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el 111 y com p ren d e un po d ero so con ju n to fortificado de 71 m de lado que ro d ea a un patio de 45 p o r 37 m , defen d id o po r 12 to rres red o n d as; es una residencia lujosa, m aravillosam ente d eco rad a p o r frescos y o rn am en tació n vegetal de estuco que recibe sus vituallas de un jard ín y un h u erto (hayr) de 7 km de largo p o r 1,5 de ancho. O tro s esfuerzos precoces de valoración de tierras, construcción de d i­ q ues y canales, erección de nuevos castillos y hasta fundación de pueblos se a tri­ b uyen a los príncipes om eyas Sa'Td y M aslam a. T o d o ello da testim onio de que el interés de los p oderosos se inclina hacia las tierras irrigadas del bajo Iraq, que constituirán el cen tro de aplicación de la revolución agrícola de la época cabbásí. Ya Ibn W ahshiyya, en su A gricultura N abatea, describe estas explotaciones, estas

dayca s, llevadas po r un du eñ o y un adm in istrad o r y pobladas p o r trab ajad o res no

especializados y poco islam izados. Pese a ello se tuvo que recu rrir a la ayuda de técnicos para co n stru ir los canales y fabricar las grandes norias con cangilones p ara elevar el agua. E n su do b le condición de aldeas y grandes granjas, dichas explotaciones co m prenden un sector artesanal de h e rre ro s, alfareros y c a rp in te ­ ros. S ólidam ente ancladas en un a antigua tradición de gestión, sin utilizar todavía un personal exclusivam ente constituido po r esclavos, estas grandes explotaciones son el cen tro en el qu e se conserva el calendario solar preislám ico y un saber técnico im pregnado de magia.

El e sta tu to de los cam pesinos p resen ta, en su co n ju n to , una gran variedad. La gran explotación utiliza una m ano de ob ra asalariad a, por lo m enos alim en ta­ da y m antenida en una d ependencia casi servil, au n q u e se trata de un caso m in o ­ ritario. Las com unidades rurales siguen siendo m uy fuertes en Siria y en la D ja- zira, do n d e ejercen un derecho de p ro p ied ad colectivo sobre el suelo que im plica rep arto s periódicos. E n E gipto, en cam bio, es el E stad o el que im pone cada año a una com unidad, enlace de su a u to rid ad , la rep artició n de la tierra de regadío y los cultivos obligatorios. El peso de los im puestos y los abusos del fisco no fa­ vorecen la constitución de grandes pro p ied ad es —en contradicción, com o hem os visto, con las reglas de la herencia — , sino más bien el reforzam iento de las re la ­ ciones de clientela en tre los notables y los h ab itan tes del llano. El cam pesino b us­ ca la protección (ta ld jfa o him áya) de un «poderoso» que se hace cargo de los im puestos y o b tien e, a cam bio, un d erech o em in en te sobre la tierra de su p ro te ­ gido, pudiendo explotarla en régim en de aparcería o devolverla al cam pesino y exigir un diezm o o m edio diezm o com o precio de su protección. E ste fenóm eno no im plica la constitución de grandes dom inios estables distribuidos en concesio­ nes feudales. La resistencia de la com unidad cam pesina es muy fuerte y se e n ­ cu en tra a m enudo organizada según el m odelo genealógico que resulta, po r ta n to , solidario; sigue existiendo la posibilidad de huir hacia la ciudad, algo que se ex­ plica bien debido a la fragilidad de la clase de los «poderosos». La fuerza y la riqueza están estrech am en te asociadas a la fo rtu n a política, que cam bia d em asia­ do a m enudo. La prop ied ad de la tierra se ve co n tin u am en te afectada p o r d esg ra­ cias y confiscaciones. ¿E s todo ello el resultado de una defensa de los equilibrios n atu rales del régim en social islám ico?, ¿una rem iniscencia del carácter centralista del E stad o nacido de las conquistas?, ¿un m edio p a ra im pedir q u e, gracias a la riqueza y al p o d er, se constituya una clase social capaz de influir sobre el califa y de a rreb atarle su d erech o em in en te e im prescriptible sobre las tierras? La gran p ro p ied ad se constituye ráp id am en te pero se divide tam bién ráp id am en te y no

