El «éxito» del Islam*
6 2 EUROPA Y EL ISLAM EN LA EDAD MEDIA
tam en te p o r la siem bra de los cereales, trigo y ceb ad a, que se cosecharán en abril, hortalizas que m ad u rarán en noviem bre, garbanzos, lentejas, lino y tréb o l, cuyas cosechas se escalonarán desde abril hasta ju n io e irán seguidas del cobro del p rim er plazo del im puesto territo rial establecido en función del catastro levan tad o en septiem bre sobre las superficies inundadas. E n m arzo y abril, sobre las superficies regadas con las m áquinas q u e ex traen agua del N ilo y de los canales contiguos —sobre to d o en el delta, en el que se reciben las aguas acum uladas, d u ra n te la crecida, en la reserva n atu ral del lago Q á rú n , en Fayyúm , regularizada p o r esclusas a n tig u as— se siem bra el arroz cosechado en o ctu b re, la colocasia, las b eren jen as, los pepinos, el m elón, el sésam o, las espinacas, la lúbiyá (alubia o judía de la A ntig ü ed ad ) y el índigo, sem brado en m ayo y cuyo perío d o de c re cim iento d u ra 100 días. Las cosechas de los cultivos de verano (sayfi) coinciden con la recolección de frutas, cerezas, higos, m elocotones, p eras, plátan o s, lim o nes y uvas, así com o con el pago del segundo plazo del im puesto catastral.
E stas nuevas plantas se e n cu en tran estrech am en te asociadas a la política de desarrollo po r intensificación y valoración de las tierras: la caña de azúcar, la co locasia y el cocotero m ejoran las tierras salobres y absorben el exceso de salini d ad , m ientras q u e el algodón enriq u ece las tierra s de m ala calidad. E n conjunto los árboles frutales, legum bres, hortalizas y p lantas industriales im plican un m e r cado u rb an o rico, suficientem ente provisto de granos y p roductos agrícolas de p ri m era necesidad, así com o una cocina d esarro llad a y refinada. C oncuerdan con el desarro llo u rb an o de la época y contribuyen a diversificar y m ejo rar cu alitativ a m en te la alim entación. E stas p lantas subtropicales necesitan m ucha agua así com o m ucho lab o reo y grandes cantidades de ab o n o ; co n cen tran , po r ta n to , el esfuerzo de d esarrollo, irrigación e innovación agrícola en los suburbios bien re gados de las grandes ciudades, m ien tras que el dry fa r m in g , realizado p o r o tra p arte de m anera muy sabia, se hace cargo de la alim entación de base.
La revolución en los cultivos se basa, en los regadíos, en la aportación de agua y ab ono. La crecida y la irrigación p o r gravedad no resultan suficientes y to d o el esfuerzo de innovación p re te n d e alargar el p erío d o de regadío utilizando m áq u i nas y canalizaciones, así com o ren o v ar las cualidades productivas del suelo. Si bien el ab o n o anim al no sufre grandes transform aciones, el conocim iento em p íri co de la aportación de nitró g en o que traen consigo las legum inosas (habas, le n te jas, altram uces, garbanzos, bejines) y de las plantas fo rrajeras verdes (alfalfa, gui san te gris, trébol de A lejan d ría), q u e se utilizan tam bién com o abono (si se las e n tie rra en su estad o natural o bajo form a de ab onos com puestos o cenizas), se asocia con la m ultiplicación de las form as de uso de la azada y del arad o con el fin de favorecer la pen etració n del ag u a, m ullir la tierra y elim inar las plantas parásitas. El deseo de c rear cortezas superficiales d u ras favorece la adopción de plantas de raíz vertical de las q u e se conocen bien sus efectos m ullientes, así com o de abonos com puestos po r pajas y cenizas, en p articu lar las q u e se o b tien en en las calderas de los baños. U na observación in teresa n te preconiza la elección de legum inosas de raíz co rta, que fertilizan las capas superficiales y son esenciales para el crecim iento de los cereales. O tra preocupación clara es la de a p o rta r al suelo elem entos «cálidos» —en p articu lar el ab o n o de ave y la muy cotizada p a lo m in a — p ero , po r razones ev id en tes, se descarta el ab o n o de cerdo y el a b o n o hum ano.
