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El «éxito» del Islam*

4 8 EUROPA Y EL ISLAM EN LA EDAD MEDIA

los O m eyas ni reduce la ex trem ad a concentración del pod er; p o r el co n trario , suprim e el co n tra-p o d er de los jefes de tribu q u e constituían el ejército. T o d o el ejercicio de la au to rid ad se en cie rra en el seno de la «fam ilia bendita».

A h o ra son las estru ctu ras fam iliares, am pliadas gracias a la clientela y el p a ­ rentesco ritu al, las que aseguran la gestión del E stad o islám ico. Los cabbásíes sir­ ven al califa com o go b ern ad o res de provincia o jefes del ejército y se seccionan am plios territo rio s del im perio p ara q u e ellos go b iern en y, de m anera p articu lar, p a ra el p resu n to h e red ero q u e, con frecuencia, m an d a el ejército de las m arcas situadas en el fren te bizantino. E stos g o b ern ad o res favorecen, de hecho, los au- tonom ism os su b terrán eo s, inevitables d ad a la inm ensidad y la ausencia de unidad cultural y económ ica del im perio, en particu lar en el inm enso O rien te iranio que H árú n al-R ashid confía a su hijo a l- M a ^ ú n , p roclam ado h ered ero de su o tro hijo, o qu e al-M utaw akkil confía a al-M uctazz, m ien tras que el presu n to h e re d e ­ ro, al-M untasir, g obierna el O este. T am bién el ejército se reconstituye sobre la base de utilizar sólo a m ercenarios y apoyarse en la solidaridad de partidos: com ­ p u esto po r ju rásán íe s, su núcleo está constituido p o r los abná3, «hijos» del régi­ m en, m ientras qu e los antiguos contingentes árab es son elim inados g rad u alm en te del ejército, tachados de los registros de soldada o acan to n ad o s en las m arcas. B ajo al-M ansúr, la gestión del a p arato adm inistrativo se confía, a un fiel ay u d an te del califa y, para d en o m in ar su cargo, se utiliza de nuevo el título de visir ( w azir) del que había hecho uso A bú Salám a. Si se tra ta de un secretario (ká tib), buen co n o ced o r de la gestión de las n um erosas y com plejas oficinas, su relación con el califa será íntim a, fam iliar y tam bién conflictiva: adem ás de recibir una d eleg a­ ción, que tiende a ser to tal, de las prerrogativas califales (absolutism o visiral q u e, no o b sta n te , se en cu en tra m o d erad o p o r la revocación, ejecución o confiscación), el visir, y o tro s co rtesan o s, se ven introducidos, fo rzo sam en te, en la intim idad de la fam ilia com o «secretarios-tutores», es decir, v e rd ad ero s p adres adoptivos, p re ­ cep to res de los príncipes y tu to res que p ro n to resu ltarán m olestos.

La base adm inistrativa del im perio se d esarro llará ráp id am en te y su eficacia se verá reforzada. El gobierno de los cabbásíes constituye el apogeo de la especiali- zación de los d e p artam en to s estatales y del c o n tro l, la o b ra m aestra de los secre­ tarios. El T eso ro om eya ( B ayt al-máí) d esarrolla un conjunto de servicios que co n ­ trola los im puestos territo riales, diezm os, bienes confiscados y el tesoro privado; m ás ta rd e , en el siglo ix, el servicio de los im puestos territo riales se reestru ctu ra en tres que son responsables, respectivam ente, del O ccid en te, O rien te y el Saw ád (región de B agdad) y q u e , en su co n ju n to , están som etidos a un d ep artam en to e n ­ cargado del control. E sta e stru c tu ra , que resulta po r o tra p arte inestable y so m e­ tida a reorganizaciones, se rep ro d u ce en provincias y p erm ite un conocim iento precoz de los recursos fiscales e incluso la elaboración de presupuestos cen trales, q u e se elevan a 400 m illones de d irhem es bajo los prim eros cabbfisíes, a 300 m i­ llones hacia el año 850 e incluso a m ás de 200 m illones hacia el año 900. Los se r­ vicios de la teso rería, que reciben sólo una p arte de los ingresos derivados de la fiscalidad ya que las provincias gozan de au to n o m ía financiera, pag an , a través de los divanes de los gastos y del ejército , los sueldos de los funcionarios y de los m i­ litares, las pensiones de los m iem bros de la fam ilia y las necesidades de la co rte. F inalm ente, las oficinas de la cancillería y del sello registran las decisiones de p o ­ lítica general y los diplom as en los que constan los nom bram ientos, m ientras

EL MUNDO DE LOS CABBÁSÍES 49

que el servicio de correos organiza una red oficial de com unicaciones y de vigilan­ cia policial sobre el co n ju n to del im perio, a la m an era sasánida o rom ana.

