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7 6 ESCRITOS SOBRE MAQUIAVELO

interior por la virtud de quien lo crea; un gobierno, en suma, capaz de mantener con firmeza a los menores poderosos de Italia, de humillar a los mayores que puedan perturbar la vida en común, y de echar fuera a los poderosos forasteros, siempre dispuestos a insinuarse en las luchas internas para imponer su yugo

Un dominio fuerte por este estilo había tratado de crear el Valentino <w, tanto más admirable, en consecuencia, para Maquiave- lo; y un Estado semejante, el escritor, reducido al deseo de remover cielo y tierra, procura señalárselo a los Médicis. Porque E l príncipe no es, en el propósito de quien lo concibe con febril rapidez, una obra de arte, ni tampoco mero intento de ordenamiento intelectual, * 1

99 En la larga exposición que hace Maqutavclo (E lprin cipe, cap. til) de la necesidad para un príncipe que está en una «provincia desigual» (como lo era a la sazón Italia en cuanto a costumbres y órdenes) de hacerse jefe y defensor de los «poderosos vecinos menores», de debilitar a los que allí son poderosos, así como de preocuparse de que «por ningún accidente entre en ella un forastero tan poderoso como el», reside todo el programa del principe nuevo. Éste traerá la paz a Italia, sanará sus heridas y la curará de esas llagas suyas que supuran desde hace mucho tiempo, sólo que precisamente de la manera recomendada a un conquistador en tierra extranjera, pero que se adapta perfectamente incluso al príncipe nacional: teniendo quietos y sometidos a los demás poderosos, por su mayor fuerza, e impidiendo de tal modo que los bárbaros vuelvan a cruzar los Alpes. Así se comprende por que en la exhortación final de E l príncipe, esta suprema propuesta de liberación de los bárbaros se convierte en pasión exasperada contra aquella gente dura, despreciativa y odiosa, y por que Maquiaveto habla de toda Italia, que aguarda su redención y espera a su liberador.

N o era diferente, por otra parte, la concepción de los demás historiadores de la época. En efecto, Jacopo Nardi habla del Valentino como de un pretendiente al Señorío de Italia. En el resumen del libro IV de las Istorie d i F in are (Florencia, 19 4 1, I, p. xiS) dice: «El Valentino, aunque se les presente (a los franceses| como amigo, querría sobre todo expulsarlos de Italia, para convertirse ¿I en señor de tila...» Y más adelante, hablando de la muerte del Borgia: « Y así fue el final de este pérfido hombre que con tanta soberbia se había propuesto la monarquía de Italia, como por las cosas por él hechas y planeadas se ha podido ver» (ibid., p. 595). Veamos, pues, qué cosas eran ésas: «(...) porque se vio que el Valentino reunía a toda su gente, y por volver a consolidarse se adverría manifiestamente que su designio y el del Papa consistía en quedarse detrás con su gente y no marchar de otra manera hacia el reino |de Ñapóles. i$o$| en ayuda de Francia (...). Y todo eso se hacía para poder batir a quienes había destinado, y que en verdad eran,

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fímeramente. los florentinos (...). Y aun para arrojarse después sobre los franceses, según fuera 1 ocasión, cuando les sobreviniese algún siniestro, y así expulsarlos completamente de Italia, a fin de quedar él, can <n todo, como arbitro y amo (...) Había el Valentino rodeado codo nuestro dominio [el de Florencia] por la parte de arriba y del lado de las tierras de la Iglesia, con el acertadísimo designio — cuando el ejercito francés hubiese pasado delante de regreso del reino (de Nápolcsj- de avanzar hasta Perusa, y desde ese lado asaltar súbitamente la ciudad (...), poniendo así en práctica lo que el Papa y el duque habían tenido siempre en el ánimo (...)» {ib id . pp. 509*) 10). 1.a monarquía consistía, pues, en ser M itro de Italia, y se apoyaba en un Estado unitario de la Italia central, asi como en la expulsión de los bárbaros, necesaria para quitar de en medio cualquier perturbación. Hegemonía, no anión absoluta. Una hegemonía que sólo resultaba posible con la constitución de un fuerte dominio central y el alejamiento de los «forasteros poderosos». La concepción de Maquiaveto no es diferente. Véase además, a este respecto, que ambos escritores concuerdan en cuanto al Valentino y sus ansias de dominio.

