LOS FUNERALES I LA VEJEZ
II.- LA PONDERACIÓN DE LAS ACCIONES
Sería equivocarse mucho si se creyera que los egipcios contemplaban gustosos el abandono de la tierra de los vivos. Sabían que la muerte no hace caso de ningún lamento, no se deja doblegar por ninguna plegaria. De nada sirve protestar cuando uno es todavía joven, pues "se apodera tanto del niño aún sentado en el seno de la madre como del hombre que ha llegado a viejo".6 Por lo demás, "¿qué son los años, por numerosos que sean, que se pasan en la tierra? El Occidente es una tierra de sueño y de pesadas tinieblas, el lugar donde moran los que ahí están. Durmiendo en sus vendajes, sólo se despiertan para ver a sus hermanos. Ya no ven ni al padre ni a la madre. El corazón olvida las mujeres y los hijos. El agua viva, que la tierra tiene para todo el que la habita, es agua estancada para mí. Llega al lado del que está en la tierra, mas está estancada para mí el agua que está a mi vera."7
Lo mejor que a un devoto se le ocurre decir del otro mundo, es que se está libre de rivales y de enemigos, y que por fin se conoce el reposo. Hasta había escépticos que observaban que "nadie vuelve para decir cómo lo pasan los difuntos, qué necesitan para calmar nuestro corazón hasta el momento en que lleguemos al sitio donde ellos han ido". Ese sabio decía también que todas las tumbas caen en ruina y que aun las de los antiguos sabios están como si jamás hubiesen existido.8 Sin embargo, no llega a la conclusión de que era inútil preparar su tumba con tanto cuidado y pensar en la muerte con tanta anticipación. Si lo hubiese dicho no hubiera convencido a sus contemporáneos que, tanto en los tiempos de Ramsés, como en la época de las pirámides, preparaba minuciosamente su tránsito de este mundo al otro.
Una temible prueba esperaba a todos los difuntos al entrar en el otro mundo. Era la ponderación de las acciones. El viejo rey que ha redactado las instrucciones para Merikaré pone en guardia a su hijo contra los jueces que oprimen al mísero. Ese tema lo lleva a hablar de otros jueces: "No hay que creer que todo se olvidará el día del juicio. No cuentes con la duración de los años. Ellos consideran la vida como una hora. Después de la muerte el hombre subsiste y sus acciones están amontonadas a su lado. El que llegue sin pecado ante los jueces de los muertos, estará ahí como un dios. Caminará libremente como los señores de la eternidad."9 Setna, hijo del rey Usirmaré, tuvo la extraordinaria suerte de entrar vivo en el Amentit. En él vio a "Osiris, el gran dios, sentado en su trono de oro fino y coronado con la diadema de dos plumas, Anubis el gran dios a su izquierda, el gran dios Thot a su derecha, los dioses del consejo de las gentes del Amentit a su izquierda, y a su derecha la balanza levantada en medio frente a ellos, en la que pesaban las malas acciones y los méritos, mientras Thot, el gran dios, desempeñaba el papel de escribano y Anubis les dirigía la palabra." Los inculpados estaban divididos en tres grupos. Aquellos cuyas malas acciones eran más numerosas que los méritos eran entregados a la perra Amait. Aquellos cuyos méritos superaban a las malas acciones eran llevados entre los dioses del consejo. Aquel cuyos méritos equivalían a sus faltas, tendría que servir, cubierto de amuletos, a Sokar-osiri.10
Bien se figuraban los egipcios que muy corto número de ellos se presentaría sin pecado ante el juez supremo. Había que obtener, pues, de los dioses que las malas acciones fuesen anuladas y el pecador quedase purificado. Esa esperanza estaba muy difundida. A menudo se la expresa en la literatura funeraria:
6
Pap. moral de Boulaq, III, 16.
7 Estela 1027 del Br. Mus. (M
ASPERO,Études égyptiennes, págs. 187-188).
8 E
RMAN,La religión des Égyptiens, 277.
