primeros meses de 1514 9 surge el tratado De príncipatibus, 1/ Príncipe a que nos referimos, casi en su fisonomía definitiva I0.
La fragmentaria reconstrucción del mundo romano se trueca en orgánico, ágil y vivaz retorno a la vida presente, en cuyo fondo se perfila la figura dura y fina del príncipe nuevo. El trabajo calmo, todavía disperso en sus detalles, se convierte en una inmediata
* Que el trabajo de aumento y pulimento de que habla Maquiavclo, en la famosa cana del 10 de diciembre de i j i j, no estaba terminado todavía en enero de IJ14 , lo demuestran las palabras de Vettnri: «lie visto los capítulos de vuestra obra, y me agradan sobremanera; pero, mientras no lo te opa todo, no quiero emitir juicio definitivo» (del 18 de enero de t j 14, en P. Villa»!: op. eit., 11, p. i ¿7), [Véase, sin embargo, el agregado de la nota siguiente.)
10 Efectivamente, no coincido con O. Tommasini, quien considera que el tratado De principatihsu, mencionado en la cana a Vettori, no era sino un esbozo al que siguió en i j i j la redacción definitiva (op. eit., II, pp. 87, 89, 10;). Las razones que aduce en contra de G . Listo («lntomo alia nuova edizione de 7/ Principe di N . Machiavelli», en Rendieonti ddtAccademia Nocional/ dei Linee/, 1900, pp. j 2 a-3 z 3) no son muy convincentes y chocan contra unos argumentos históricos demasiado poderosos como para ser dejados de lado sin m is ni mis (argumentos en los cuales, precisamente, se basaba IJsio para el Prefacio de su edición critica de
7/ Principe realizada en Florencia en 1899, pp. Ixii-lxiv). Pero es que no solamente falún referencias relativas a los acontecimientos del verano de 15 13 , época en la cual debiera haberse realizado la segunda redacción, sino que existen alusiones precisas que no podrían concebirse si Maquiavclo hubiese reanudado su trabajo después de tos primeros meses de ese año. La mención del cap. X I («(...) y ahora hace temblar a un rey de Francia y ha podido echarlo de Italia») no puede explicarse como no sea debido a las condiciones del verano-otoño de 1 j 1 j , las cuales, efectivamente, obligaron después a Luis X II al acuerdo con el Papa, precisamente en diciembre, y nunca con la situación de i j i j, en que Francisco 1 entró en la lucha. Igualmente, las menciones del cap. X III («error crac (...) como efectivamente se ve ahora, es motivo de los peligros de aquel reino» y «de ahí que los franceses no basten contra los suizos») no pueden determinarse sino en función de la situación creada después de la batalla de Novara y estarían fuera de lugar en 13 13 . También la referencia del cap. X X I acerca de Femando el Católico (náitimaneemente ha asaltado Francia») nos hace quedamos en i j i j, y no se justificaría en 13 15 . Finalmente, ¿cómo podía Maquiavclo, en ese último año, hablar de Luis X II como de un rey de Francia presente (cap. X V I), siendo que habla muerto en enero? Téngase en cuenta que no se trata de hechos ni de hombres de importancia secundaria, de los que Maquiavelo hubiese podido trascordarse, sino precisamente de unos acontecimientos de los que su atención estaba constantemente pendiente. Por tanto, sin duda habría modificado, si no el pensamiento, por lo menos su expresión, si en verdad hubiese redactado su obra por segunda vez. Y puesto que dedicó U Principe a un Médicis, ¿cómo habría podido decir «se esperen,, hablando de León X , al cabo de dos años de pontificado en los cuales no había destacado sólo por bondad, sino también por sus continuas intrigas políticas? En i j i j, la expresión, evidentemente, habría sido distinta, y me parece <|uc ésta habría sido una corrección bastante importante para un Maquiavelo vejado por una pésima suerte y deseoso de volver a entrar en servicio.
Precisamente por estos motivos históricos no creo que se pueda hablar de un esbozo y una segunda redacción. Que hayan podido hacerse pequeños retoques aquí y allá, pero sin un criterio preciso de reordenamiento general, es otra cuestión. Y me apresuro a recordar a este respecto un pasaje que puede dar lugar a discusión: «Francesco Sforza, para poder armarse, de privado pasó a ser duque de Milán, y los hijos, para evitar los sinsabores de las armas, de duques pasaron a
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rivados» (cap. X IV ), y estos hijos (léase sucesores) no pueden ser más auc Ludovico el Moro y lassimiliano Sforza, quien perdió su F-stado de resultas de la batalla de Marignano (13-14 de septiembre de 1 j 11). lista mención nos conduciría, pues, a finales de 19 13, a menos que se pretenda entender «hijos» como una mera generalización estilística, limitando con ello la mención, en su realidad histórica, al Moro. Pero ella me parece tan precisa y tan insistente en la nota fundamental, «para evitar los sinsabores de las armas», como no podría serlo tanto si los hijos, todos ellos, no hubiesen dado pruebas efectivas de cobardía durante un gobierno determinado, tan clara en la afirmación final, donde se habla de duques, es decir, de principes ya reconocidos en el trono, que me induce a aceptar, preferentemente, la primera interpretación. Tampoco cabe asombrarse de semejante añadido, aunque esté aislado, si se piensa que está inserto justamente en los capítulos centrales de E i príncipe, y viene a reforzar el pensamiento predominante de Maquiavelo, la necesidad de las armas propias, y a confiar, además, con el vaior de la realidadimprovisación de pensamientos y notas, que dan forma visible a una concepción aparentemente opuesta a la que animaba a los fragmen tos dejados de lado.
