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El «éxito» del Islam*

60 EUROPA Y EL ISLAM EN LA EDAD MEDIA

«señoriales». E stas poblaciones p arecen estar m ay o ritariam en te islam izadas y lo poco qu e sabem os de ellas contradice lo que frecu en tem en te se afirm a, sobre al- A ndalus de m an era especial, acerca de la existencia d e g randes masas de colonos en situación h arto m ísera p o r en co n trarse som etidos a la presión del fisco o a la a rb itra rie d a d d e los g randes pro p ietario s. Si ésta p u d o ser la situación de los sec­ tores m enos favorecidos de e n tre los cam pesinos, caso de los m ozárabes que tr a ­ bajaban las pro p ied ad es de la jássa u rb an a tras la conquista, no puede decirse lo m ism o de la m ayor p a rte de los p ro p ietario s de tierra s, descendientes de los co n ­ qu istad o res árab es y b ereb eres o de indígenas conversos, que vivían en el m arco Ide los pueblos o qurá y sólo d ep en d ía n de una fiscalidad estatal sobre la que sabem os m uy poco pero q u e, en un principio, no tenem os m otivo alguno para su p o n er opresiva o p ara creer que se salía de los lím ites m arcados po r las norm as generales del d erecho público m usulm án.

Una producción agrícola sabia en un m edio ingrato

E n co n ju n to , la econom ía agraria d esarro llad a p o r la reform a fiscal c o rresp o n ­ de a un Iraq bien provisto de agua y se basa en la irrigación. Un libro de m a te ­ m áticas prácticas, destinado a los geóm etras de los servicios de im puestos y de irrigación, describe en el siglo xi, con precisión y m esu ra, m ediante la resolución de problem as sencillos, la m an era de p erfo rar canales, el costo de los m ism os, el esfuerzo físico que req u ieren las m áquinas de elevación de agua m ovidas a brazo o con la ayuda de un buey, que p erm iten irrigar los cam pos situados p o r encim a del nivel de los canales y de los ríos. Se trata de un servicio público organizado po r un cu erp o de agentes técnicos del E stad o , niveladores y g eóm etras, que están al fren te de equipos form ados p o r varios cen te n ares de o b rero s libres, que tra b a ­ jan a destajo y son pagados en función de la can tid ad de tierra que han extraído o acum ulado para form ar un terrap lén . D e acu erd o con el te rre n o se p erfo ra o se construye utilizando grandes can tid ad es de haces d e cañas o arbustos que se consolidan con arcilla. Las m áquinas perm iten un riego constante y varias cose­ chas y se utilizan la noria g irato ria, con cangilones, qu e riega 35 ha diarias, a se­ guran d o la irrigación de m ás de 100 ha en cultivos de verano y de 150 en cultivos de invierno, y el balancín, m ovido por 4 o 5 h o m bres, que p uede acarrear en su cubo hasta 600 litros (de 44 a 78 ha en cultivo de v eran o y de 100 a 138 en cultivo de invierno). D e m an era p aralela, en las m o n tañ as se difunde una técnica irania, la del qanát (un canal su b te rrá n e o que cap ta , m o n tañ a arrib a, el agua de la capa freática y guía su reco rrid o a lo largo de un trazad o que aparece señalado, en la superficie, po r una red de pozos de aireación y de m an ten im ien to ), que perm ite a la vez regar los suelos ligeros, arran cad o s a la m o n tañ a y «cálidos», y d re n a r los m a rd js, zonas pan tan o sas en las que se en cu en tran aguas estancadas. Se tra ta de una hidráulica sabia que conoce los peligros de la irrigación mal dosificada así com o los de la salinización que pu ed en afectar a los terren o s mal d renados.

E v id en tem en te, en el con ju n to del im perio m usulm án dom ina la agricultura pluvial. Si bien ésta sólo utiliza el agua de lluvia o, com o m ucho, el agua que p roporcionan la p eq u eñ a hidráulica de los pozos, de las cisternas o de las p e q u e ­ ñas norias elevadoras de los h u erto s, no deja po r ello de ser sabia: sabe «cerrar»

