SOBRE I.A COMPOSICIÓN DE «EL PRÍNCIPE»
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meses cuanto determinar la actitud de la opinión pública italiana, incluso en sus posibles transmutaciones. Como no queremos ahora formular una opinión, sólo merced a un análisis de este tipo se podrá arribar a resultados de algún valor.
Observemos entonces el desenvolvimiento de la opinión pública en el periodo junio de 1 5 1 3 a junio de 1514. Ya hemos comprobado, repasando las cartas de Guicciardini, que el imprevisto resultado de la batalla de Novara determinó que los asuntos del rey de Francia comenzasen a declinar. Ya en julio hay júbilo en landres, previendo el total hundimiento de Luis X I I 51, y a mediados de agosto, en Roma, se hacen «muy tenues» las cosas de ese reino 52. Hacia finales de agosto, mientras se desarrollan las operaciones bélicas en la Picardía, las fantasías entran en ebullición y por todas partes surgen «vociferaciones» que les llenan las orejas incluso a los gobernantes italianos 53 54, y cuando por fin llegan noticias puntuales acerca de la batalla de Guinegate y la caída de Thérouannc, y luego sobre la batalla de Flodden, en Milán se celebra con redobles de campanas y fuegos artificiales la derrota de los f r a n c e s e s e n Roma están exultantes 5S, y los pronósticos se hacen cada vez más oscuros para Luis X II. Las cosas están en malos términos, declinantes, para Francia 56, y Ia:ón X , hablando con Marino Sañudo, le aconseja que no siga creyendo que Luis X II piensa en Italia, «pues ahora debe atender a salvarse» 57. junto con los ingleses se encuentran en suelo francés los suizos: tal parece que de un momento a otro la vieja monarquía está por arruinarse, y los observadores de los aconteci mientos aguardan algún nuevo derrumbe 58 * *.
Por tanto, también los príncipes italianos, antes amigos o aliados 11 «Si l.uis de Francia escampa esta furia y tempestad, tendrá tazón de ser llamado rey», carta de Antonio Bavarin, de julio, llegada a Venecia el jo de agosto, NI. Sañudo, op. t i!., X V II, p. 9.
53 M. Sañudo, op. til.,X V t, p. 648.
51 Carta de los Diez de Bailiazgo de Florencia a Bibbiena, del 18 de agosto, Sañudo, op. til., X V II, n. >6.
H Ibid.,p. z ;; Am rro g ioda Pa u ll o, op. tú ., p. j a i ; G . A. Prato, ap. til., p. 510.
ss A, Pk rrajo i.i, op. tú ., p. 4 j j ; París de Grassis, Diarium, ed. DclicatiArmelhni, Roma, 1884, p. 8; W. Rost op.-I- Bossi, V ita t pontificólo di Lame X , Milán, 18 16 -18 17 , V , p, i | | , la » franceses habían antes hecho correr el rumor de una victoria escocesa sobre los ingleses, y luego quedan sumidos en la vergüenza, J. S. Brfaver, op. til., I, 4 4 11; M. Sañudo, op. til., X V II, p. 7 j.
54 F. Gu ic c ia r d in i, Opere ieudite cit., V I, p. a ja (17 de septiembre); Sañudo, op, t il., X V II, p. jo (carta del oratore,fechada en Roma el 6 de septiembre); cf. A. BUc.h i, op. til.,pp. aj7-a|8.
Sañudo, op. t il., X V II, p. 47. '
M En Roma se dice que treinta mil suizos han entrado en BorgoAa y expulsarán al rey de Francia, Sañudo, op. eú., X V II. p. J t . Uppomanno escribe el 16 de septiembre: «Allí en Roma se duda si Francia no perderá el Estado (...)», ibid.,p. 7 j; el oraloreveneciano Foscari, el 4 de octubre: «Las cosas de tos franceses (...) no podrían ir peor», ibid.,p. 16a; desde F.spaAa, el oralore Badoero, el 16 de septiembre: «(...) y esc rey de Inglaterra (...) arruinará a Francia», ibid,,p. i6j; Antonio Bavarin, desde Londres, el i j de septiembre: «[Los] franceses están bajos de fortaleza. Esta vez tendrán su penitencia y pagarán el daño hecho a la pobre Italia» {ibid.,p. 190), y el 14 de septiembre: «(...) ahora aguardamos la otra (victoria] que expulse al |rcy| de Francia» {ibid.,p.
