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El RIEGO DE LOS JARDINES

LA VIDA EN EL CAMPO I LOS CAMPESINOS

II.- El RIEGO DE LOS JARDINES

Cuando describimos la habitación, anotamos el gusto de los egipcios por los jardines. Tanto en la ciudad como en el campo, cada propietario quería tener el suyo y hacerle producir legumbres y frutas. El trabajo del riego era el más absorbente. Es el único, entre los trabajos de jardinería sobre el que estemos algo informados. La huerta estaba dividida en cuadraditos por regueras que se cortaban en ángulo recto. Durante mucho tiempo, y aun en el Imperio Medio, los hortelanos iban a llenar en el estanque las jarras de barro redondas que les servían de regaderas, las llevaban entre dos suspendidas de una palanca y las vaciaban en la reguera que beneficiaba con el riego todo el jardín. Era un trabajo largo y penoso.3 La invención del cigoñal debió parecer un progreso bienhechor.4

Se clava en tierra a orilla del agua un pilar vertical de casi dos veces la altura de un hombre. Un árbol podado puede servir lo mismo si está en buen lugar. Se le coloca una larga pértiga de tal modo que pueda oscilar en todos los sentidos. En el extremo grueso de la pértiga se le encaja una piedra grande. En la otra punta se cuelga, de una cuerda de cinco o seis codos, un recipiente de tela o de alfarería. El hombre tira de la cuerda para llenar el recipiente y luego para levantarla a la altura de una reguera. Lo vacía y empieza de nuevo. En el jardín de Apuy trabajan a un tiempo cuatro cigoñales. El perro del hortelano sigue con la mirada el trayecto de los cubos de agua. El rendimiento de esas máquinas primitivas era satisfactorio. Lo que lo prueba es que todavía se emplean. Sin embargo, parece que los egipcios del Nuevo Imperio reservaron su empleo para el riego de los jardines. No se los ha observado nunca en los cuadros que representan los trabajos del campo. En cuanto a la noria, cuyo chirrido parece ahora inseparable de la campaña egipcia, jamás figura en los documentos faraónicos. Se ignora en qué momento la introdujeron en el valle del Nilo. Se han descubierto pozos hermosos de ancho diámetro en la necrópolis de los sacerdotes de Tot en Hermópolis, no lejos de la tumba de I Petosiris, en Antinoe y en el templo de Tanis. El primero fue ciertamente hecho para recibir un "saqqieh", pero ese pozo no puede ser más antiguo que la tumba de Petosiris, que data, según se cree, del reinado de Ptolomeo Sotero.

III.-LA VENDIMIA

Todo jardín tenía cuando menos unas cepas colocadas contra la pared o bordeando a los lados la avenida central. Los sarmientos, prendidos de postes y viguetas, formaban una bóveda de la que, en lo más fuerte del verano, colgaban los hermosos racimos de uvas azules que los ciudadanos saboreaban. En la Delta, el cultivo de la vid estaba más desarrollado, menos en vista de la uva de mesa que para el vino. De todo tiempo se conocían los vinos del pantano (meh) de Imit al norte de Faqus, de la Pescadería (ham), de Sin en la región de Pelusa, el vino de Abech que se guardaba en jarras de tipo especial protegidas por un almohadón de cestería, mencionados en la pancarta. Aun antes que se creara la pancarta, el producto del viñedo de Seba-Hor-Khenti- pet era transportado en jarras selladas hasta la residencia de los faraones tinitas. Grandes bebedores de vino, porque eran oriundos de Avaris, entre Imit y Sin, los Ramsés desarrollaron mucho a la vez el cultivo de la vid y el comercio de los vinos. Del reinado de Ramsés II data la mayoría de los trozos de jarra de vino que se han recogido en el Rameseum, en Qantir, en tumbas tebanas, y permitirían establecer un mapa provisional del viñedo egipcio si la geografía faraónica no estuviese todavía en la infancia.5 En cuanto a Ramsés III, se

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MONTET,Vie privée, 258-260.