Ahora bien, este paso de un razonamiento al otro no fue una contradicción, sino más bien el resultado definitivo de un esfuerzo espiritual lento y continuado, cuyas primeras expresiones se aprecian ya en los bosquejos de los Discursos.
Porque no es difícil observar, en el libro i de ellos, una incertidumbre que, inexistente en los primeros capítulos, donde todo habla de la gloria de un pueblo fuerte, se va haciendo paulatinamente más visible, y se ilumina en consideraciones de otra índole: pasajes enteros en los que aparece, por primera vez, la virtud individual, reflejada en máximas, detalles y hechos menudos, opues
ACERCA DE «EL PRÍNCIPE», DE NICOLÁS MAQUIAVELO 4 5
hisiórica cercana, los consejos que el escritor formula al principe acerca <lc la principal de sus anes; es decir, en el capitulo que en mayor medida que cualquier otro debía tener presente Maquiavelo cuando, en t ) i ) . veta en Lorenzo de Médicis, capitán general de la Iglesia, iniciarse tal vez esc arrepentimiento de los principes tan predicado por el, y tenia, por tanto, que insistir en sus consejos. Mientras que, por otra pane, la referencia a Massimiliano Sforza no es ilógica si se piensa que Maquiavclo tiene los ojos puestos en las campiñas de la Lombardia y se recuerdan los ásperos juicios que formula acerca de ellas. (Lettere fam iliari cit., C X X IV , C X X X I, C X X X III; cf. el juicio de Vcttori. ikid., C X X X II.)
Tendríamos con ello un añadido a la primera redacción, y, en conclusión, considero que podría afirmarse lo siguiente: que el tratado, compuesto entre julio de l ) i } y enero-febrero de 1 ) 14 , aun quedando inalterado en su plan fundamental, debió sufrir algunos retoques, de los cuales, hoy por hoy, es difícil hacerse una idea. Asi se explicarían algunas lecciones más secas y menos redondeadas de los manuscritos de Corsini y de Gotha, que no habrían tenido en cuenta los retoques postenores. Pero de ahí a hablar de un esbozo y una redacción definitiva hay mucha distancia, y yo seria más bien propenso a creer que ni muchas ni, sobre todo, muy importantes fueron las correcciones posteriores a t ) t ) , y ello por las razones históricas más arriba señaladas.
Por otra pane, la tesis que ahora sostiene F. Mein kcke, «Anhang zur Einfuhrung», en la edición de Der Eibrtt y otros escritos menores, Berlín, 19 1) , pp. $8-47, en cuanto a que E l principe de t | i ) llegara sólo hasta el cap. X I, y que sólo después Maquiavelo le agregara las partes siguientes, aunque ingeniosamente defendida, no me parece aceptable. Apane de cualesquiera otras razones, la duda queda resuelta ya desde el cap. III: « Y si algunos otros alegasen la promesa que el rey había hecho al Papa (...), responderé con lo que diré a continuación acerca de la fe de loa principes y cómo se la debe observar.» Es decir, que se remite al lector al cap. X V III, y no se puede ver en esta frase un añadido, como le parece a Meinecke ser la del cap. X («y piara el porvenir diremos lo que fuere menester»), Maquiavelo, frente al problema de si «el rey Luis cedió...», responde que no se debe permitir que sobrevenga un desorden para evitar una guerra; a la segunda objeción, que concierne a la moralidad del príncipe, responde prcanunciando, no ya solamente la manera de adquirir los principados y mantenerlos, sino también el modo personal de actuar el príncipe. Lo que significa, entonces, que desde el primer momento vio a su principe tal como después lo desarrolló: al tiempo que, en cuanto a los principados, meditaba ya acerca de las personas de sus conductores.
Por último, no puede verse en los caps. X II-X IV una repetición del cap. X . Este último trata de la constitución de la defensa, diríamos, cuantitativa, y los otros, de la defensa cualitativa. Aun con ejércitos propios, no es seguro que un principe pueda siempre hacer una jornada si le falta abandancia de bembrer, he ahí, pues, los preceptos para quien se vea obligado a encerrarse en una ciudad fortificada. En los caps. X II-X lV es otro el motivo inspirador. (Me vuelto a abordar el problema de la composición de E l principe en mi ensayo «Sulla composizione de II Principe di Niccoló Machiavelli», en Archhum Rotnanienm, X I (1927), pp. ))o-j83. En ese ensayo, justamente, después de un amplio análisis, arribo a la conclusión (que modifica un tanto la opinión arriba expuesta) de que E l principe fue escrito entre julio y diciembre de í j t ) , y que, después de esa fecha, no hubo revisión alguna, ni toral ni parcial.] [También este ensayo está incluido en la presente edición de los escritos de Chabod sobre Maquiavelo. N E it.)