E ste sistem a, estab le sólo en te o ría , se en co n trab a no o b stan te som etido a las fu ertes tensiones que agitaban a la fam ilia y a la co rte califal, esto es, fu n d am en ­ talm en te, los conflictos sucesorios q u e form an p a rte , de m odo inevitable, de la estru ctu ra mism a del régim en. N inguna sucesión se ve libre de ellos: a la m u erte de A bú-l-cA b b ás al-Saffáh, el tío de al-M ansúr p ru eb a su su erte alegando su d e ­ recho de m ayor antigüedad; al-M ansúr d eb e a p a rta r a su prim o, designado por al-Saffáh, p ara tran sm itir el califato a su hijo al-M ahdi. C u ando éste i r ' tere, p o ­ siblem ente asesinado, se rom pe el o rd en sucesorio y al-H ádí o b tien e ventaja so ­ bre su h erm an o H árú n . É ste, lib erad o de la prisión a la m u erte de al-H ád!, trata de im poner un o rd en sucesorio e n tre al-A m tn y al-M a^mún. Fracasa y, a su m u e r­ te, el E stad o se ve d esg arrad o p o r u n a d u ra g u erra civil que estalla en el m o m en ­ to en que el califa elim ina de la sucesión a su m edio herm ano. A l-M a3m ün, con el ejército del Ju rásán m an d ad o prin cip alm en te p o r T áh ir, m archa sobre B agdad y asedia la ciudad desde agosto del 812 hasta septiem bres del 813, viéndose o b li­ gado a vencer la resistencia heroica de la población. E stos conflictos se ven a n i­ m ados, po r o tra p a rte , por la co m p eten cia de los secretario s-tu to res y p o r las a m ­ biciones de las reinas m adres, cada una de las cuales espera d e rro ta r a sus rivales del gineceo califal. E sta atm ósfera de intrigas desatadas acaba po r afectar el ca­ rácter m ism o del p o d e r califal: al-M ahdi m u ere, tal vez asesinado, y se abriga la m ism a sospecha sobre la m u erte de al-H ádí; al-A m in, po r o tra p a rte , m orirá a m anos de los soldados de T áh ir.

¿Q ué sentido tiene?

Los conflictos que surgen en el seno de la fam ilia rep ercu ten , sin d u d a, en el am b ien te de palacio y contribuyen a que el visirato tenga una historia caótica, in terru m p id a p o r trem en d as desgracias y confiscaciones desm edidas, hasta el m is­ m o fin del gobierno personal de los cabbásíes. La fragilidad de su su erte lleva a los secretarios a pro m o v er una consolidación d esm esu rad a de su p artid o , a tra ta r de enriquecerse sin m edida, y agrava sin cesar el carácter de p o d er privado y de delegación personal y total del m ism o q u e caracteriza al visirato. Los favoritos reciben títulos significativos y su ntuosos (« h erm an o en Dios» es el apelativo de Y acqúb ibn D áw úd bajo al-M ahdí) q u e im plican una integración en el seno de la fam ilia y enm ascaran la inestabilidad del cargo. U n caso resu lta, an te to d o , digno de m ención: es el de los B arm ek íes, descen d ien tes del su p erio r de un convento b udista de Balj, que gobiernan e n tre 786 y 805, a p a rtir de Y ahyá, tu to r de H árún al-R ashíd, gracias al cual este últim o alcanzará el p o d er. La e x trao rd in aria buena su erte de esta fam ilia, d ada la d uración y am plitud qu e alcanzaron sus p o d eres, perm itió una política a largo plazo cuyos frutos fueron: reconciliación con los p a r­ tidarios de cA li, reclu tam ien to de un nuevo ejército en el Ju rásán e im posición de la paz a B izancio. Se p roduce una v e rd a d e ra división del trab ajo político que asocia el visirato, to d o p o d ero so en B agdad, con el califato, dedicado de m an era exclusiva a la guerra santa o djihád. El peso fiscal de esta política d ará lugar, en el 803, a la caída y ejecución de los B arm ekíes.

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