4 Representaciones en D

AVIES,Neferhotep, pl. 46-47; Mem. Tytus, V, pl. 28-29; estudio en DAVIES,Neferhotep, pág. 70.

5 Se encontrará la mayor parte de esos nombres en S

PIEGELBERG,Bemerkungen zu den hieratischen Amphorinschriften des Ramesseums; AZ,, LVIII, 25; cf. MONTET,Brame d'Avaris, 153-4 y Mem. Tytus, V, 19. En los Caminos de Horus, al este de la Delta, cultivaban también la vid.

expresa así: "Te he hecho vergeles de vino en los oasis del sur y del norte, sin contar otros en la parte meridional en gran número. Se han multiplicado en la Delta a centenares de miles. Les he proporcionado jardineros tomados entre los cautivos de los países extranjeros, así como los estanques que he cavado y que están provistos de nenúfares; el licor y el vino son como el agua que se saca, para darlos en tu faz en Tebas la victoriosa." 6

Del cultivo de la viña, de la vida del viñador, sólo conocemos un episodio; la vendimia.7 Los vendimiadores se esparcen bajo las parras. Cortan con los dedos, sin cuchillo, los hermosos racimos de uvas azules. Llenan unas espuertas sin aplastarlas, pues la espuerta no es impermeable, y se marchan cantando, la espuerta en la cabeza, para echar las uvas en la cuba. Y vuelven a la viña. En ninguna parte, por lo menos que yo sepa, se utilizan animales para el transporte de la uva. En los países dónde la viña se cultivaba en grande, era ventajoso emplear las barcas para transportar las espuertas del viñedo a la bodega, siempre para evitar el aplastamiento prematuro de las uvas y la pérdida del precioso zumo.

Lagar en el Nuevo Imperio. Arriba, a la derecha, templete consagrado a la diosa de la cosecha, ante el cual se advierte una ofrenda de uvas y vino en el día de la cosecha. Abajo, llenan grandes ánforas de vino. (Pintura de una tumba tebana.)

Las cubas eran redondas y bajas. No sabemos de qué material estaban hechas. Debe excluirse la madera. Los egipcios, que no sabían fabricar toneles, no eran capaces de construir cubas de madera, aun cuando, en suma, la construcción de una barca fuese tan difícil. Creo que eran de piedra. El yeso, la alfarería, la loza, hubieran producido disgustos, pero una piedra dura y susceptible de un hermoso pulido, como el granito o el esquisto, permitía obtener cubas perfectamente estancas y de fácil cuidado. A veces están levantadas sobre un basamento de dos o tres codos de altura y decoradas con bajo relieves. De dos puntos diametralmente opuestos parten dos columnitas o dos pértigas en horquilla, si el propietario no tiene pretensiones de elegancia, que soportan una vigueta de la que cuelgan cinco o seis cuerdas. Cuando han traído suficiente cantidad de uvas, los vendimiadores suben a la cuba y sujetándose a las cuerdas, probablemente porque el fondo no era llano, pisaban la vendimia con entusiasmo. En casa de Mera, visir del rey Pepi I, dos músicos sentados sobre una estera cantan, acompañándose con sus crótalos de madera, para estimular a los viñadores y hacerlos bailar a la par.8 No hay razón alguna para que tan buena costumbre fuera abandonada. No obstante, en el Nuevo Imperio, han desaparecido esos auxiliares. Al fin y al cabo, los que pisaban la uva podían cantar al mismo tiempo que bailaban en la cuba. El zumo cae por una, dos o tres aberturas en un estanque.

