredero en heredero... Serán enterrados en la necrópolis luego de haber alcanzado la edad de ciento diez años, y para ellos se multiplicarán las ofrendas." 49

Por otra parte había muertos dañinos, unos quizá porque sus descendientes los dejaban desamparados, otros sin razón alguna, porque les gustaba hacer daño. Los dioses hubieran debido impedirles que hicieran daño, pero burlaban su vigilancia, salían de su tumba y agobiaban a los vivos.50 A esos muertos y a esas muertas se atribuían la mayor parte de las enfermedades. La madre les temía por sus hijos: "Si has venido para abrazar a este niño, no te permito que lo abraces. Si has venido para apaciguar a este niño, no te permito que lo apacigües. Si has venido para llevártelo, no te permito que te lo lleves."51

Tumbas en la necrópolis, de una estela en Gizeh.

Ya por temor, ya por piedad, los egipcios visitaban a menudo las moradas de eternidad. Familiares, hijos, viudos escalaban la colina, llevando consigo algunas provisiones y un poco de agua que depositaban encima de una mesa de ofrenda delante de la estela o entre las palmeras que daban sombra al patio de entrada, y, respondiendo al deseo de los difuntos, pronunciaban: "Miles de panes y de cántaros de cerveza, de bueyes y de aves, de manteca y de terebinto, de ropa y de cuerdas, de todas las cosas buenas y puras que trae el Nilo, que crea la tierra y de que vive Dios al Ka de fulano, justificado."

A veces una grave preocupación agitaba al que rogaba en la tumba de un ser querido. Hemos citado anteriormente la confesión de un marido irreprochable y de un viudo fiel. Si conocemos sus grandes méritos es porque ese pobre hombre estaba agobiado de pruebas. Nada le salía bien desde que había perdido a su mujer. Se puso, pues, a escribirle la extensa carta que ha llegado hasta nosotros. Poniendo las cosas en su lugar, recordando todo lo que había hecho por la difunta antes y después de su muerte, expresaba su dolor de verse así maltratado: "¿Qué daño he hecho para caer en el estado en que me hallo? ¿Qué he hecho contra ti para que me pongas la mano encima, cuando no te he hecho daño alguno? Apelo ante los dioses de Occidente por las palabras de mi boca y juzgarán entre tú y este escrito." 52 El autor de esta carta, que vivió en tiempos de los primeros Ramsés, obedecía a una antigua costumbre que atestiguan, para nosotros sobre todo, ejemplos más antiguos, pero es la prueba de que seguían creyendo en su eficacia. En el Imperio Medio preferían escribir al muerto sobre el recipiente que contenía los manjares que se le destinaban, para estar bien seguros que la carta no pasaría inadvertida. Por ejemplo, informan a un antepasado que una conjuración se ha formado para frustrar a su nieto de la herencia. El muerto tiene interés en oponerse a esas maniobras. Que llame, pues, a los miembros de su familia y a sus amigos en ayuda de aquel a quien quieren despojar. Pues el hijo, al fundar su casa, funda la casa de sus padres y hace vivir su nombre. Si lo arruinan, hace la desdicha tanto de

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ROBICHON et VARILLE,Amenhotep fils de Hapou, 4-7.

50 Ya en la época de las pirámides el rey desconfía de la cólera de los muertos (pyr. 63). Esa creencia persiste en el Nuevo Imperio:

Pap. hiér. de Turin, 124, 13; Libro de los Muertos, cap. 92.

51 E

RMAN,Zaubersprüche für Mutter und Kind, I, 9, 2, 6. Otra fórmula del mismo género: Ibíd., II, 7, 12; 3.

sus ascendientes como de sus descendientes.

De un libro de recetas médicas al comienzo del Nuevo Imperio.

