De manera, pues, que si bien los escritores de la Contrarreforma aceptaban la razón primordial de Maquiavelo 28*, por otro lado su gobierno no era ya el que propugnaba el florentino, y precisamente este sentido antinómico encontraba su expresión en el tacitismo, que resultaba ser la salida natural de quienes, aun teniendo que recono cerle una deuda tan grande, llegaban en último término a una posición en exceso diferente 289. La desenvuelta y arbitraria tergiver sación revelaba un formidable trabajo de reconstrucción que la Contrarreforma tenía que efectuar, y su valor residía justamente en esa alteración del historiador romano, destinado a hacer de testaferro para aportar material al edificio que esperaba la curia pontificia.
Sobre estas bases actuaba la oposición contra Maquiavelo, la cual asumía desde luego, también en este caso, un carácter peculiar por la debilidad de pensamiento de algunos de sus promotores y, sobre todo, por los criterios confesionales y el violento odio banderizo que los animaban 29°. Messtr Niccoló era ya el organum Salame 291, el autor . de una política perversa e impía, que, por haber mirado a la religión con ojos «legañosos y no limpios» 292, enviaba a la ruina las almas y los reinos. Ingenio lo había tenido, sí, pero, ¿qué frutos podía dar, si le faltaban píelas y usas rerum? 293
Pero el secretario florentino poseía la manera de vengarse. La discordia se convertía en un campo de Agramante: los antimaquia- velistas de Italia y de I-rancia se volvían unos contra otros y, 113
cf. P. Rivaukneyxa, II, j i , p. 5 i i. Giammaría Muti dice: «Ij conservación del Estado ha de implorarse, pero con fe, a Dios. Se adora a Dios defendiendo la religión. I j religión se demuestra. ■ reverenciando el templo. Débese honrar a los sacerdotes, ministros de Dios» (E. Cavam.1, -La scicnza política in Italia», en Memora d tlílsliin io Vene la di Setenar, Leítere ed A rti, X V III. 187), p. 3 36). Mariana se sumaba astutamente al coro p an salvar los bienes religiosos.
® Es cierto que la parte m is importante, en el aspecto teórico, la desarrollaban los jesuítas, quienes partían de premisas totalmente distintas (cf. recientemente F. Olo iati. L'anema delfV m t• ' neitmo e del Rinauim nto, Mitin, 1914; sobre Bellarm ino,pp.t79 y ss.; sobre Suircz, 339 y S5.); pero, en último caso, las conclusiones prácticas eran las mismas. Siempre habría que tener a mano, junto con el primer libro de Mariana, también el segundo y el tercero, y recordar que las teorías de los jesuítas, asi como las de los hugonotes y de los lipn art, perseguían esencialmente un fin polémico y práctico. Una vez que el principe aceptara el acuerdo con Roma, la soberanía popular, cómodo , espantapájaros, se desvanecerla en el aire.
m Acerca d e l tacitismo, remito al v a s t o y exhaustivo estudio de G . To f i'a n i n y a citado.
1,0 Repito que no me propongo examinar aquí la posición personal de Campanctla (acerca de su antimaquiavclismo, aparte A lititm ns Trinmpbatni, pp. 2 16 -13 1, cf. también la carta a Scioppio, L. Am abile, Fra Tommajtt Cam panila na' eaitalli di S a p o li i» Rama td in Parigi, Ñipóles, 1887, II, documento 184, pp. 36-74). Para su posición respecto del florentino, cf. F. Mf.inf.c k e, op. r//.,pp.
113 y ss.; C. Dfn tice d’ Ac ca d ia, «Tomismo e machiavellismo nella concezione política di T .■ Campanella», en G á n a la Critim dalla V ihiofia Italiana, vt (19x3), pp. 1-16.
A. Possevino, op, tit„ p. 117 .
2,2 Rivadenetka, op. rit., II, 36, p. 570; cf. también pp. 434, 453 y ss.; I, I, p. 4)8; II, I, p. 310, 34, p. 567.
