iba a cesat. Las voces airadas seguían resonando, y lo que les daba pie, por encima de todo, era siempre el maquiavelismo de los príncipes, la acción práctica de cada día, en la cual, por una costumbre ya inveterada, se seguía viendo la mano lejana del inapresable enemigo 296.
Con todo ello, en un movimiento tan tumultuoso había dismi nuido toda posibilidad de critica. Actores, que no espectadores, de una lucha continua, conturbados por las exigencias prácticas e inmediatas y por las consecuencias directas de su actitud, arrastrados por la vehemencia de la pasión, aplastados la mayoría de las veces por la flaqueza de su espíritu, los antimaquiavelistas no podían en manera alguna llegar a una evaluación serena de la obra del enemigo de cada día.
Pero si bien no alcanzaban ese grado de equilibrio, su misma suerte la compartían los que se erigían en defensores de oficio de Maquiavelo y que fluctuaban, sobre todo, entre la justificación práctica y la sentimental y finalística, proponiéndose unos ver en E l príncipe, casi exclusivamente, una crónica rerum gestarum, y otros descubrir la secreta intención republicana de su autor 297. La inten sidad pasional del problema seguía siendo tan grande que se imponía a toda expresión más circunspecta, con lo que se anulaba la posibilidad de una valoración critica.
Para que ésta se inicie, habrá que esperar al siglo xix. Sólo entonces la obra del florentino, sustraída a los antagonismos y las 299 Thcophraste Renaudot decía de Richelicu, en i6j6:(T oi, tu te sers de la religión comme ton preceptcur Machiavel (...). Ta tete est aussi préte a porter le turbant que le chapcau rouge» (Tú te sirves de la religión igual que tu preceptor Maquiavelo T u cabezá está tan dispuesta a tocarse con un turbante como con el capelo rojo) (en J . Rogrr Charbonnel, op. cit., p. 73; y en O. Tommasini, op. cit., 1, p. 605). De Mazarino dice el Caíttbismt dt Cottr, Paria, 1631*. «Je crois (...) en Mazann, qui a été congu de l’esprit de Machiavel» (Creo... en Mazarino, que fue concebido del espíritu de Maquiavelo) (Tommasini, op. cit., 11, p. 933). Se suma al coro Federico U: «11 parait que ces Cardinaux hals ct estimez des Franjáis, qui successivemem ont gouvcmé cct Kmpire, ont profité des máximes de Machiavel pour rabaisser les Grands» (Parece que esos cardenales odiados y estimados por los franceses, que gobernaron este Imperio, aprovecharon las máximas de Maquiavelo para rebaiar a los grandes) (And-M achiavel, cap. IV , p. 37). N o bastaba que contra esta supuesta utilidad de la obra de Maquiavelo protestaran G . Scio pw o ( Pcedía politices, Roma, 1623, p. 27) y más tarde j . F. Ch m s t*. «Quasi vero ilta imperantium iniquicas, nisi e libril prudentum, discí nequeat, nec per se sufficere ingenium humanum, malis eius-modi patrandil»' possir» (De Nicolao Machiarelli libri tres, Leipzig, 17 3 1, dedicatoria y 1,1 5 . pp. 33 y ss.).
297 Para estas varías corrientes de defensores de Maquiavelo, cf. L. A . Bu r ó, op. d t., pp. 60-61. F.I Maquiavelo de la secreta intención republicana aparece también en $pino2a: «Praeterci ostenderc forsan voluit, quantum libera multitudo cávete debet ne satuten suam uní absolutc credat» (Tractatas políticas, ed. Van Vesten,i9i3, V , 7, p. 24). Cf. el juicio de G . Pa r in i, Prote, Barí, 1 9 1 3 , 1, p. 269. Esta fue la interpretación predilecta desde el siglo x v m , especialmente en 1» segunda mitad, cuando se requirieron de Maquiavelo leedoras de libertad y, en consecuendᣠvolvieron a salir a la luz los Piscursos (A. El k a n, «Di Enrdeékung Machíavcllis in DeutschltftJ zu Bcginn des 19. Jahrhunderts», en Historiscbe Zeitschrift, 119 , 1919, pp. 430-431). Y es notable la influencia que ejerció Maquiavelo, justamente como maestro de libertad republicana, sobre los jansenistas italianos (E . Ro t a, C'm eppe Poggi e Ut Jormoxjont psicologías del patriota moderno, Piacenxap 1923, pp. 4 !, n. 3; 76 y ss., I9 y ss.). Por lo demás, también en los tiempos de la critica hubo quien dijo que *J2/ príncipe habla sido escrito con la intención de iluminar a los pueblos y de alucinar a los tiranos» (G. A u ico , L a rita di Niccolo Macbiaveili, Florencia, 1873, p. 436).