E n relación con el concepto de la libertad de Italia en aquellos años, cf. F. N i m , Leone X e la sna política. Florencia, 1 I 9 1 , pp. 55 y ss. Casi todos podían suscribir las palabras de Coluccio Salutati: «Sum denique gente italicus, patria florentinus» (Epistolario, cd. Novad, Roma, 1S9), V il, f), aunque luego se hablara de la una nrbt y de la itala gtns mu (cf. A . Meo in, Caratterí t forme della poesía storico-politica sino a futió i l secóla X V t , Padua, 1897, p. j j).

99 Quien aspiraba «a imperar en Toscana, como la más cercana y apta para hacer de ella un reino con los estados que tiene»: D el modo d i trattare i popote della Valdichiana ribellati.

sino, en primer lugar, una suma de consejos y de dictámenes prácticos, súbitamente recogidos en un solo cuerpo, diríamos en un memorial que el súbdito ofrece, sin que le sea pedido, a su señor; poco distinto, pues, de las diversas comisiones y relaciones escritas, por Maquiaveto y por otros, acerca del reordenamiento de la ciudad,

ni tampoco muy disímil, en su intención, de aquel Discorso sul

riformare lo Stato di Fícenle que más tarde escribirá, por encargo, para

León X 100 101. Necesidad de crearse un mundo espiritual donde poder moverse y discurrir a sus anchas; placer, casi, de contemplar una sistematización de los pensamientos gradualmente madurados a lo largo de los años, que se concretan en el deseo de indicar los caminos seguros del gobierno a quien se apresta para una más alta fortuna y en la voluntad de volver a entrar en el mundo práctico: la génesis del breve libro se halla en la trabazón de todos estos variados sentimientos que al escritor, en la agitación del trabajo, no se le aparecen ya con sus distintas fisonomías.

¡Pero no ejercicio literariol Maquiavelo está demasiado lejos de la triste costumbre, que durante mucho tiempo ha sido debilidad fundamental de los italianos, de adormecer la conciencia y la voluntad en la literatura y el estilo. Ni siquiera escribe el título en la primera página del opúsculo; y lo llama tratado De principatibus,

De’ principati o li Principe101, indiferentemente, como algo que posee

valor no por su vestidura formal ni sus lineamentos estilísticos, sino por la íntima seriedad que lo anima y que ordena preceptos y consejos.

Sólo que, en este caso, la necesidad práctica y el fin inmediato que, en cambio, inspirarán en exceso el Discorso sul riformare lo Stato

di Firen^e, se transfiguran, en el fervor de la creación, en la necesidad

absolutamente personal de un esclarecimiento para sí mismo, de una creación orgánica que justifique la meditación solitaria. Así es como se diferencia, para suerte nuestra, E l príncipe.

Y Maquiavelo, que teoriza los resultados últimos de la historia italiana pensada de nuevo, como si estuviese todavía en su momento

ACERCA DE «El. PRINCIPE», D E NICOLAS MAQUIAVELO 7 7

,0# A este respecto, cf. D. Tomuasini, op. til., II. pp. 200-207: P. Vil l a» , op. ti!., III, p. ja

y s». [G. B. Rid o lfi, op. t i!., pp. 271-277 y n. 2 t, pp. 4 J0 -4 J1). Pero aquí aparece un Maquiavelo en el que se puede columbrar un retorno al pensamiento democratizante del periodo savonaro- liano, es decir, un Maquiavelo ciudadano.

101 £| titulo Do principatibus aparece en algunos manuscritos (O. Tommasini, op. cit., II, apéndice,¡pp. 10 16 y ss.) [En la edición Italia de 1S1 j , la alusión contenida en D itcurm , III, X L II, reza: «Ampliamente se ha discutido sobre nosotros en nuestro tratado sobre el principe.» En cambio, en las ediciones Mazzoni-Casella, Panella y Flora-Cordié, el titulo está dado en latín: «Ampliamente se ha discutido sobre nosotros en nuestro tratado Do Principo»] Aparece Doi principati en los Ditcurtot II, I y en ellos también // Principo (III, X L II). [Asi también ocurre en