Pero por grande que fuese la piedad de los egipcios por sus difuntos, no bastaba para cuidar la muchedumbre de los que descansaban en las necrópolis. Lo que un particular podía hacer para sus padres o abuelos, ninguna amenaza, ninguna maldición podía decidirlo a que lo hiciera por sus antepasados más lejanos. Un día ocurría lo que preveía el arpista, lo que un sabio de tiempos remotos había anunciado: "Los que han edificado aquí con granito, que han fabricado una sala en una pirámide... sus mesas de ofrendas están tan vacías como las de los miserables que mueren en la ribera sin ningún sobreviviente." 53 Entonces la necrópolis tendía a convertirse en lugar de cita de los curiosos que pasaban ante las tumbas y leían sus inscripciones con indiferencia. Algunos de ellos experimentaron la necesidad, como lo harían modernos turistas, de dejar una huella de su paso, aun cuando lo hacían con piadosa intención. Los escribas fulano y mengano han venido a visitar esta tumba de Antefoker. Han rogado mucho, mucho. Otros se muestran contentos de comprobar que la tumba está en buen estado: "La han encontrado como el cielo en su interior." Un escriba de hábiles dedos, un escriba como no hay otro igual en toda la ciudad de Menfis —dice modestamente cierto Amenemhat— ha visitado el monumento funerario del viejo rey Dyusir. Se extraña de ver unos escritos mediocres y defectuosos, cuyo autor es más bien una mujer sin talento que un escriba inspirado por Thot. Apresurémonos a decir que no ataca las inscripciones originales admirablemente ejecutadas por artistas, que también eran sabios, sino a los grafitos trazados en su tiempo, sin arte, por algún visitante ignorante o apresurado. En tiempos de Ramsés II, el escriba del tesoro, Hadnakhti, fue a hacer una excursión y a divertirse al oeste de Menfis con su hermano Panekhti, el escriba del visir: "¡Oh, todos los dioses del oeste de Menfis y todos los dioses que reinan sobre la tierra sagrada, Osiris, Isis y los grandes espíritus que estáis al oeste de Onhktaui, dadme un buen tiempo de vida para servir a vuestros ka. Ojalá pueda recibir una rica sepultura después de una hermosa vejez, de modo que contemple el oeste de Menfis como un escriba muy honrado y como vosotros mismos." "El héroe de una novela compuesta en la baja época, pero a quien se supone que vivió en tiempos de Ramsés, Nenoferkaptah, parecía no hallarse en la tierra sino para pasearse en la necrópolis de Menfis, recitando los escritos que hay en las tumbas de los faraones y las estelas de los escribas de la casa de vida, así como los escritos que en ella están trazados, pues se interesaba excesivamente por los escritos."54 Ese Nenoferkaptah tenía un rival tan sabio, tan curioso de antigüedades como él, Setna-Jamúas, hijo de Usirmaré, es decir, de Ramsés II, que había descubierto en Menfis, bajo la cabeza de una momia, las fórmulas mágicas contenidas en el papiro 3248 del Louvre.55 Ahora bien: una inscripción recientemente descubierta en la cara meridional de la pirámide de Unua, en Saqqarah, nos entera que Ramsés II había confiado al hijo real Khamuasit, sumo sacerdote de On, el cuidado de restablecer el nombre del rey del sur y del norte de Unas que no se hallaba más en su pirámide, pues ese hijo real, Khamuasit, era muy aficionado a restaurar los monumentos de los reyes del sur y del norte cuya solidez estaba amenazada.56

Ese sabio, ese precursor de Mariotte y de los sabios del Servicio de Antigüedades de Egipto, ¿llegaría a suponer que luego de siglos de olvido los descendientes de los bárbaros "que no conocían a Egipto" explorarían a su vez las necrópolis del sur y del norte para hacer revivir el nombre de sus antepasados y de sus contemporáneos, y para conocerlos mejor?

53

ERMAN,Gespräch eines Lebensmüden mit seiner Seele, 60 y siguientes.

54 A

LAN-H.GARDINER,The house of Life, J. E. A., XXIV, 175.

55 M

ASPERO,Contes populaires, 3ª ed., 102, nota 2.

56 D

RIOTON et LAUER,Une inscription de Khamouas sur la face sud de la pyramide d'Ounas é Saqqarah, Ann. S. A. E., XXXVII, 201 y siguientes.

Esperamos que quienes han tenido la paciencia de leernos hasta el cabo se formarán de su género de vida una idea, en suma, favorable. El pueblo egipcio no ha sido, como lo creía Renán, un rebaño de esclavos conducido por un Faraón impasible y por sacerdotes ávidos y fanáticos. Sin duda el número de los desheredados, en tiempos de los Ramsés, era considerable. Se abusaba del garrote. Sin embargo, Faraón y sus funcionarios aparecen a menudo como señores humanos. La religión consolaba. En la vida del pueblo bajo estimo que los buenos ratos eran más que los malos.