ACERCA DE «EL PRINCIPE», DE NICOLAS MAQUIAVELO 143
pasiones de la vida cotidiana, podrá por fin aislarse en la lejanía y mostrarse con la transparente ligereza necesaria para la formación del pensamiento reconstructor; al mismo tiempo, hacia el hombre antes odiado con ia violencia de la humanidad atormentada, va lentamente inclinándose, con secreta emoción, el ánimo de los que ahora perciben en él al gran maestro espiritualm .
En el sitio dejado por los ataques encarnizados puede abrirse paso el estudioso, más lento y tardo quizá, pero más preciso y sereno. No es que no se produzcan desviaciones, también, en la etapa de la reconstrucción; las hay, incluso, de bastante entidad. Una cuestión moral muy mal enfocada, preocupaciones nacionalistas en perpetuo afán y elegantes inquietudes filológicas volvieron por momentos a enturbiar las aguas desde hacía poco, si no límpidas, algo más claras. Desde luego, la crítica ha andado a menudo tanteando en la oscuridad y confundiendo con pilastras de apoyo las delgadas columnatas decorativas.
Pero esto es tan natural que seria poco discreto de nuestra parte el mostrarnos asombrados.
m «(...) y con profundo alecto del alma lanzo loa brazos al cuello del hermano, asi sea Moisés, profeta, evangelista, apóstol, Spinoza o Maquiavelo», Goethe (O. Tommasini, «W. Goethe e N. Machiavclli». en Kradiraw// áelTAfcadim ta N a yiu u b J t i Lineei; 1901, p. z del extracto). Ahora si que Maquiavelo penetraba reahnente en la medula de los grandes hombres, y n o ya sólo como preceptor pata los pequeños manejos de la política. Su influencia en el pensamiento alemán (Hegel i (■ ichte) ha sido puesta de relieve eficazmente por Me in e c e e. asi como su suerte en tierras Hermanas la ha explicado dignamente Elk a n; igualmenmtc tuvo considerable influencia el escritor florentino en la formación del pensamiento de Alficri y Foscolo (cf., para el primero, U. < «IXKSO, L ’aw rfSia d i V il Itrio A ifitri, Bari. 19 14 , pp. 7 1. t i l y ss.).
Sobre la composición de « E l prín cipe» de N ic o lá s M aquiavelo
Publicado en Arcbivum Romaniaim, Florencia, X I (19 17), pp 330-385. Al dar hoy a la luz, completamente reordenado y muy aumentado, este artículo, que se elaboró en el transcurso de un trabajo realizado en el Seminario Histórico de la Universidad de Berlín, quiero expresar mi agradecimiento al profesor Albert Brackmann, de esa universidad, que me prodigó toda clase de atenciones durante mi estancia en la capital alemana. Por ello le dedico ^este trabajo.
Como apéndice de una hermosa introducción para II Principe,
publicada hace pocos años, Meinecke en relación con la composi
ción del escrito, sostenía ingeniosamente una tesis que merece ser ampliamente discutida y que puede dar motivo a un nuevo estudio del tratado, en su génesis y en su estructura.
Según el historiador berlinés, E i principe, del que se hacen amplias referencias en la conocidísima carta a Vettori de diciembre de 15 13 , habría constado inicialmente de los once primeros capítu los, mientras que los otros quince habrían sido añadidos con posterioridad, aun cuando en inmediata sucesión de tiempo. La tesis así formulada se fúnda en una serie de observaciones que aquí se resumirán brevemente.
El objetivo que Maquiavelo se propuso al escribir el tratado está expuesto en la carta a Vettori del 10 de diciembre:
«He (...) compuesto un opúsculo De principatibus, en el que pro fundizo cuanto puedo en la investigación de esta materia, exponiendo qué es principado, de cuáles especies existen, cómo se adquieren, cómo se mantienen, por qué se pierden (...). Filippo Casavecchia lo ha visto y podrá en parte informaros, tanto de la cosa en sí como de los razonamientos que hago de ella, aunque todavía lo estoy aumen tando y puliendo.»