DHL MODELO HEGIRIO AL REINO ÁRABE 39

puede m antenerse m ás que bajo la form a del w a q f religioso; las o bras pías d esti­ nadas a los p o b res, a las m ezquitas, a los trab ajo s de interés colectivo (baños, alhóndigas, canales) son de p e q u eñ a e n v erg ad u ra p ero la práctica de fideicom isos fam iliares encargados de su gestión p o d ría constituir una base tem ible p ara la constitución de grandes p ro p ied ad es. Pese a ello d eb e tenerse en cuenta q u e los

waqfs suelen ser bienes ciudadanos y qu e el cam po suele n o tar poco sus efectos.

En co n ju n to , el e sta tu to del cam pesino, q u e ya era hum ilde y se veía am e n a ­ zado en época bizantina o sasánida, se ha d eg rad ad o . Se le denom ina ra q iq , es­ clavizado, térm ino q u e im plica una situación personal desprovista de h o nor. En las tierras que tiene en régim en de explotación, pro p ied ad es antiguas o ex ten d i­ das por el juego de las protecciones, la p a rte q u e co rresp o n d e al cam pesino resul­ ta de lo más m ediocre: la ap arcería (m usáqá) no le d eja, en las tierras fértiles, m ás que una cantidad com prendida e n tre la m itad y una cu arta parte de la cose­ cha; el co n trato de m ujábara, especie de sociedad en la que el p ro p ietario , a d e ­ más de la tierra , p roporciona las h e rram ien tas, la utilización de su ganado y las sim ientes, sólo deja al asociado la q uinta p a rte del grano cosechado; una situación idéntica se p roduce en el M agrib, d o n d e el régim en de los jartimás (‘q u in te ro s’) tiene la mism a estru ctu ra. E sta condición social y económ ica tan d eg rad ad a no es, en m odo alguno, universal ni hom ogénea: la llanura tiene ricos y p obres, cam ­ pesinos sin tierras y vagabundos que apenas se notan. Sin duda hay incluso una co m p lem en taried ad e n tre la gran p ro p ied ad y la com unidad rural. La p rim era puede ab so rb er y o rganizar, en las tierras irrigadas, un exceso de población rural o incluso, cuando la com unidad ha alcanzado sus lím ites ecológicos y no qu ed a ya tierra que re p a rtir, ofrecer a los excluidos, los hijos m enores de las fam ilias, un m edio de trab ajo prestán d o les los bueyes y las sim ientes.

Herencia urbana y nuevas ciudades tribales

La sociedad m usulm ana de los co n q u istad o res es, en p rim er lugar, una socie­ dad de ciudadanos, organizados en cam p am en to s m ilitares, fácilm ente moviliza- bles en las grandes asam bleas tu m ultuosas de la oración com unitaria y agrupados adem ás en to rn o a esos dos órg an o s esenciales de la vida de la com unidad arm ada que son la mezquita_y e l palacio. La sedentarización de los beduinos form a aglo­ m eraciones nuevas y poderosas en la d esem b o cad u ra de las grandes rutas c a rav a­ n eras seguidas po r los ejércitos á rab es, así com o a orillas de los grandes ríos de Iraq y de Egipto: en el 636 se funda K úfa ju n to a una ruta que lleva de H ira hasta el cen tro del Iraq cruzando el E u frates sobre un p u en te de barcas; en 638 B asra, en la confluencia del Tigris y el E u frates; F ustát en 640, ju n to a la fo rta ­ leza bizantina de B abilonia de E g ip to , en el lugar del p rim er p u en te situado más arrib a del delta. E stas ciudades, los am sár (singular m isr)y m anifiestan la fuerza y la unidad de los vencedores y carecen de cualquier tipo de fortificación o p ro ­ tección. B asra no será am u rallad a y provista de un foso hasta el 771, cuando se produzca la insurrección de los járidjíes surgidos de en tre los propios beduinos; estas o bras no se d e b e n , por ta n to , a que se sienta ningún tem o r a los vencidos.

En estas ciudades se desarro lla un urbanism o original, variado. Su fu n d am en ­ to es la e stru ctu ra tribal que ha p residido la fragm entación en lotes y la d istrib u ­

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