Cuando la pisa había dado todo lo que podía, las uvas pisadas se ponían en un saco fuerte, que tenía una pértiga en cada extremo. Cuatro hombres sostenían el aparato sobre un barreño, y dando vueltas en sentido inverso a las pértigas retorcían el saco. Ese procedimiento tenía bastantes inconvenientes. Los operadores

6 Pap. Harris, I, 7, 10, 12.

7 Representaciones en Paheri, pl. 4; Wr. Atl., I, 338, 355, 282, 265; Th. T. S., III, 30; D

AVIES,Neferhotep, pl. 48; Mem. Tyt, I, 22; V, 30, 68, 345, 12, 230; LEFEBVRE,Petosiris, pl. 12.

soportaban el peso del saco al mismo tiempo que obraban sobre las pértigas. Al menor movimiento en falso el vino caía al suelo. Por eso un ayudante se mantenía entre los cuatro operadores para impedir las desviaciones o para mover al mismo tiempo el barreño de vino. En el Nuevo Imperio los viñadores utilizan una prensa compuesta de dos pies sólidamente plantados en la tierra y con dos agujeros iguales a la misma altura, en los que se introducían los extremos del saco de vendimia. Se hacen pasar las pértigas en una anilla hecha para eso y no hay más que apretar. Toda la fuerza de los operadores se emplea eficazmente y no se perderá una gota de vino.9

Recogido en cubos de ancha boca, se trasegaba el vino a ánforas de fondo plano, donde sufría la fermentación. Terminada ésta lo trasegaban a ánforas hechas para el viaje, largas, puntiagudas, con dos asas y un cuello estrecho, que se tapaba con yeso. Las llevan a cuestas. Cuando son muy grandes y pesadas las suspenden de una pértiga y las llevan entre dos. El inevitable escriba asistía a todos esos trabajos. Había contado los canastos a medida que los traían los vendimiadores, y ahora inscribía en el ánfora las indicaciones, año, cosecha, nombre del viñador, que luego trasladaba a sus registros. El propietario tiene a veces interés en vigilar él mismo la vendimia y la pisa. Su presencia se nota en seguida, y los trabajadores improvisan canciones en su alabanza. Así, en casa de Petosiris: "Ven, señor nuestro, verás tus viñas en las cuales se complace tu corazón, mientras los viñadores, delante de ti, están pisando. Abundante la uva en las cepas. Hay en ella mucho zumo, más que cualquier otro año. Bebe, emborráchate haciendo lo que te gusta. Las cosas sucederán para ti según tu corazón. La dama de Imit ha engrandecido tus viñas porque desea tu felicidad."

"Los viñadores cortan la uva; los niños llevan su parte. Es la octava hora del día, «la que cierra sus brazos». Llega la noche. Es abundante el rocío del cielo sobre las uvas. Que se apresuren a pisarlas y a llevarlas a casa de nuestro Señor."

Monos ayudando a la cosecha de higos.

"Todas las cosas llegan por Dios. Nuestro señor beberá con suavidad agradeciendo a Dios por tu ka." "Que se haga una libación a Cha (el genio de la vid), para que dé numerosas uvas otro año." 10

Los egipcios no eran ingratos, pero eran previsores y aprovechaban las buenas disposiciones en que su piedad colocaba a la divinidad para pedirle nuevos favores. A veces se observa al lado de la cuba una serpiente con la garganta hinchada lista para el ataque. Puede estar tocada con el disco entre los cuernos, como Isis o Hator, alojada en un elegante naos, a menos que prefiera la vecindad de un matorral de papiros. Manos piadosas han colocado cerca de ella un veladorcito cargado de panes, un manojo de lechugas, un ramillete de lotos, flanqueado por dos cálices. Esa serpiente no es sino la diosa Renutet, diosa de las cosechas, de quien dependían además los graneros, la vestimenta, las uvas y los lagares. Su fiesta principal se celebraba

9 Buena representación en la tumba de Puyemré, Mem. Tyt., II, 12. 10 Petosiris, textos 43 y 44.

al principio de la estación de chemu, que era también el principio de la cosecha. Los viñadores la festejaban a su vez cuando había terminado la pisa de la uva.

