mientras que en otras, en cambio, el escritor se abandona, en la melancólica contemplación, a un inútil lamento * 104. No soportando, por momentos, unas limitaciones forzadas, pretende romperlas, arrastrando consigo a los hombres de su tierra, pero pronto vuelve a caer en ellas, contemplándolas con la ironía triste en que se concentra toda la desilusión del hombre que anhela obrar y debe constreñirse únicamente a fantasear.
Florencia es para él objeto de conmiseración, al punto que apenas se advierte ya el sentimiento de afecto por la ciudad natal; y el epigrama, tan discutido, sobre Pier Soderini, no es otra cosa que la abierta concreción de una actitud espiritual que, caracterizada al principio por el desdén y la pasión, se trueca luego en ironía burlona, aun cuando no privada de dolorosos resonancias, una vez reconocida la inanidad de su tormento 10S.
Allí, en Florencia, no ha habido nunca vida política alguna; a la República de Soderini, en la cual también el escritor ha tomado no pequeña parte, se la juzga débil e inepta, porque la burguesía florentina, la materia del Estado, está corrompida al igual que todo el resto de la sociedad italiana ,06. La sarcástica sonrisa de compa sión, apenas perceptible, que Maquiavelo no puede contener en los labios y en la mirada cuando habla de Savonarola (un bon homme para él, lo mismo que para Commynes ’07, pero reemplazando la sinceri dad un tanto estupefacta del francés por la maliciosa finura floren tina), no precisa comentarios para aclararnos la verdadera impresión que el secretario tiene de esa sociedad en plena caída.
Ni siquiera Venecia, tan cara, a pesar de todo, para los republi- extremada miseria, infamia y vituperio: no hay observancia de la religión, las leyes ni la milicia, y están maculados de todas las fealdades» {D itam os. Proemio del libro II). «En cuanto a la unión de los demás italianos, me hacéis reír; primero, porque nunca se ha hecho ninguna unión que le hiciera bien a nadie (...); segundo, por no estar las colas unidas a las cabezas; ni antes dará esa generación un paso por alguna ocasión que surta, sino que luchará por dominar a otra» {Latiere familiar» cit., C x X X l , 10 de agosto de Mi))>
104 «(...) excusadlo por ello, que se ingenia / con estos vanos pensamientos / para hacer su triste tiempo más suave, / pues otro lugar no tiene / al cual dirigir su mirada (...)» (Prólogo de L a mandragola),
,w Acerca de la actitud de Maquiavelo respecto a Soderini, cf. ahora G Benoist, «Le gonfalonier perpétuel Pier Soderini», en R erm des Denx Monda, t de mayo de 1924, pp. t ío y 1 M y ss.
Discursos, I, X X X V III, X U X ; 11, X I I : «(...) ¡tanta virtud mostraron |los florentinos) en las
S
ucrras lejanas, y tanta vileza en las cercanas!»; X V , X X I: «Y no cabe duda de que si losorentinos, por medio de ligas o de ayudas, hubiesen domesticado, y no embrutecido, a sus vednos, a esta hora serían señores de Toscana»; X X III, X X X : «I«o contrario podrá apreciarse en los estados débiles, comenzando por el nuestro de Florencia (...)»; III, X X V II y X X X (acerca de Soderini). Historias florentinas, III, 1, «Cada vez más dócil v abyecta se fue haciendo (...)»; VIH , X X II, «Florencia, ciudad de palabra ávida, y que juzga de las cosas por los eventos, y no por los consejos (...)»; DecennaU primo y tetando. Atino £ oro, V : «Y hoy, que su potencia ha desarrollado / en derredor, y se ha hecho grande y vasta. / a todo teme, asi como a la gente ignorante.»
canos florentinos I08, le da motivos de esperanza, pues más bien ve en ella, no la fulgurante gloria del león de San Marcos, sino la profunda debilidad de un Estado que, por vivir sólo en el marco estrecho de una oligarquía mercantil, no puede garantizarse a sí mismo, y cuando quiere ensanchar los confines del dominio, salién dose de su natural y pequeño campo de expansión política, se encamina hacia su ruina más segura. La maravillosa potencia económica de la República veneciana no basta para crear la virtud política; Maquiavelo, que poca atención presta a la primera, no encuentra la segunda, y fustiga duramente los intentos hegemónicos a los que todavía hacen eco los ánimos de los políticos florentinos, atónitos ante el imprevisto desastre de Vailate ,09.
