El «éxito» del Islam*
9 2 EUROPA Y EL ISLAM EN LA EDAD MEDIA
de la India (an tes del 956 al-M ascúdi visita una ciudad de 10.000 m usulm anes en Saym úr), de S um atra y de Java. Sulaym án y A bü Z ayd precisan que los navios son escasos y que regresan con m ercancías raras y preciosas: áloe, teca, p o rcela na, alcanfor, brasil y estaño de M alasia. A ñadam os o tro testim onio de la a rq u e o logía: la presencia de porcelana blanca translúcida china y de verdeceladón en S am arra, R ayy, Susa y N ishápúr.
La segunda gran «fachada» del com ercio del im perio califal com enzó a an i m arse desde la época sasánida, se desarro lló con los táhiríes, alcanzó su apogeo bajo los sám áníes y e n tró en brusca decadencia a p a rtir del año 1000. Es la ruta de las pieles, p ro ced en te de la taiga rusa, polaca y siberiana, y tam bién la ruta de los esclavos. La tra ta se efectúa desde los centros u rbanos de los pueblos tu r cos del V olga, B ulgár, capital de los búlgaros, situada cerca de K azán, y la ciudad de los B u rtas, que se en cu en tra cerca de N ijni-N ovgorod. Los descubrim ientos de m onedas islám icas perm iten estab lecer una cronología y una geografía de los intercam bios: un teso ro , en co n trad o en N ovgorod y perfectam en te fechado por la den d ro cro n o lo g ía, perm ite asegurar la existencia de un intervalo breve en tre la fecha de la acuñación más reciente y el m om ento en el que fue e n te rra d o (no m ás de 15 años). D e un conjunto de 66 fechas estudiadas de este m odo, 2 son del siglo v m , 20 del ix, 41 del x y sólo 3 del siglo xi, cronología que resulta confirm ada po r el análisis de los tesoros que han sido publicados de m anera ín te gra y que revelan una sup erio rid ad aún m ayor del siglo x sám ání. E n lo que res pecta a la distribución en el espacio de estas m onedas, p arece falseada en p arte por una fu erte concentración de tesoros en la costa báltica (en el año 1910 se e n u m eran 11 tesoros en el «gobernorado» de San P etersb u rg o y 42 en L ivonia). E sto suele explicarse po r el d ren aje que deb iero n efectu ar los vikingos de las ri quezas acum uladas po r los pueblos q u e transitaban la región, bien com o botín d e g u erra o com o consecuencia de los intercam bios. P ero un m apa de estos d escu b ri m ientos m u estra que estab an e n te rra d o s, fu n d am en talm en te, en los lím ites m eri dionales de la gran zona de bosques, en los antiguos «gobernorados» de K azán (14 tesoros), de la V iatka (15) y de Y aroslav (11). La enorm e cantidad de riq u e zas escondidas en R usia (varios tesoros superan los 1.500 dirhem es y el de V ladi- m ir alcanza el núm ero de 11.077, de los que 140 son cabbásíes, 4 táhiríes, 16 djacfaríes, 2 sádjíes, 16 büyíes y 10.079 sám áníes), así com o tam bién en Polonia, E scandinavia e incluso en G ran B retañ a y A lem an ia, ascienden a un total de m e dia to n elad a de plata pura (120.000 dirhem es en R usia y m ás de 40.000 en E scan dinavia), que sólo p u ed e constituir una p eq u eñ a p a rte del flujo de m onedas islá m icas. T o d o ello revela la im portancia del m ovim iento com ercial así com o su ca rácter p u ram en te im portador.