9 Papyrus hiératique 1116 A, du musée de l'Ermtage, I, 52-57. 10 MASPERO,Contes populaires, 3ª ed., 133-138.
"Mis pecados están borrados. Mis faltas están barridas, mis inquietudes están destruidas.11 Depones tus pecados a Nennisut.12
Horus pesa el corazón del muerto en el infierno: en el otro platillo hay un jeroglifo, signo de la verdad. La diosa Maat vigila para que la pesada sea justa; Thot, dios de la sabiduría, aguarda para anotar el resultado.
"La gran encantadora te purifica. Dices tu pecado, que será destruido para ti para hacer cosas en razón de todo lo que has dicho.13 Honra a ti, Osiris en Dedu... Oyes su discurso. Borras su pecado. Haces su voz justa contra los enemigos y es fuerte en su tribunal en la tierra.14
"Eres estable y tus enemigos caen. Lo que de ti se dice en mal no existe. Entras ante la Enéade de los dioses y sales justo de voz."15
El capítulo CXXV del Libro de los Muertos ha sido compuesto enteramente para separar a los pecadores de sus iniquidades. Los egipcios lo copiaban en un papiro que se colocaba en el ataúd, entre las piernas de la momia. Creeríase estar leyendo un acta anticipada del juicio, pero de un juicio donde todo sucederá a las mil maravillas. La sala del tribunal se llama, no sé por qué, la sala de las dos verdades. En ella domina Osiris, en una capilla. Sus dos hermanas, Isis y Neftis, están de pie detrás de él. Catorce asesores forman una hilera en el fondo. En medio se halla una balanza grande cuyo soporte está adornado, ora con la cabeza de la verdad, ora con la cabeza de Anubis o la de Thot. Un monstruo se halla de guardia cerca de la balanza. Thot, Anubis, a veces Horus y las dos verdades están muy atareadas en medio de la sala. El difunto, vestido con una bata de lino, es introducido por Anubis. Saluda a su juez y a todos los dioses presentes: "Honra a ti, dios grande, señor de las dos verdades. He venido ante ti. Como me han traído, he visto tu perfección. Te conozco, conozco tu nombre y conozco los nombres de los cuarenta y dos dioses que están contigo en esta sala de las dos verdades, que viven como guardianes de los malos, que beben su sangre en este día de evaluación de los caracteres ante el Ser bueno." Luego pronunciaba una larga declaración de inocencia compuesta de frases negativas: "No he cometido pecado contra los hombres... No he maltratado a mi gente... No he mandado trabajar más allá de lo que podía hacerse... No he calumniado a Dios. No he brutalizado al pobre... No he hambreado... No he reducido el celemín... No he disminuido el palmo. No he engañado en las mediciones de los campos. No he quitado nada del contrapeso de la balanza. No he hecho trampa con el peso de la balanza... No he quitado la leche de la boca de los niños... No he parado el agua en su estación... No he detenido a Dios en su salida." Cuando se había defendido treinta y seis veces de haber hecho lo que estaba mal para los devotos, concluía que estaba puro, porque él es la nariz del señor de los soplos que hace vivir a todos los egipcios. Luego, como si temiera que no lo creyeran, empezaba de nuevo su declaración de inocencia dirigiéndose sucesivamente a
11
AZ, XLVII, 165.
12 D
E BUCK,The egyptían coffin texts, 1 y 13.