293 Possevino, op. til., p. 117 . En cambio, Botero, siempre m is cauto, sólo se refiere a Maquiavelo en la dedicatoria de la Ragion di Stato y respecto a una cuestión particular, 111, p. 1 1 1 ,
mientras injuriaban al codificador de la tiranía, no dejaban de arreglar cuentas entre sí. Y no sólo contra los hugonotes apuntaban los hombres de la Contrarreforma: el mismo Bodin, aunque tratara de infundir vida a su política mediante una robusta conciencia religiosa, pero no ortodoxa, era blanco de acusaciones o, en todo caso, de sospechas y desconfianzas que se regodeaban en una minuciosa indagación crítica en busca del error 294. Por el otro lado, se Ies oponían las iras de los escritores ultramontanos contra los prosélitos de la razón de Estado católica; jesuítas y maquiavelistas 295 eran equivalentes, más bien eran lo mismo, y todos juntos merecían el odio del buen pueblo de Francia.
Reyertas familiares que atestiguan la profunda diversidad de las grandes oposiciones contra Maquiavelo, así como la enorme distan cia de los puntos de partida de unos y otros. Ni siquiera la renovada conciencia católica francesa podía estar de acuerdo con la nueva ortodoxia romana, dado que aquélla llevaba en sí las huellas dolorosas de la experiencia personal, mientras que la segunda tenía ya la claridad y precisión de la reforma cumplida por obra de una voluntad soberana. El cargo de ateísmo e irreligiosidad, que desde ambos países se lanzaba contra el escritor florentino, tenía dos contenidos muy distintos; y aunque, a la sazón, la disidencia entre la conciencia religiosa de Francia y la ortodoxia intelectualista de Roma quedaba velada por matices políticos y nacionales, confun diéndose con la oposición al papado por estar éste aliado con los españoles, más tarde iba a quedar plenamente patente su línea profundamente religiosa con la aparición del movimiento jansenista.
Por ese camino doble y divergente marchaba, pues, el primer antimaquiavelismo, que luego continuaría, aunque perdiendo ya todo el relieve y la fuerza que antes le habían caracterizado. Pero no * 11
ACERCA DE «EL. PRÍNCIPE», DE NICOLÁS MAQUIAVELO 141
Véase el minucioso estudio que de los escritos de Bodin hace A. Possevino 'cp. eil., pane I, pp. 119 y se.). Lo relaciona con Maquiavelo, 1.a Nouc «et aliis qui Politicis habentur, nec sunt»; mis adelante dice que en el MethcJm «haercsim sapit», para concluir reconociendo que la fUtmblifm tiene «magnam serum Politicarum supcllectilcm», pero pidiendo que sea expurgada, no •ólo «verum ctiam ea apte insererentur. quac in Religione Catholica ct pietatc firmare Principum «I Poliócorum ánimos possent». Rivadeneyra es más duro (p. 4 1 6 ,1, pp. 4 ) i, 16, pp. 497 y ss.). Por lo demás, apenas se publicó la R IpM iqm , a Bodin le acometieron los predicadores (R. Cm a u v k í, cp. ti!., pp. 43-44).
"> Acerca del emparejamiento de jesuítas y maquiavelistas, cf. O. Tommasini, cp. ti!., 1, p. 11 y ss. Gentillet dice que el Papa «et sa u qm iln (y su pandilla) pusieron a Francia patas arriba ton las guerras civiles, «par les moyens et pratiques de leurs estaffiers machiavclistes qu'ils y ont rnvoyez» (por las maneras y prácticas de sus asistentes maquiavelistas que han enviado) (D ittcnri t i l , 111, p. >43). Acerca de la reacción antijesultica en Francia, cf. C. Lenient, L e ¡atire cu F ru te M U U uérttm militante u xvi aiócle. Paria, 1166, p. 4I4 y ss. Y recuérdese el Catboliccn, «manié, itmué, alambiqué et calciné au coliche des jesuites de Tolédc» (manoseado, removido, alambicado
y calcinado en el colegio de los jesuítas de Toledo) (Satjrc M nuppit, París, 1394; cf. Lenient, cp. tU-, pp.4>9 y »•)•