IV. - LABORES Y SIEMBRA

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El cultivo de cereales es, en tiempo de los Ramsés, el cultivo esencial. Los campos de cebada y de trigo se sucedían desde los pantanos de la Delta hasta la catarata. Los campesinos egipcios eran principalmente labradores. Mientras Egipto permanecía bajo el agua, durante los cuatro meses de la estación ajit poco tenían que hacer, pero en cuanto el Nilo volvía a su lecho había que aprovechar los días en que la tierra, aún blanda por la inundación, se dejaba trabajar fácilmente. En algunas pinturas que representaban las labores, charcos de agua visibles en el segundo plano atestiguan que ni siquiera esperaban que el Nilo hubiese vuelto completamente a su lecho. Sólo con esa condición quedan dispensados de las labores preparatorias que se dan a la tierra en los países de Europa. Es el momento elegido por el autor del cuento de los dos hermanos para comenzar su relato. El mayor dice al menor: "Vamos a preparar los animales para labrar. La tierra ya ha salido del agua, está buena para labrarla. Tú, pues, irás al campo con la semilla, para que empecemos las labores mañana por la mañana." Así dijo. El hermanito se tomó el trabajo de hacer todos los preparativos de que le había hablado el hermano mayor. Cuando la tierra se iluminó a la mañana siguiente, caminaban por el campo con la semilla y empezaban a arar.12 Sembradores y labradores trabajan, según se ve, de concierto, o mejor dicho, contrariamente a lo que ocurre en nuestros países, siembran primero y aran después para cubrir la semilla con tierra y no para trazar surcos.13 El sembrador ha llenado de granos un canasto de dos asas, de un codo de altura y casi tan largo. Para venir del pueblo lo lleva a cuestas y cuando llega se lo cuelga del cuello con una cuerda bastante larga, para que su mano pueda fácilmente sacar los granos que desparrama por el suelo.

Pintura de una tumba tebana.

El arado sigue siendo, en tiempos de Ramsés, el instrumento rudimentario que habían puesto en su punto los primeros labradores. Aun en la baja época no quieren otro. Es apenas bueno para arañar la tierra muy suelta sin mala hierba ni piedras. Dos estevas verticales, unidas por un travesaño llegan al cepo al que está adaptada la reja de metal o quizá de madera. El timón se introduce entre las dos estevas y choca con el cepo al

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Representaciones del cultivo de cereales: Mem. Tyt., I, 18 (Nakht); Mem. Tyt., V, 30 (Apuy); Th. T. S., III, 9; Wr. Atl., 424 (Br. Mus. 37982); Wr. Atl, 231, 234 (Menna); Wr. Atl., 1, 9, 51, 193-5 (Khaemhat); Wr. Atl., I, 83, 385, 422, 261, 58, 279, 366, 20, 11, 14, 142; 61, 112, 19; Paheri, 3.

12 Orbiney, II, 2.

cual va sujeto por cuerdas. Un travesaño de madera fijado en la extremidad del timón descansa en la nuca de los dos animales que tiran. Se lo ata en los cuernos.

Para labrar la tierra se emplean siempre vacas, nunca bueyes. Su poca altura prueba que no se les exigía muy gran esfuerzo. Es sabido que las vacas que trabajan dan poca leche. De modo que había bastantes vacas para satisfacer las exigencias de los consumidores de leche y de los labradores. En cuanto a los bueyes, los reservaban para los entierros. Ellos son los que tiran del sarcófago. También son ellos los que arrastran los grandes bloques de piedra. De modo, pues, que si araban con vacas es porque bastaban para ese trabajo. Como el daño que resultaba para la producción de leche sólo era momentáneo, no renunciaban a emplearlas.