M ayores incertidum bres en Occidente
Al co n trario de lo que sucede en estas «fachadas» activas, el siglo x verá su r gir un Sahel africano activo q u e , en la eta p a a n te rio r, sólo conocía la anim ación de unas pocas factorías que se en co n trab an tan to en las costas del o céano índico (d o n d e se establecen colonias en B e rb e ra , Z ayla, Sofala y Z anzíbar) com o en las m etas m eridionales de las rutas saharianas, que fu ero n , quizás, descubiertas po r
HL MUNDO DE LOS CABBÁSÍES 93
Sidí cU qba a p a rtir del año 666 y m ás ta rd e exp lo rad as e islam izadas, en los siglos x y x i, po r los b ereb eres S anhádja. La costa m e d ite rrá n e a , por o tra p a rte , se e n cu en tra esterilizada p o r la g u erra y las algazúas. D e hecho,_el m ar se encu en tra en m anos de los piratas «sarracenos», cuya prim era expedición conocida es el co n ato de invasión de las B aleares en el año 798. A continuación, en los p rim e ro s años del siglo IX , las fuentes m encionan ataq u e s contra las islas peq u eñ as situadas ju n to a las costas de Sicilia e Italia m erid io n al, así com o co n tra C e rd e ñ a , C órcega y, en el año 812, C ivitavechia y N iza. Se tra ta de flotas im p o rtan tes y a p a re n te m ente bien o rganizadas, p ro ced en tes sobre to d o de las costas levantinas de al- A ndalus y, de m an era secu n d aria, del M agrib occidental, y que llevan a b o rd o , p rincipalm ente, a b ereb eres si es que deb em o s in te rp re ta r estrictam en te el a p e la tivo de m auri con que los designan las fuentes carolingias. P ero las crónicas á ra bes que se ocupan de esta ép o ca, g en eralm en te basadas en anales scinioficiales, no nos p roporcionan inform ación alguna acerca de estas op eracio n es, ya que su e le tratarse de em presas de cará c te r privado cuyo p u n to de partid a se en cu en tra en regiones q u e, de hecho, escapan al control de los po d eres políticos estableci dos en las grandes capitales del Islam occidental, o que, incluso, llegan a en c o n trarse en un estad o de disidencia a b ierta. E sta p iratería andalusí se desarrolla en la segunda m itad del siglo IX en el q u e lleva a cabo ataq u e s co n tra el litoral de la Provenza y establece una instalación p erm an en te en la base de F raxinetuni, que p erd u rará desde el año 890 hasta el 970.
T am bién Italia se ve seriam en te in q u ietad a po r los sarracenos. E n realidad las incursiones m arítim as, com o el céleb re ataq u e a R om a del año 846, p ro b a b le m ente ob ra de p iratas andalusíes, tiene m en o r im portancia que la actuación de las bandas de m ercenarios m usulm anes, al servicio de las peq u eñ as dinastías del sur de la península desde antes de m ediados del siglo, que ráp id am en te han esca pado a to d o control. T am bién aquí los m usulm anes dispondrán de establecim ien tos p erm an en tes q u e, en el caso del em irato de Bari (841-871), llegarán a a d o p ta r la form a de un au tén tico , au n q u e p eq u e ñ o , E stad o . El propósito de todas estas agresiones sarracen as, es, an te to d o , la cap tu ra de esclavos por los que se ob tien e un buen precio en los m ercados del m u ndo m usulm án, en los que existe una fu er te d em an d a. Los m ercaderes del sur de Italia ex p o rtab an esclavos a Ifriqiya desde finales del siglo v m , pero quizá ciertos av en tu rero s decidieron acudir para a p o d e rarse de la m ercancía con las arm as en la m ano dad a la insuficiencia de la o ferta y la esp eranza de lograr m ayores beneficios. En vano, en el año 836 el príncipe de B enevento p reten d ió pro h ib ir su com ercio a los napolitanos. Las expediciones c o n tra las islas se han qu erid o justificar, tam b ién , por el deseo de abastecerse de m adera p ara la construcción naval. Si bien las flotas sarracenas no d ejaban de atac ar los barcos m ercantes cu an d o se en co n trab an con ellos, éstos no consti tuían, sin d u d a, su principal objetivo. N o se p u ed e, por ta n to , tal com o se ha hecho a veces, arg u m en tar p a rtien d o de esta p iratería p ara postular la existencia, en esta época, de un com ercio todavía im p o rta n te en el M ed iterrán eo occidental.
La situación resulta d iferen te en el M ed iterrán eo cen tral, d onde Sicilia y las ciudades del sur de Italia m an tien en relaciones estrechas con el m undo bizantino del m ism o m odo q u e Ifriqiya se e n c u en tra ligada, económ ica y p olíticam ente, de form a m ás directa con el im perio cab b ásí qu e el resto del M agrib y al-A ndalus. En este sector el m ar se ha visto siem pre reco rrid o po r im p o rtan tes co rrien tes de