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de Luis X II, tienen que cambiar de rumbo; esto es lo que piensa Cassola, antiguo servidor de los Este y ahora al servicio de la casa de Sforza, quien el 24 de noviembre 1513 le escribe a Isabel d’Este para que persuada a Alfonso d’Este a no esperar nada más de Francia: «que yo, que vengo de allí, conozco la poca esperanza que tienen ese rey y esa reina, y su buena disposición para olvidarse de Italia» 59. Al mismo, tiempo, los que deben su fortuna a los reveses franceses cobran nuevos ánimos y, por boca de Morone, expresan su arrogante insolencia <0, y para acrecentar la excitación de la opinión pública no faltará siquiera, como remate, la palabra apoca líptica del fraile que profetiza las peores calamidades para la flor de lis dorada 61.
De suerte que, entre agosto y noviembre, la opinión pública parece dominada por impresiones muy desfavorables para Francia. Con todo, a los observadores más inteligentes empiezan ya a asaltarles ciertas dudas: ¿es posible que la unión de los coaligados dure realmente hasta la victoria total? Francia no está aún comple tamente aniquilada y le quedan posibilidades de salvarse 62, sobre todo porque los ingleses, tras la victoria, proceden con lentitud 6i. 191), y Lorenzo Pasqualigo, el i S de septiembre: «Asi que la disciplina se le echa encima a Francia, tras haberlo hecho a otros (...)» {ibid., p. 234). Guicciardini, escribiéndole el 27 de octubre a lorenzo de Médicis, se expresa de esta manera: «(...) y la situación de ese rey (Luis X II). si es verdad, como acá se tiene por cierto, la decisión de los suizos de continuar la ruptura, u taínentra en m punto en que parece que tenga que esperar algo más que deliberaciones y remedios vanos (...)» (Opere medite cu., V I, p. 167). Nótese desde ahora la frase «se cncucnrra |actualmcntc| en un punto», que se parece mucho a la otra de Maquiavelo, «como ahora se ve efectivamente».
n A . l.u/.io, «Isabella d'Este nei primordi del papato di Leonc X c il suo viaggio a Roma ncl 13 14 -13 15 » . en A rehirió Stonto Lombardo, VI (1906), p. 1) 1.
*° «Al res et tempus eum monere debent, ut tándem aliena desinat appctrrc. Quin potius rebus suis sibique ipsi cónsul»! et praccavcat, ne quas aliis attulit iacturas (...) iustitia quae Dcus est in capul suum atiquando convertat», t i. Morone, «l.cttcrc ed orazioni latine», en Miteellanea di Storia italiana, II, Turin, 1863, p. 316. Mientras, en Milán, Massimiliann Sforza celebra «grandes triunfos» y manda invitar a «su amada, ea decir, la marquesa de Mantua», V. Joppi, «Diario del campo tedesco nella guerra véneta dal 1 3 1 1 al 1 j 16 di un contemporáneo», en A rtbivio Veneto, XXXV (1888), p. in.
*' Fray Francesco da Montcpulciano, quien, en diciembre, se exhibe en Florencia «con tan espantables prédicas, que les gritaba a los espectadores, en medio de abundantes llantos: «¡Misericordia!» ( Jacopo Pitti, «DcIPIstoria Florentina», en A rthkio Storito Italiano, 1, 1841, p. 1 n ¡ cf. G . Cambi, «Istoric», Florencia, 1783-1786, en De/izit dti/i ernditi lottani, X X II, p. 38: L.
I.AKD U Cci, Diario flortatino daI ¡4)0 a I t f t i , cd. Del Badia. Florencia, 1883, p. 343), y profetiza «(...) que el rey de Francia habla de aniquilarse, y uno de la casa de Raona predominarla en Italia», N. Ma c h ia v e l li, L tttm /am iliari cit., C X X X V III, del 19 de diciembre.
62 «(...) pareciéndole |a Fernando el Cató!ico| que el rey de Francia, si se defiende por este año de los ingleses, quedará con una potencia que aún será de temer (...)», F. Gu icc ia rd in i, O pm iiuditt cit., loe. eit„ pp. 236-137 (del 8 de octubre), y, efectivamente, Fernando se apresura a proveer para el año siguiente.
u Acerca de la disminución de las actividades bélicas en el norte de Francia desdr principios de septiembre, F. Gu icc ia rd in i, Sloria tfU alia, ed. cit., XII, p. 3. Cf. C. Lan z, Akttattm kt and Brit/t z*r Cesebitble Kaiser Karlt V „ Vicna, 18 33.18 37, «Mon. Habsburgica», II, t, Einlritung, p. 138: G . A. Bergenroth, op. tit„ II, p. I.X X I I1; H. Úlmann, op. til., II, p. 47a; E . Ga g lia r d i, op. til., p. 287 y n. 1.