En primer lugar es preciso, pues, contar con la posibilidad de que el tratado haya recibido ampliaciones esenciales. Y , en realidad, si examinamos los primeros once capítulos, podemos observar que en ellos se cumple perfectamente el programa del escritor. Los nueve primeros hablan de las distintas especies de principado y su adqui- 1
1 D tr F irst m d k ltn trt S ib riftn , Berlín, 19 1) (colección «Klassiker der Politik», 8). También menciona expresamente esa tesis suya Me i n e c k een Oh ldtt dtr Staútsrim* m dtr ttkerta Gettbúbtt, Munich-Bcrlin, 1914, p. 49. Y o me he referido ya brevemente 1 la cuestión (cf. mi trabajo «Del trisuipe di Niccoló Machiavclli», Milán-Roma, 1916, p. j , nota) [cf. tip rt, p. 44, n. 10, N E >/.], pero me parece oportuno volver sobre ella con el Hn de examinarla más detenidamente. Al hacerlo K me presenta, además, la oportunidad de revisar el otro problema, en al independiente del que plantea Meinecke, de una primera y una segunda redacción del tratado en dos etapas, tesis a t a que sostiene decidida y definitivamente Tommasini.
1 4 8 ESCRITOS SOBRE MAQUIAVEl.O
sición, mantenimiento y pérdida; el capítulo X trata la cuestión general de las fuerzas de los diversos principados; el X I, que empieza justamente con la frase: «Sólo nos quedan por analizar ahora los principados eclesiásticos», estudia esta singular y absolu tamente única clase de principado, que es el eclesiástico, no sujeto a las leyes de los demás gobiernos.
El programa está cumplidamente ejecutado y hasta se encuentra una frase de posible conclusión: «Por tanto, Su Santidad el papa León ha encontrado al pontificado poderosísimo, y es de esperar que, si aquéllos lo hicieron grande con las armas, éste, con la bondad y sus otras infinitas virtudes; lo haga grandísimo'y venerable.»
Es verdad que también los capítulos siguientes están estrictamen te en relación con el tema, tal cual fue enunciado; pero, bien mirado, no eran en rigor necesarios para cumplir con lo propuesto por Maquiavelo. El mismo escritor, al principio del capítulo X II, declara haber desarrollado su tema de modo «particular».
Pero mucho más importante es una segunda cuestión que supone la verdadera base de la tesis de Meinecke. Los capítulos X II al X IV tratan de la defensa del Estado; pero es que el problema militar estaba tratado ya en los capítulos VI, VII y X , en los que se encuentra ya, por lo menos ¡n nuce, el pensamiento fundamental de Maquiavelo, según el cual las milicias mercenarias no tienen valor y sólo con soldados propios puede un príncipe ser políticamente independiente. El capítulo X se refiere en particular a la defensa y, no obstante, el escritor vuelve a hablar de ella en los capítülos XII a X IV .
Admitiendo entonces que el tratado haya sido concebido y compuesto de una sola vez, su urdimbre lógica, hasta aquel punto tan rígida, se habría deshecho, y Meinecke excluye decididadamente la posibilidad de que los capítulos X y X II al X IV hayan sido concebidos simultáneamente como partes del mismo escrito. Si Maquiavelo hubiese querido detenerse aún más largamente en las cuestiones militares, debía haberlo hecho en el capitulo X , cuyo contenido le obligaba a ello.
Para los que señalan que con el capítulo XI se cierra la parte especial, y con el X II comienza la general de la obra, Meinecke apunta, rebatiéodolos, que ya el capitulo X trata de una cuestión general, «De qué manera han de medirse las fuerzas de todos los principados». Si hubiese existido una redacción simultánea de todo el escrito, aquí aparecería una incomprensible ruptura de la trama lógica. Más aún: el capítulo X trata de las ciudades fortificadas y el
SOBRE LA COMPOSICIÓN DE cEL PRINCIPE» 149
X X de las ciudadelas, y es absolutamente inverosímil que Maquia velo hubiera dividido de tal modo dos temas tan estrechamente vinculados entre sí y que en los Discorsi son examinados en el mismo capítulo (II, 24).
Sin embargo, en los primeros once capítulos se encuentran expresiones que remiten a los capítulos posteriores; en el III, «respondo con lo que más adelante diré acerca de la fe de los príncipes y cómo se la debe observar», es una remisión al X V III; en el X , «y más adelante lo mencionaremos, cuando sea necesario», a X II-X1V; por último, está la frase del capítulo X II, «quédame ahora discurrir en general...» Pero ésta no es más que una tentativa de relacionar formalmente la segunda parte del tratado con la primera, y son inserciones posteriores las dos frases de los capítulos III y X.