13 Coffin texts, I, 146 (cap. 37). 14 Coffin texts. I, 151 (cap. 37). 15 Bibl. aeg., VII, 38.
los cuarenta y dos dioses a quienes ha saludado al entrar, y que llevan nombres terroríficos: De pasos largos, Tragador de sombra, Quebrador de huesos, Comedor de sangre, Gritón, Anunciador de combate, y después de cada nombre negaba un pecado. Agregaba que no temía caer bajo el cuchillo de los jueces, no sólo porque no ha insultado a Dios, ni ultrajado al rey, sino porque ha hecho lo que dicen los hombres y lo que aprueban los dioses. "Ha contentado al dios con lo que él ama. Ha dado panes al hambriento, agua a los que tenían sed, y vestimentas al desnudo, ha prestado su barquilla al que quería cruzar el río. Es de esos a quienes se les dice: "Bienvenido, bienvenido", en cuanto se los ve." También ha hecho muchas otras acciones piadosas y laudables, por ejemplo, cuando oyó el diálogo del asno y de la gata, que lamentamos mucho no conocer. No quedaba más que sacar la conclusión práctica de esta prueba. En un platillo de la balanza han colocado el corazón del paciente, en el otro una estatuilla de la Verdad. Pero ¿y si el corazón hablara y desmintiera al dueño? Contra ese peligro se ha compuesto la invocación que se lee en el capítulo XXX del Libro de los
Muertos: "¡Ay, corazón mío, corazón de mi madre; ay, corazón de mis formas! No te alces contra mí como
testigo, no te opongas a mí ante los jueces, no pongas tu peso en mi contra frente al señor de la balanza. Eres mi Ka que está en mi seno, el Khnum que da la integridad a mis miembros. ¡No permitas que mi nombre huela mal, no digas mentira contra mí ante el dios!" El corazón, rogado de ese modo, escuchaba en silencio las dos confesiones. Y el resultado era infalible. Anubis detiene las oscilaciones. Comprueba que los dos platillos están equilibrados y Thot no tiene más que registrar la pesada declarando que el candidato ha triunfado, que es justo de voz, maa kheru. El reino de Osiris cuenta con un súbdito más. El monstruo, que esperaba hartarse con el recién llegado, habrá perdido el tiempo. ¿Creían verdaderamente los egipcios que bastaba con negar sus pecados en un escrito para borrarlos de la memoria de los hombres y de los dioses? En algunas obras recientes sobre la religión egipcia se lee que el capítulo CXXV del Libro de los Muertos es un texto mágico, y esa palabra magia les basta a muchos. Los egiptólogos no debieran olvidar nunca que el tratado para transformar a un anciano en joven ha sido calificado de texto mágico. Cuando se tomaron la pena de estudiarlo, se descubrió qué ese tratado no era más que una receta para borrar las arrugas, los granos, los barros y otras molestias de la vejez.16 Me parece que el autor de las instrucciones para Merikaré, al declarar que no se podía engañar al juez supremo, no ha hecho más que expresar la opinión común. Podría sostenerse que si el egipcio se declara puro, si con tanta insistencia pretende no haber cometido ningún daño, es porque se había descargado, estando vivo, del peso de sus pecados. Ésa era la convicción que lo libraba del temor del otro mundo.
Se trataba esencialmente de ser proclamado maa kheru, justo de voz. Y no se puede merecer ese título si no se ha defendido oralmente su causa ante un tribunal. Innumerables egipcios, cuyos nombres leemos en las estelas, en los sarcófagos, en las paredes de las tumbas, están calificados maa kheru. Se ha supuesto que era un deseo piadoso que los vivos formulaban, ya sea para ellos mismos, ya para sus familiares y amigos, pero que ese deseo sólo debía verse cumplido en el otro mundo, tanto que maa kheru se considera prácticamente como sinónimo de difunto.17 No obstante, conocemos egipcios que han llevado ese epíteto estando vivos. Así Khufu, que los griegos acusaron de impiedad y que era maa kheru cuando escuchaba a sus hijos refiriéndole, uno tras otro, historias de magos. Así Pa-Ramsés cuando Horonemheb le encargó que dirigiera los grandes trabajos del templo de Opet, antes de llegar a ser el rey Ramsés I.18 Así el grande de los Ma Chechanq, que aún no era el rey Chechanq I.19 El sumo sacerdote de Amón, Bakenkhonsu era justo de voz cuando obtuvo de Ramsés II el favor de exponer sus estatuas en el templo, donde fueron mezcladas con las de los alabados.20 Entonces tenía noventa y un años y vivió unos años más. Uno de los sucesores de éste, Ramsés-nekht, es igualmente calificado de justo de voz en la inscripción del uad Hammamat, que refiere la gran expedición enviada por Ramsés IV a la montaña de bejen, en el año III. Ahora bien: vivía aún en el año IV de un rey que no puede ser sino Ramsés IV o Ramsés V.21
Esos ejemplos me parecen suficientes para establecer que los egipcios se convertían en maa kheru cuando estaban vivos. Pero ¿cómo se obtenía ese hermoso título? Osiris fue el primer maa kheru. Cuando su abnegada esposa le devolvió la integridad y la vida, éste persiguió a su matador Seth ante el tribunal divino presidido por el dios Ra y lo hizo condenar.22 Isis no quiso que sus combates y los rasgos de su abnegación
16 V. LORET.Para transformar un anciano en hombre joven, en Mélanges Maspero, 853 y siguientes. 17 ERMAN,Religión égyptienne, 262.