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En resumen, no parece que la campaña tenga que llegar a resultados decisivos, incluso porque se acerca el tiempo malo, que, desde luego, obligará a suspender las operaciones militares64. Es cierto que quedan los suizos, en los cuales, en cierto momento, parecen cifrarse las mayores esperanzas de triunfo conclusivo 65; pero, por más que parezcan ferozmente airados contra Luis X II, no se cree que pretendan seguir la lucha hasta arruinar por entero al soberano, del cual obtienen, y esperan seguir obteniendo en el porvenir, gruesas sumas de dinero w. Y , en todo caso, el acuerdo de Dijon, concluido en momentos dramáticos para Francia, ha aliviado a Luis X II de un gran peso, permitiéndole recobrar el aliento y dejando, en cambio, insatisfechos a Maximiliano y Enrique VIII 67. Y , sobre todo, saltan a la vista los roces entre Fernando el Católico y Enrique V III, cuyas relaciones se han enfriado desde la primera tregua de abril de
1 5 1 j Fernando, como todos saben, sólo apunta a lo que le
conviene y es hombre de dejar plantados a sus aliados si ello va en su provecho69. Por otra parte, Maximiliano aportará, como de * 44 * * 47
*• A mediados de octubre no se oye hablar ya de operaciones de guerra: «(...) T odo está callado Moronc y Caneciólo a Massimiliano Sforza el i ; de octubre. SUuethmee d i Sterít Ileiia iu , III, Turln, 1865, p. 140. V el 19 de octubre, lo ren zo de Mcdicis le escribe al cardenal Giutio: «(...) se veia y se ve que las cosas de Poniente no siguen ese camino, que haga hacer al emperador algo uuc sea de temer (...)», A. Zom, op. eit., p. 47; cf. también K Gu ic c ia r d in i, Opere inedite cit., lee. eit., pp. a jó -iw -
44 El 21 de septiembre, Guicciardini, que aún no tiene noticia del acuerdo de Dijon. escribe . que «la fuerza de la esperanza en esta empresa se reduce a lo que hagan los suizos», ibid., p. t | t .
u El st de octubre, Lorenzo de Mcdicis le escribe a Giuliano, acerca de los suizos, en estos términos: «(...) y recientemente en Borgoña, que, como ven (...) la declinación de los franceses,, (...) se retiraron al país, no por otra cosa sino por mantener a Francia, de la que sacan y sacan ' dinero: y no engrandecer al emperador o a Inglaterra (...)», O. Tommasiki, op. t i!., II, p. 97b. También Lorenzo, escribiendo a Alfonsina Orsini el t8 de noviembre, prosigue: «Dice M. G oto que los suizos estén muy animosos contra los franceses, y mixime para mantenerlos fuera de Italia: pero que estén dispuestos por todos los medios a mantenerlos vivos», tbid., p. 98$. Mucho más notables resultan estos juicios por provenir del ambiente florentino. Efectivamente, los suizos no pensaban en una verdadera mutilación de Francia, E . GaCu a r d i. op. t i!., p. i s j .
47 Ga g l ia r d i, ibid.. pp. 26) y n. 1, 288 y ss., 298. La decisión de Luis X II de no ratificar el acuerdo, demuestra cuánto había mejorado la situación de Francia desde el día en que l a Trémoille firmó, temiendo «tnut perdre».
“ Ya el 7 de febrero de m i; escribía Guicciardini: «Y si bien Inglaterra le promete gente |al rey de España), no se sabe, siendo de naciones distintas, y tiendo de esperar fas sospechas que nacieron el verano pasado, cuando estén en un mismo campo, qué frutos habré de dar esta conjunción.» Opere inedite cit., loe. eit., p. 174 (para las sospechas del verano-otoño de i ; t a , cf. pp. 88, 107, too, it8 , 12 ), i)o). La noticia de la primera tregua no debió de resultarle grata a Enrique V III, ii/el., pp. 197-199 (cf. Storu iI t ilia , ed. cit., X II, 1), y la desconfianza entre ambos soberanos persiste: «Como saben Vuestras Señorías, entre esta Majestad (el Católico| y el rey de Inglaterra, de un tiempo a esta parte, que esta Majestad hizo tregua con el Cristianísimo, no ha habido muy buenas disposiciones», Corsi desde Madrid, 1 ; de enero de 15 14 , A . Desja r d in s, op. eit., II. p. )9).
m F.I 14 de diciembre de miz, es decir, unos meses antes de la conclusión de aquella primen tregua entre Fernando y Luis X II, que les habría abierto los ojos a todos acerca de las verdaderas miras del rey español, poniendo a Italia en una situación «de la cual se liberó más bien por el acaso que por razón» (ibid., p. 264), ya escribía Guicciardini: «(...) quien se va solamente en pos de lo que le conviene, sin respeto por nada», ibid., p. 162. El 29 de junio de 1 ; 15. en carta a
costumbre, palabras y no hechos, perdiéndose detrás de sus vanos fantasmas 70.
