El «éxito» del Islam*
54 EUROPA Y EL ISLAM EN LA EDAD MEDIA
La España musulniana y cristiana en la primera mitad del siglo IX
E n el no rte de Á frica el sistem a sociopolítico p ro p u esto p o r los c o n q u istad o res no destru ía, de m anera fu n d am en tal, las estru ctu ras indígenas, al c o n trario de lo que sucedió con el sistem a im puesto por el im perialism o rom ano. La tra d i ción ára b e , p o r su p a rte , incluía un sistem a tribal q u e no era m uy distinto del de los b ereb eres y que se conservó, en p a rte , gracias a la organización m ilitar del
djund. Los grandes grupos tribales b ereb eres «orientales» se asim ilaron rá p id a
m en te a los árab es a los q u e, sin d u d a, se asem ejaban n o tab lem en te. A sí lo o b serva, po r ejem plo, al-Y acq ú b í, a fines del siglo IX, a p ropósito de los H aw w ára, los cuales, dice, «afirm an ser descendientes de tribus yem eníes cuyo nom bre han olvidado. Las fracciones de los H aw w ára - a ñ a d e — se unen unas a otras a la m a nera de las fracciones de las tribus árabes». Los sed en tario s baráníes de la A rgelia orien tal conocían, sin d u d a, una organización m ás a d ap ta d a a la vida en núcleos de población que los nóm adas o sem inóm adas de las estepas pred esérticas, p ero su esquem a social tam poco era m uy distinto del de los antiguos árabes si p e n sa m os en lo que re sp o n d en , hacia el 900, unos peregrinos de la tribu de los ku tám a de la p eq u eñ a K abilia que se dirigen hacia La M eca cuando son interro g ad o s so bre las costum bres de su pueblo: «Nos ram ificam os en varias tribus, clanes y fa milias ... N o practicam os m ucho la ayuda m u tu a e n tre nosotros ... Lucham os unos con o tro s y luego nos reconciliam os; hacem os la paz con unos m ientras gue
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rream os con los otros». E stos b e re b e re s explican, asim ism o, que son gob ern ad o s p o r las asam bleas (djam áca ) y q u e p ara resolver sus litigios recurren al arb itraje «de las personas que han ad q u irid o algunos conocim ientos y de los m aestros de escuela». P recisan, finalm ente, qu e no están som etidos a ningún E stad o y que en treg an d irectam en te a los p o b res la lim osna del diezm o que exige la norm a islámica.
U na síntesis de esta índole e n tre las exigencias m usulm anas y los m odos de organización tradicional de la sociedad tribal debió realizarse en una b uena p arte del M agrib, en particu lar en to d a la zona járid jí, en la que las tribus sólo estaban som etidas a la suprem acía lejana y vaga del im án de T a h e rt, com o es el caso de los NafQsa del sur de Ifriqiyá, los cuales, según al-Y acqúbí, no pagaban el im pues to territo rial a ningún gobierno. El m ism o a u to r precisa que en su tiem po (fines del siglo ix) los nafQsa no h ablaban árab e. El m an ten im ien to de las estru ctu ras sociales indígenas debió favorecer, en la m ayoría de los casos, la conservación del b e re b e r com o lengua co rrien te. P ero d eb e ten erse en cuenta q u e, de m anera p aralela, estas tribus b ereb eres se islam izaron sin reservas y acep taro n , asim ism o, el árab e com o lengua de cu ltu ra, con to d o lo q u e ello podía im plicar en lo re la tivo a la m odificación progresiva de los ideales sociales, de las m en talid ad es y de los com p o rtam ien to s cu an d o no se m o strab an conform es con los que transm itía la nueva lengua «oficial». P u ed e en tre v e rse , po r ejem plo, un nivel de arabización bastan te elevado e n tre los ku tám a de la peq u eñ a K abilia cu an d o , hacia el año 900, los m isioneros fatim íes acu d ie ro n , p ara difundir el shicísm o, a esta región rural situada en las fro n teras del e m irato aglabí que se había m an ten id o , no o bs ta n te , prácticam ente in d ep en d ien te del p o d er de Q ayraw án en el m arco de una organización tribal bien conservada. Y si bien, p o r una p a rte , a los ku tám a les repugna la idea de acep tar la au to rid ad política y las obligaciones fiscales que tra ta n de im ponerles los re p re se n ta n te s del E stad o aglabí establecidos en las ciu d ades situadas al pie de sus m o n tañ as, el éxito de los fatim íes revela, po r o tra p a rte , la existencia e n tre ellos de una fascinación por el O rien te al que consideran com o la fuente de to d o conocim iento. E sta concepción tuvo necesariam en te que favorecer la p en etració n de la lengua árab e y de los ideales sociales que tran s m itía.
Lo que acabam os de decir acerca de las tribus b ereb eres del M agrib resulta tam bién ev id en tem en te cierto , a fo r tio r i, en el caso de las que se traslad a ro n a al-A ndalus en el m o m en to de la conquista de la península a principios del siglo viii. El m edio tribal b e re b e r andalusí no ten ía, sin d u d a, la im portancia ni la so lidez del del M agrib pero los textos no dejan duda alguna acerca de su existencia. N um erosas regiones de al-A ndalus, com o las m o n tañ as andaluzas, zonas del G u a diana y del T ajo (D ja w f o región de M érida y M arca In ferio r), la S ierra M orena
( Fahs al-Ballüt), el n o rte del G a rb (cen tro del actual P o rtu g al), las zonas m o n ta
ñosas situadas e n tre T o led o y la región valenciana (S an tav er), así com o buena p a rte de la m ism a región levantina (Sharq a l-A ndalus), habían recibido una im p o rta n te ap o rtació n étnica b e re b e r de la q u e q u ed an restos en la toponim ia ac tual: M estanza, en las m o n tañ as situadas al n o rte de C ó rd o b a; M equinenza, en la región de T o rto sa; C ehegín, en la provincia de M urcia, y los diversos A d zan eta de la región valenciana, q u e d a n , todavía hoy, testim onio de la im plantación de grupos tribales co h eren tes de b e re b e re s M istasa, M iknása, Sinhádja (al-Sinhádji-