18
Véanse las dos estatuas de Paramsés halladas en Karnak por Legrain, Ann. S. A. E., XIV, 29-40.
19 G
AUTHIER,Livre des rois, III, 318.
20 L
EFEBVRE,Grands prétres d'Amon, 133-134.
21 Hammamat, 12; L
EFEBVRE,ob. cit., 264.
quedasen enterrados en el olvido. De modo que instituyó misterios muy santos para que sirvieran de ejemplo y de consuelo a los humanos. En esos misterios se representaba, aun en tiempo de Heródoto, los padecimientos de Osiris. En tiempos mucho más antiguos se representaba el combate de los partidarios de Osiris para desprender el cuerpo de su señor y la entrada triunfal en el templo de Abidos. Luego se representaba el misterio del juicio. El capítulo XVIII del Libro de los Muertos hasta nos da la lista de las ciudades privilegiadas donde se representaba ese misterio: On, Didu, Imit, Khem, Pe y Dep, Rekhti en la Delta, Ro-setau que es un barrio de Menfis, Naref a la entrada del Fayum, Abidos en el Alto Egipto. Es evidente que imitando a Osiris es como el piadoso egipcio podía asegurar su salvación. Al final del capítulo CXXV se lee un aviso que sólo podía dirigirse a los vivos: "Decir este capítulo limpio y neto, vestido con ropas de ceremonia, calzado con sandalias blancas, los ojos pintados con polvo negro, untado con incienso de primera calidad, después de haber hecho una ofrenda muy completa, bueyes y aves, terebinto, pan, cerveza y legumbres." Y el texto sagrado agrega: "El que haya hecho esto para él, será verde, sus hijos serán verdes. Será bien visto del rey y de los grandes. Jamás le faltará nada y por último será de la escolta de Osiris."
Ahora podemos representarnos ese misterio del juicio donde los egipcios obtenían que se les descargara de sus pecados. Los que de entre ellos estimaban que sus días estaban contados, ya porque estuviesen enfermos o fuesen viejos, ya porque les hubiere alcanzado alguna de esas advertencias secretas que Osiris enviaba a veces a los que pronto serían de su reino,23 iban en multitud a una de las ciudades que hemos nombrado anteriormente. Tomaban las precauciones indicadas y sobre todo no olvidaban de hacer el gasto de una ofrenda muy completa.
La lectura del capítulo CXXV sugiere que el misterio del juicio se componía de dos actos. Primero, es Osiris el que hace reconocer su inocencia. Dirigiéndose al dios Ra, probaba por medio de treinta y seis frases que en ningún momento del año había cometido daño. Los fieles coreaban esta declaración de inocencia y se sentían reconfortados por el fallo que inocentaba al dios. No bastaba, sin embargo. Osiris dejaba el banco de los quejosos para sentarse en el asiento del juez. Los fieles recitaban la segunda confesión negativa, y luego iban por turno acercándose a la balanza. Un corazón de lapislázuli, con su nombre grabado, se colocaba en un platillo, la imagen de la verdad en el otro y cada cual podía comprobar que los dos platillos se equilibraban. El impetrante era solemnemente reconocido justo de voz y registrado. Podía volver a su casa, seguro de que no se le cerrarían las puertas del otro mundo.