EL MUNDO DE LOS CABBÁSÍES 61

el suelo p o r bina p ara ev itar la ev ap o ració n , p re p a ra r un suelo nivelado con una ligera p en d ien te p ara re p a rtir ad ecu ad am en te el agua, escalonar los trabajos n e ­ cesarios para «rom per» la tierra - t r a s las p rim eras lluvias— y hacer circular el aire en p rim avera y, finalm ente, o frecer los surcos al sol. T o d a la ciencia geopó- nica de la A n tig ü ed ad , la de los ro m an o s y griegos (V arró n , C olum ela, traducido al árab e en el siglo ix , el bizantino C asiano B aso, a u to r de la A gricultura de los

ro m a n o s, y el pseu d o -C o n stan tin o V II) y tam b ién la de los persas (Q ustús ibn

A sk u rask ín a), ap o y ad a en la cosm ología aristotélica, en una observación ate n ta e incluso en la experiencia, se difunde a través de una literatu ra agronóm ica cuyas m anifestaciones en al-A ndalus han sido estu d iad as recien tem en te y e n tre las que se cuentan: p rocedim ientos p ara a b o n a r y e n te rra r pajas y cenizas, práctica del b arb ech o labrado con cultivo su b te rrá n e o del n ab o , m ultiplicación de los p ro ced i­ m ientos de a ra d o , en cie rro móvil de los anim ales sobre el b arbecho m u erto (para ev itar el exceso de estiércol), rotación generalizada de los pastos n atu rales y de los cultivos, que evita el en d u recim ien to de los suelos pisoteados. Se trata de un sab er verificado y vivificado po r la ex p erien cia, cuyo lugar favorito es, sin d u d a, el jard ín de las cortes de los príncipes, y que se difunde a través del libro, que unifica las técnicas, las registra de acu erd o con el m étodo de los tradicionistas (m axim izar la can tid ad de inform aciones, falta de certeza absoluta) y las critica p o r un m étodo experim ental.

La actitud de innovación audaz y d e investigación que se tran sp aren ta en el trab ajo de los agrónom os ayuda a co m p ren d er el éxito que o b tien e la revolución de los cultivos: los new crops que se in tro d u cen o seleccionan en los centros h o r­ tícolas de Irán , Siria y E gipto se d ifundirán m uy ráp id am en te en to d o el conjunto del D ar al-Islám . E ste en riq u ecim ien to del p atrim onio floral form a p arte de un am plio m ovim iento plurisecular que tiende a asim ilar, en el M e d iterrán eo , las plantas subtropicales qu e habían sido ignoradas en la A ntig ü ed ad . E stos nuevos p ro d u cto s son, en prim er lugar, p lantas de estación corta: la espinaca, que es la v erd u ra de Isfahán (isfánáj), la colocasia, la b eren jen a, tam bién de origen iranio y q u e conserva en todas p artes su no m b re persa (bádindján) apenas tran sfo rm ad o

(m elenzana, m elin ja n o , etc). E stas p lantas perm iten un cultivo su b te rrá n e o siem ­

pre y cuando se ab o n e y labre bien la tierra . A ún m ás im p o rtan te resulta la in tro ­ ducción de los cultivos de v eran o (a rro z , algodón, m elón, sorgo, trigo d u ro , caña de azúcar) que o frecen , en las m ism as condiciones, la posibilidad de conseguir una segunda cosecha de v eran o , algo qu e an tes se ignoraba p o r com pleto. Los agricultores —sobre todo a rb o ricu lto res y h o rtic u lto re s— del M ed iterrán eo a d o p ­ tan asim ism o o tras plantas: nuevos árboles fru tales, lim oneros, n aranjos, p la ta n e ­ ras, cocoteros y m angos, plantas de las que se o b tien en tintes com o la aleña y el índigo, plantas con raíces verticales com o el n ab o , destinadas asim ism o a producir cosechas su b terrán eas. Su difusión resu lta precoz y vasta: la Sicilia árab e co n o ce­ rá, en el siglo x i, cultivos especiales de algodón, aleña e índigo, «cañas persas», la producción de azúcar refin ad o , tal vez las p latan eras, con toda seguridad las palm eras datileras y, asim ism o, la m o rera que se m ultiplica, de form a p aralela, en el m undo bizantino p ara el cultivo del gusano de seda.

El calendario agrícola q u e red acta al-M aqrizi para E gipto m uestra la im p o r­ tancia de los nuevos cultivos: la crecida del N ilo, que em pieza en ju n io , en el mes co p to de a b ib , y alcanza su p len itu d en tüt (sep tiem b re), va seguida in m ed ia­

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