Milán y Nápoles están completamente corrompidas " ° ; Génova carece de valor 1U, e Italia, en su conjunto, es la más corrompida de las naciones u2. ¡Nicolás está muy convencido de ello!
Sólo que, ¿de dónde proviene este juicio acre, cortante y en parte verdadero, en tanto que verificación de debilidad política?
A veces se le aparece a Maquiavelo alguna de las causas primeras que realmente han viciado la obra comunal U}. En una admirable
ACERCA D E «EL PRINCIPE», DE NICOLAS MAQUIAVELO 8 1
101 G. Toffanin, MathiarcHi t ti oTaeitism o (L a •poUtiea sterieau M U Controriforsna), Padua, » **i. p p- 9y»*-
,n Discursos, 1, V I; II, X , X I X , X X X ; III, X I, X X X I (que contiene la referencia más dura a la República de San Marco») c Historias /lanolinas, 1, X X IX : «Un día lea fue quitado aquel Estado que se hablan ganado en muchos altos con gasto infinito, y aunque en nuestros últimos tiempos hayan reconquistado parte del mismo, no habiendo recobrado su reputación ni fuenas, viven a discreción de otros, como todos los demás príncipes italianos.» DcccnuaU prisma-, «Marcos, de sed y de temores lleno»; II, Asisto fo ro , V , Lettcn fa m iiitri cit., C X X X IV . Cf. el ¡uido de Vettori: «(...) ellos se consumen y, como decimos nosotros, mueren de tisis (...), y estando con esa fiebre, como lo han estado ya por tres años seguidos, se encaminan a la muerte» (Lcttcre J¡om iliari, C X X I1I).
* * Discursos, I, X V II, L V , e Hissoriosflorentinas, V I, X X III: «(...) era opinión poco sabia creer que los milaneses pudieran mantenerse libres; porque la calidad de la ciudadanía, tu modo de vivir y las sectas anticuadas de aquella ciudad eran contrarias a toda forma de gobierno civil».
m «Los genoveset, siendo ora libres, ora siervos, de los reyes de Francia o de los Visconti, vivían deshonrados y se contaban entre los menores potentados» (Historiasflorentinas, I, X X X IX ) .
n í Discursos, I, L V .
1,5 Ihid., II, X IX : «(...) y quien adquiere imperio y no conjuntamente fuerzas, es justo que se arruine (...) como les ha sucedido a venecianos y florentinos, quienes han sido mucho m is debites, cuando unos poseían Lombardia y los otros Toscana, de lo que eran cuando aquéllos se conformaban con el mar y estos con seis millas de confines. Porque todb se debe a haber querido adquirir y no haber sabido buscar la manera (...)», manera que consiste en «(...) acrecentar la ciudad suya de habitantes, forjar compañeros y no súbditos, mandar colonias a guardar los países conquistados, hacer capital de las presas, domar al enemigo con correrlas y marchas, y no con asedios, mantener rico lo público y pobre lo privado, continuar con suma aplicación los ejercicios militares (...)» (ibsd.). También estaba la manera de Roma. cap. IV : «Vcsc también que aquella manera de hacer súbditos ha sido siempre débil y ha rendido poco provecho, y cuando también ellos se han excedido, se han arruinado pronto. Y si esta manera de hacer súbditos es inútil en las repúblicas armadas, en las desarmadas es inútilísimo, como han sido en nuestros tiempos las repúblicas de Italia». Y asi, cap. 111: «Pero una República pequeña no puede ocupar ciudades ni reinos que sean más valiosos ni más grandes que ella, v si, ello no obstante, los ocupa, le sucede como a un árbol que tuviera más gruesa la rama que c) pie, al cual, sosteniéndose con dificultad.