Pero si a un político enterado no podían escapársele las ocultas grietas que tan rápidamente desharían la coalición antifrancesa; si también el supremo objetivo de los coaligados, la destrucción completa de la potencia de Luis X ll y la conquista de Francia, estaba muy lejos de haber sido alcanzado, es verdad, sin embargo, que hasta diciembre, y especialmente en septiembre y octubre de 1513, la situación del Cristianísimo se consideraba muy precaria.
¿Se puede vislumbrar algún cambio en la opinión pública de allí en adelante?
En este aspecto es menester examinar, ante todo, si no pueden existir divergencias de apreciación, debidas tanto a las diferencias de estado de ánimo, es decir, a las variadas predisposiciones afectivas, como a la diversidad de fuentes de información.
Por un lado, Vcttori, por ejemplo, escribe todavía el 16 de mayo
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Salviari, crotore de Florencia en Roma, proseguía: «No sé si ésos prometen hacerlo porque lo quieren hacer (asaltar a Francia), pero estoy seguro de que, si lo prometen, no harán nada (...) al hacerlo no tendrán más respeto por otros que el que le tendrían al rey de Inglaterra (...). Vos conocéis la naturaleza de ésos y que, donde está su interés propio, poco respeto tienen de cualquier otra cosa (...)», ibid., pp. >) 3-1)4. Hl 17 de octubre, hablando del proyecto de matrimonio entre el archiduque Fernando y Renata de Francia, quien llevaría como dote el Estado de Milán, vuelve a insistir «No sé actualmente cuál será en este caso la intención del rey de Francia; mas cuando él estuviese inclinado a ello y lo presentase de manera que ésos no abrigaran engaño ||//cl|, yo seguirá dudando de que. podiendo dar un golpe asi, se tuviese poco respeto del otro», ibid., p. 168. E l mismo día, Corsi, nuevo embalador florentino en España, en carta a Lorenzo de Mcdicis le habla de la llegada a la corte de un enviado de la reina de Francia cuya tarca consiste en proponer una paz o liga particular, o, por lo menos, una prolongación de la tregua que debe terminar en marzo de 1) 14; y prosigue diciendo que Femando les ha confiado a los agentes del Sumo Pontlficie y al embajador inglés, que no deseaba tomar semejante decisión «sin el pláceme de los confederados, a quienes no se debe faltar a la buena fe (...). A Su Majestad le fue respondido que recordara que cuando se trató de la tregua hecha [el 1 de abril | con los franceses por Su Majestad, para todos los confederados fue causa de muy grande escándalo, y que fue la causa de hacer venir este verano pasado los ejércitos franceses en tan grande número a Italia, y que los derrotó más bien á fortuna que la prudencu, el milagro que la fuerza. Y que aun cuando se tratase solamente de las tentativas, asi como de decisiones semejantes, necesaria mente debían generarse enormes sospechas en las mentes de todos los confederados, las cuales podrán ser causa de tristes efeoos, no menos perjudicóles para Su Majestad que para cualquier otro de los confederados», A . Desjaudins. op. t i!., II, p. 391. (Cf. también el modo más reverente de Guicciardini al rey. Opero inédito cit., loe. eit., p. 164.) Nótese el tono amenazador, a pesar de
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uc nos encontrante» en el momento más fe lá para los coaligados, a diez dias del nuevo tratado c Lila. También Corsi escribirá, el t) de enero de 1314 : Fernando quiere colocar a su nieto Femando, a quien ama entrañablemente, y mientras «no lo pueda hacer de cualquier manera con dignidad, esta Majestad andará siempre oscilando y aprovechando sin ningún respeto cualquier ocasión que le conduzca a ese fin (...)», Dcsjaroins, op. t il., II, p. 394. Sin embargo, el Católico es el que «da el tirón a la balanza», según escribe Raffacllo de Médicis a loren zo, el 1 de febrero de 1314 , ibid., p. 398. Tampoco este nuevo observador está, sin embargo, exento de dudas, «si se mantiene firme como promete».n «El Emperador (...) muele con la fantasía», Raffacllo de Médicis a Lorenzo, desde Malinas, el >0 de noviembre de 13 13 , Desjardins, op. eit., II, p. 390. Cf. también la opinión de Acciaiuoli, en Sañudo, op. eit., X V II, p. 94. Por otra parte, cuál era la consideración en que era tenido Maximiliano es algo que puede verse en el Ditttrto IV de Guicciardini, escrito en enero de 13 13 : •Queda, pues, el Emperador, respecto de si, inútil (...)», Opere inedite cit., I, p. 13 3 .