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1 2 8 ESCRITOS SOBRE MAQUIAVELO

In document [Libro] Chabod - Escritos Sobre Maquiavelo (página 123-125)

Cuando Duplcssis-Mornay afirmaba el derecho de rebelión para los conductores, es decir, para los príncipes, magistrados y grandes señores, y no para el pueblo, «belluam (...) illam innumerorum capitum» 241; cuando Hotman sostenía la suprema autoridad de los estados en el desarrollo de la vida nacional 242, y cuando las invocaciones de los perseguidos se elevaban a los príncipes de la sangre como defensores naturales del pueblo, lo que ocurría era que se volvía al pasado, en su espíritu y en sus instituciones 243. El rey volvía a ser el «primus Ínter pares» 244, y se hacían remontar las calamidades de la nación a los tiempos en que con mayor vigor se había emprendido la gran política unitaria 245.

El grito de los escritores hugonotes parecía el de una Francia moribunda, no el de una Francia naciente; y de nada, servía el que, a intervalos, la burguesía pequeña y media cobrara preponderancia dentro del partido, porque entonces el que triunfaba, después del espíritu aristocrático, era el espíritu autonomista ciudadano 246.

Pero si de esa manera resurgía por un momento el viejo mundo carcomido, también surgía a la luz algo no caduco, abriéndose paso por entre la armazón del pasado. Porque si en el movimiento reformador se habían grabado profundamente los intereses políticos de clase, anhelantes por recuperar su poder combatido por el absolutismo de los Valois 247; si se les habían sumado aspiraciones sociales, deseos de masas artesanas que pretendían salir de la crisis económica y de la opresión patronal 248; si todas las razones políticas

1.1 Vindi cite eontra tjrtaatt, ed. Francfort, 1 6 1 1 ,11, pp. Cf. Elk a n, tp. t il., pp. 1) 4 -1) } . Cf. «imperitae vulgi mulluudinis cuius propriutn est nihil sapero*. F. (Iotuan, Fraaet-G allia. ed. Francfort, 166), cap. X II, p. 147. Y es interesante señalar que Hulmán llama ptpalat. para la antigua Galia, a los que son los p ria rtt y los priatipn (ibld., cap., V II, pp. 8) y ss.); es decir, que el pópalas, que habla en los concilios y participa en la dirección de la vida nacional, es la aristocracia feudal. Es notable, asimismo, la defensa que hace Gcntillet de la nobleza francesa, contra Maquiavelo {D iitoan cit., III, pp. 827 y ss.).

3.2 Para la opinión de I lotman acerca de los concilios, las magistraturas, los pares de Francia, etc., cf. Franee-G tllia. X II, p p.ts8 y ss.. 1)7 ; X IV , p p .17 1 y ss.; X V , pp. 188; X V II, pp. s t t y ss.; X X V , pp. 18 ) y 299.

242 P. Mí a i v, L e í pablkislrs ¡tañíais dt la Rifarm e. Dijon. 190), p. i í ( .

244 Fraaet-G allia, p. 148; Vindinae. III, p. 70 («Quasi praeses»: vuelve a mencionarse aquí el ejemplo del rey de Aragón y su elección, ya señalado por I lotman. que se repite también en el D t ja re magnlralaam in tabdihs el affeña sabdiltram erga magislraias, ed. Francfort, 1622, añadido a las V'indiciae, IV , 2, p. 2)8); mientras que los grandes magistrados resultan ser «quasi impertí consortes et Rcgnum Ephoros» {V in d u itt, pp. )ó-)7).

242 Franco-Gallia. Prefacio.

244 G .-1. W eiu.. tp. t i!., pp. 1 28 r ss., pone muy en claro la acción de los hugonotes después de la noche de san Bartolomé, cuando prevalece momentáneamente el Tercer Estado sobre la corriente nobiliaria. El espíritu municipal de La Rochelle. por ejemplo, concuerda perfectamente con d sentimiento religioso; cf. l~ von Rankf.. tp . t il.. I, p. 27).

247 Con todo, si bien estos intereses eran propios de los hugonotes, no lo eran menos de los jefes católicos, promotores de las distintas Ligan.