Meinecke cree, pues, que Maquiavelo, tras haber escrito el tratado que llegaba solamente hasta el capítulo X I, quizá haya deseado añadir en primer lugar los capítulos X I1-X IV sobre las cuestiones militares; pero, en el decurso del trabajo, las ideas siguieron afluyendo, el pensamiento se hizo cada vez más seguro, claro y profundo (el imponente exordio del capítulo X V demuestra que sólo en ese momento cobra Maquiavelo plena conciencia de la originalidad de su manera de pensar), y así fue como se originaron todos los capítulos posteriores, en los cuales se vuelve sobre razones ya aducidas antes, desarrolladas y profundizadas, como lo demuestra la confrontación entre las enseñanzas «maquiavélicas» de los capítu los VII y V III con las de los capítulos X V al X V1I1.
A primera vista, la tesis de Meinecke, tan vigorosamente soste nida, parece muy sugestiva. Pero, volviendo ya a pensar en la impresión general de continuidad y de totalidad que nos deja la lectura de E l príncipe, empiezan a surgir las dudas, que después crecen, cuando se hace un nuevo examen, detallado, de cada cuestión, de manera que, en última instancia, nos vemos inducidos a no aceptar la hipótesis tan ingeniosamente presentada. Para convencemos, pues, pasemos sin más al análisis detallado.
Y para eliminar desde un principio las cuestiones menores, releamos las palabras de que Maquiavelo se vale en la carta a Vettori para definir su obra: «(...) exponiendo qué es principado, de cuáles especies existen, cómo se adquieren, cómo se mantienen, por qué se pierden (...)». Para Meinecke, ese programa queda cumplidamente desarrollado en los capítulos I a X I. Ante todo, me parece que esto es tomar tales palabras en un sentido excesivamente abstracto y
ISO ESCRITOS SOBRE MAQUIAVELO
rígido: basta recordar la forma mentís de Maquiavelo para echar de ver que el tratado sobre la naturaleza y las formas de los principados tenia que pasar, sin solución de continuidad y con perfecta lógica interna, al examen de la virtud y de la manera de actuar del príncipe. Precisamente los capítulos X V -X X III son, en mayor medida que los demás, los que puedan servir para «mantener», esto es, para impartirle al jefe de gobierno las directrices generales acerca de la tarea de cada día y, en especial, sobre las relaciones de política interna. Pero, para resolver esta primera cuestión, es suficiente una simple confrontación con la carta que Biagio Buonaccorsi le envió a Pandolfo Bellaca, adjunta con una copia de E l príncipe (nuestro manuscrito Mediceo Laurenziano), que entonces constaba ya de la totalidad de los veintiséis capítulos. Gn la obra «nuevamente com puesta» por Maquiavelo, Bellaci encontrará descritas «todas las cualidades de principados, todos los modos de conservarlos, todos sus atropellos, con una circunstanciada noticia de las historias antiguas y modernas»1 2 *. E l enorme parecido de las expresiones (nótese que también Buonaccorsi habla de las cualidades de los principados, no de los príncipes) demuestra que las palabras de Maquiavelo de ninguna manera deben limitarse necesariamente a los capítulos I-XI del tratado, sino que, en su generalidad, pueden abarcarlo todo.
En esa misma carta a Vettori, Maquiavelo dice estar «todavía» aumentando y puliendo el escrito, y por «pulir» entiende el trabajo del acabado estilístico. Pero en cuanto a la magnitud de esa reelaboración formal empiezan a surgir dudas apenas se piensa que, precisamente en E l príncipe, vuelven a encontrarse unas construccio nes latinas que no aparecen en las obras más estudiadas y limadas, pero que son copiosas en las cartas, y que aportan al razonamiento una nota de «familiaridad» J; que los títulos de los capítulos han quedado en latín, a diferencia de lo que sucede en las obras más elaboradas, y que, en suma, todo el estilo de E l príncipe, con sus modismos, particularidades sintácticas, etc., demuestra que la obra maestra artística de Maquiavelo es un trabajo hecho a vuelapluma y no sometido a ninguna reelaboración formal y minuciosa 4.