Los conductores son, generalmente, dos. El trabajo más cansador es el del hombre que va en las manceras. Al partir, derecho el cuerpo, una sola mano en una esteva, hace restallar el látigo. En cuanto los animales echan a andar, doblando el cuerpo en dos, ambas manos en las manceras, apoya sobre el arado con todas sus fuerzas. Su compañero no tiene más que guiar la yunta, pero en lugar de precederla caminando a reculones, está a un costado y camina en el mismo sentido. Ese compañero es a veces un niño desnudo, con un rizo que le tapa la mejilla derecha, y lleva un canastito. No lo han creído capaz de manejar un látigo o un palo. Para hacerse obedecer no tiene más que sus gritos. A veces la mujer del labrador es la que esparce la semilla.

Esas largas jornadas de trabajo no siempre transcurren sin incidente. Los dos hermanos del cuento han agotado su provisión de simiente. Bitau debe volver a la casa a toda prisa. Más allá, acaba de producirse uno de esos enojosos accidentes previstos por el escriba a quien no le gusta el cultivo. Una vaca que ha tropezado con un obstáculo se ha caído. Por poco rompe el timón y arrastra a su vecina. El conductor acude. Desata al pobre animal. Lo levanta. Al cabo de un rato la yunta echará a caminar con ahínco.14

Aun cuando la campaña egipcia era algo monótona, no estaba más desguarnecida de árboles que hoy. El frondoso sicómoro, los pérsicos, los tamariscos, los azufaifos, las balanites alegraban con manchas verdes la negrura de las tierras aradas. Esos árboles proporcionaban la madera para el material agrícola. Su sombra era la amiga del labrador que, en cuanto llegaba, colgaba de las ramas de un sicómoro el odre al que acariciaría de cuando en cuando, ponía al amparo del tronco su espuerta de provisiones y un gran "zir" de agua fresca. Pero hay que dejar descansar a los animales. Los labradores cambian sus reflexiones: "¡Qué hermoso día! Hace fresco. Los animales tiran. El cielo hace lo que queremos. Trabajemos para el príncipe." El príncipe, Paheri, llega justamente para darse cuenta del trabajo. Baja del carro mientras el escudero sujeta las riendas y calma los caballos. Un labrador lo ve y previene a sus compañeros: "Apresúrate, delantero, arrea las vacas. Harás que el príncipe se detenga para mirar." Ese mismo Paheri no tenía bastantes vacas para todos los arados y temían que esperando un día más la tierra se pusiera demasiado seca. Cuatro hombres reemplazan a los animales y agarran el timón. Se consuelan de su pesado trabajo cantando: "Hacemos; aquí estamos. No temas nada en el terreno. ¡Es tan hermoso!" El conductor, un semita que bien pudiera ser, como sus demás compañeros, un ex-prisionero de guerra, contento de su suerte, responde con una broma: "Buenas son tus palabras, amiguito. Hermoso es el año cuando está exento de calamidades. La hierba es tupida bajo los terneros. ¡Más bueno que toda cosa!" 15

Llegada la noche, se desuncen los animales y los reconfortan con buenas palabras y comida: "Hu (la elocuencia) está en los bueyes, Sia (la sabiduría) en las vacas. Denles de comer, deprisa." 16 Reunido el hato, emprende la dirección del pueblo. Los labradores cargan con los arados. Si los dejaran en el campo, no estarían seguros de volver a encontrarlos. Como dice el escriba: "No lo encontrará (el arado) en su lugar. Se pasará tres días buscándolo. Lo hallará en el polvo, pero no encontrará el cuero que tenía. Los lobos lo han despedazado." 17

El arado no era el único medio empleado para cubrir la semilla. Según los terrenos puede emplearse el azadón y el mazo. El azadón no es menos rudimentario que el arado. Se compone de un mango, de una paleta de madera y de un travesaño. Es una A mayúscula, una de cuyas ramas es más larga que la otra. El azadón se gastaba todavía más pronto que el arado, y el agricultor debía pasarse la noche reparándolo. Esa perspectiva no compromete el buen humor: "Voy a hacer más que el trabajo del patrón, dice un obrero. ¡Silencio!" El otro

14 Wr. Atl., I, 112 (Panehsy). 15 Paheri, 3.

16 Petosiris, 13.