241 Acerca de la Reforma francesa ton excelentes, aunque muy generales y breves, las observaciones de H. Hausex, L eí loaren de íH illo m de Fronte, 11, >, Paris, 1 9 11 , pp. 1-) y

habían condicionado la acción de los hugutnots tfesíat, por otro lado la pasión religiosa, intensísima, no sólo en las masas, sino también en muchos de los propios jefes 249, seguía siendo un poderoso incentivo del que la muchedumbre tumultuosa no habría podido prescindir. No porque el móvil político, inmediato y en este caso forjado por las reminiscencias del pasado, no ocupara muchas veces un lugar predominante, mientras que el religioso le servía de barniz exterior, sino porque la voz de Dios penetraba, con todo, en ese mundo tan rico en intereses prácticos, y si en algunas ocasiones quedaba superada, en otras en cambio lograba tomar la iniciativa, iluminando con luz nueva las ruinas del tiempo remoto. La concien­ cia religiosa había inspirado a aquellos «fols de petite condition (...) qui se faisoient brusler» * *, y volvía, aún en pleno furor de los antagonismos políticos, para conmocionar los ánimos2S0.

Ahora bien, cuando la monarquía pareció convertirse en enemi­ ga despiadada de las nuevas exigencias religiosas, y los hugonotes comprendieron que no podían arrastrarle a satisfacer sus designios, incluidos los políticos, sobre todo cuando, detrás de ella, se perfila­ ron las sombras de los asesinados en la noche de san Bartolomé 251, aquella misma conciencia hubo de apoyarse en las formas constitu­ cionales de los tiempos idos y, para procurarse la salvación, se vio obligada a remitirse al pasado, oponiendo al absolutismo, que se había tomado intolerante, la monarquía aristocrática2S2. De esa manera, la que por un lado era la voz de unas castas moribundas, por otro se tornaba invocación de un alma nueva y fuerte que se

ACERCA DE «EL PRÍNCIPE», DE NICOLÁS MAQUIAVELO 1 2 9

especialmente jo . E u a la participación de las clases populares y su carácter social y religioso a la vea, cf. Erad» n a ¡t R i/trtn frtttftü t, París, 1909, pp. I ) y as., 17 ) y ss.. y asimismo P. Imbart d e laT oo», tp . rít., III, París, 19 14 , p. j7 ) y ss. En cuanto a las cuestiones políticas, cf. el hermoso análisis de L . Romiek, L rr triftntt politiqm t dtt gttrrtt dt rtlifttt. París, 19 14, II, pp. t i | y ss.; y para todo el movimiento en general, hasta i | ( i , el vasto y vigoroso cuadro, también de R om ea, C ttbirim dt M idirít, París, 1 9 » , pp. 1 1 1-300.

" • Para Condé. cf. Ra n e e, tp. tit., I, p. 1 5 ! ; para Franfois d'Andelot, R om ea, L rr trigim t ptliríqm t cit., II, pp. a lt , a l), 1I6 ; C ttbirim dt M idirít cit., II, pp. 1 4 1, t j ) , i ) l . En cambio,

Antonio de Borbón y Conde estaban lejos de preocuparse por su alma. * «Tontos de baja condición (...) que se hadan quemar.» (Ai. dt,l T .)

“ «Les conscientes nc se domptoicnt. ni appaisoient par la forcé des armes» (la s conciencias no se doman ni se apaciguan por la fuerza de las armas) (P. Duplessis-Moanav, M im ttnt, La Forest, 1614 , I. p. 4 ) 1) . «Or la k u r pourroit romprc i tous, que leur opinión toutes-fois y demeureroit entiese» (Aunque se la rompieran (la cabezal a todos, en cualquier caso su opinión quedarla entera) {iM d., I, p. 17 , cfr. a l). Y Gcntillet: «Or il y a ríen au monde qui soit micux nostre que nostre ame, nostre conscicnce et nos vics* (Ahora bien, nada hay en el mundo que sea más nuestro que nuestra alma, nuestra conciencia y nuestras vidü» (D iitttri, III, p. (70). Ver retórica en esta afirmación, .0 sólo la cobertura de segundas intenciones, podría ser muy cómodo, pero completamente erróneo.

151 Acerca de la actitud de los hugonotes ames de la noche de san Bartolomé y después de ella, cf. F. De c i d e, L 'tttie t politiqm dt C tbin bert dt C rsór d'aprit u ttrrtspomiiittc, Ginebra, 1909, P 7-

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