De suerte que, si se recuerdan las preocupaciones estilísticas de Maquiavelo, testimoniadas por la larga y escrupulosa labor de
1 P. Vil l a m. N itn ii MatkiavtUi t i im i ttmpi, Milán, 1917, II, p. 61.
3 Cf. mi «Introducción» 1 II Prim ipt, Turín, 19 14, p. xxxvi [p. j del presente volumen,
N E ¡t.|.
SOBRE LA COMPOSICIÓN DE «EL PRÍNCIPE» 151
pulimento que sufrieron en su forma las obras con las cuales se puede establecer una comparación entre el esbozo y la redacción definitiva s, si se piensa, digo, en el refinamiento estilístico de las Istorie fiorentine y se lo compara con la forma de E l príncipe, no se puede por menos que concluir que esa reelaboración formal debió quedar muy pronto, por no decir en seguida, abandonada 6.
Queda el verbo «aumentar», que alude sin duda a un trabajo de añadidos, al punto de que algunos editores lo han cambiado por «engordar» * *, como si se refiriera a la ampliación de la materia 7.
Pero es que engordar también significa añadidos, pero añadidos que se hacen sobre un cuadro ya completo en su disposición fundamental y en su estructura de conjunto; creo que difícilmente hubiera Maquiavelo usado ese verbo si en verdad hubiese querido referirse al comienzo de toda una parte nueva, o más bien, decidi- dadamcnte, a un segundo tratado (nótese que, por lo menos, los capítulos X II-X IV debieron ser concebidos al mismo tiempo, es decir, que se trataba de añadir tres capítulos a otros once, más de la cuarta parte del opúsculo entero). En segundo lugar, ya a propósito del trabajo de pulimento formal, se presentan serias dudas acerca de
* Esto se lo señalaba ya. a Lisio, O . To m m a sin i, Rendieanii deltAccadtm ia Nacioaalt ¿ ti L im ó , 1900, p. jzz. Ese proceso de reelaboración se advierte en las H iU ariaiflortn/inat; Tommasini. L a rite r f f i striu i ¿ i N iceali MacbiartUi, II, p. 467; y especialmente P. Ca a u, L'abbetppp aatagraja frammtntarit ¿tUt rSto ril fio m tim , di N iceali MacbiartUi, Pisa, 1907, pp. 9, 179 (y, desde luego, toda la minuciosa confrontación. Cf. recientemente el texto de los fragmentos, en Apéndice de la edición critica de h torii fm entitu realizada por P. Carli, Florencia, 19 17, II, pp. 1 17 y ss.).
* Y a lo establecía V. Cían, precisamente a partir de la observación de las peculiaridades estilísticas de E l prim ipt, como hacemos nosotros ahora, en Giornak Storito ¿tila Lclleratnra italiana, X X X , p. 1 1 1. Es extraño que Tommasini no haya advertido que la forma de E l principo se acomoda muy poco a la conjetura de una segunda redacción.
* En la carta mencionada, Maquiavelo usa el verbo inpratsart (engrosar, etc.), que aqui traducimos por «aumentar», por ser m is corriente en el uso editorial. El verbo a que alude Chabod, usado por editores posteriores, es ingrauan, que puede confundirse con el primero, y significa, sobre todo, «engordar», aunque en italiano también guarda muchas sinonimias con el anterior. Con todo, hay una diferencia de matiz, que en el idioma original es m is patente que en castellano. (N . ¿t. T.)
7 G . Lisioescribe ya en la Introducción a la edición critica, p. xliii: «Mientras, Maquiavelo engordaba y pulla E / principe.» En la edición comentada introduce, sin m is, la voz ingratta. También V . Cía n, ibtd., interpreta «incrementar en la sustancia y mejorar en la forma». Asi, V. Osim o, que en el texto pone también ingrait», glosa: «Lo amplio en cuanto a materia y lo mejoro en estilo», en Nicco lo Ma c h ia v e l l i, S triu i politici setiti, al cuidado de V . Osimo, Milán, 1910. Debo señalar, por otra parte, que la lectura del manuscrito induce m is bien a leer inartuta. l a copia existente, de la cual derivan todas las demás y los textos impresos (Florencia, Biblioteca Nazionale, mss. Palatini, E. B. 17, 10, ff. 1 ¡0-1 ( i vta.), desgraciadamente no fue transcrita por Ricci, sino por la torpe mano de un colaborador suyo, el menos preciso de cuantos le ayudaron (O. To m m a sin i, op. cit., I, p. 67 1 , 0 .9 ); con todo, si se observa el pasaje en cuestión y se lo