EL MUNDO DE LOS CABBÁSÍES 63
En co n ju n to , la reform a fiscal —lim itada a Iraq y esencial para las finanzas califales— se en cu en tra estrech am en te ligada con la revolución agrícola —que p u ed e co m p ararse a la del siglo x v m en In g la te rra — y sus objetivos económ icos com unes constituyen, en cierto m o d o , una prem onición de las reflexiones de los fisiócratas, pues p re te n d e n intensificar la producción y, gracias a ello, lograr que las sociedades cam pesinas no resulten aplastadas po r una fiscálidad m uy d u ra y, al m ism o tiem po, alim en tar a las num erosas m etrópolis, muy pobladas y grandes consum idoras. Se trata de reform as m uy ligadas a la existencia del m ercado libre ciudadano y, de alguna m an era, evitan la necesidad de una anona y de la d istri bución au to ritaria de los excedentes. P ero esta agricultura cabbásí, que p erm ite una siem bra con rendim ientos m uy elevados, increíbles p ara el histo riad o r de la E dad M edia O ccidental (en E gipto se o b tien e una m edia de 10 granos cosechados p o r cada g rano sem b rad o llegando a alcanzarse m áxim as com prendidas e n tre 20 y 30 granos p o r grano sem b rad o ; en la Sicilia m edieval, que h ered a los m étodos de cultivo árab es, se ob tien en m edias de 8 y m áxim as que llegan a 20 y 22), así com o rendim ientos tam bién elevados p o r superficie sem brada (de 2 a 20 irdabbs de trigo por fa d d á n , o sea, e n tre 3,6 y 36 hl p o r ha, una m edia de 18 hl), es una agricultura frágil que req u iere un control co n stan te del agua en las zonas de reg a dío y, siem pre, abu n d an cia de ab o n o . R esu lta, p o r ello, sensible a las d estruccio nes repetidas de canales y ganado. No o b sta n te , debe rechazarse la visión «asiá tica» de una sociedad hidráulica: E g ip to , Iraq y el Ju rásán disponen de sistem as regionales de irrigación, al nivel del n o m o , de la com arca y del distrito , que sólo p u ed en ser destruidos com o consecuencia de la repetición de catástrofes. P or el co n trario , esta agricultura se ve escasam en te afectada p o r los desplazam ientos de población y p o r el ab an d o n o de los em plazam ientos de los pueblos. En un m undo am pliam ente inex p lo tad o y en el que hay una inm ensa reserva de tierra s, el capi tal m ás precioso está constituido p o r la técnica y po r el control del agua.
Tr i u n f o d e l a c i u d a d m u s u l m a n a
La revolución cabbAsí sim boliza su triunfo m ediante la creación de una capital colosal, la ciudad red o n d a de M adínat al-Salám , la ‘ciudad de la Paz’, cuyo no m bre evoca el carácter islám ico de la nueva m onarquía. La elección del lugar en que se construyó resulta digna de m ención: com o N ínive al norte y B asra al sur, la nueva capital se en cu en tra en la d esem b o cad u ra de una de las tres c arreteras que cruzan el Z agros y llevan al Ju rásán (N ínive al final del G ran Z a b , B asra por A hw áz y B agdad p o r H ulw án, N ehavend y H am ad h án ). Las com unicaciones flu viales son cóm odas, p o r el Tigris y el E u fra te s, hacia la D jazira y Siria. La región ofrece los últim os lugares de paso fácil so b re los dos grandes ríos an tes d e que el valle se ensanche y se llegue a las ciénagas del bajo Iraq . F in alm en te, los b a r cos m arítim os con poco calado p u ed en re m o n ta r los ríos hasta el em plazam iento de la nueva ciudad. P ara al-M ansúr, en el 758, es «la encrucijada del universo. A llí atracarán y fo n d earán los barcos q u e , p o r el Tigris, vengan de W ásir, B asra, U bulla, A hw áz, F ars, O m án , la Y am ám a, B ahrayn y las regiones vecinas. A llí llegarán las m ercancías, tran sp o rtad as p o r el Tigris desde M osul, el A dharbayd- ján y A rm en ia. D el m ism o m odo allí llegarán los p roductos tran sp o rtad o s po r los