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LA CLASE DE LA SEÑORA JACKSON

In document El Crecimiento de La Mente - Greenspan (página 140-142)

El primer curso de primaria de la señora Jackson, en un colegio de un vecindario normal de clase media, se parece a cualquier clase de cualquier colegio de los Estados Unidos.' La señora Jackson es una mujer vital, experimentada y sincera que trabaja intensamente cada día para introducir a los veinticinco niños de seis años de edad que están a su cargo en los principios fundamentales del aprendizaje. Pero debe enseñar a tantos niños y dedicar tanto tiempo a tareas administrativas que no tiene más re-medio que dar casi todas las lecciones a grupos de estudiantes, aunque a veces no superiores a alrededor de la media docena de alumnos, habitualmente mucho más extensos. Y dado que no dispone de ninguna ayuda en clase, debe asignar tareas para tener ocupados a aquellos alumnos que no reciben su enseñanza directa en determinado momento.

Justamente ahora, por ejemplo, los Tordos Azules, el grupo élite en lectura, están haciendo fichas en las que deben trazar líneas entre las imágenes de animales y la primera letra de los nombres de animal correspondientes. En la segunda fila, Magda trabaja confiada su ficha uniendo la letra L con la imagen de un león y la J con la jirafa. Se para un momento para calibrar si el primate que se columpia en un árbol es un mono o un gorila, pero descarta

esta última opción dado que en la hoja también está representado un gato. Apenas puede descifrar el enunciado impreso en la parte superior de la ficha, pero se imagina lo que la señora Jackson quiere por sus palabras, sus gestos y su lenguaje corporal.

Entretanto, los doce miembros del grupo más lento, los Petirrojos, están agrupados alrededor de la señora Jackson leyendo sus cartillas en voz alta y por turnos. El progreso experimentado a través de las aventuras de un perro y un gato ha sido lento e inconexo, en la medida en que un lector tras otro se va abriendo camino a través de una o dos frases. La señora Jackson intenta mantener vivo el interés por la más bien escueta línea argumental, haciendo comentarios y preguntando a los chicos. A Henry todavía no le ha llegado su turno, pero no está prestando mucha atención, ni a la lectura de sus compañeros, ni a las palabras de la página que tiene delante suyo. Únicamente tiene una noción muy vaga de hasta qué punto el grupo ha profundizado en la historia, grupo que, a su vez, le toma por tonto, dado que le cuesta combinar las letras impresas para formar palabras.

Moviéndose inquieto en su asiento, descubre algo mucho más fascinante: el coche de juguete que sobresale del bolsillo lateral del pantalón de Walter. Justo en el momento en que la señora Jackson le agradece a Sara su esfuerzo y le pide a Henry que retome la lectura, éste realiza el movimiento cogiendo hábilmente el pequeño coche rojo del pantalón de su vecino. Walter se sienta erguido, pasa la mano por su bolsillo y golpea a Henry, quien deja caer su libro y sigue agarrando el coche.

La señora Jackson suspira. Otra clase de lectura de los Petirrojos es interrumpida por ciertos niños que carecen de la necesaria motivación para aprender a escribir. Los resultados del test que se practicó a Henry reflejan una capacidad cognitiva a la altura de la tarea. Está convencida de que podría aprender si únicamente se estuviera quieto y lo intentara. Walter, sin embargo, parece incapaz de controlar el impulso de pegar a todo aquel que le fastidia. Ambos niños deben trabajar la lectura pero, de momento, no tiene otra opción que separar a Walter de Henry, y a ambos de los restantes Petirrojos, que se comienzan a reír. Le llama la atención a Henry, que responde con una mueca chulesca que no pasa desapercibida a su agradecido auditorio. Una vez más, constata con alivio, ha evitado tener que leer en voz alta y; así, la humillación de no saber por dónde coger el hilo o cómo formar muchas de las palabras. En lugar de sentirse avergonzado, se las ha apañado para parecer atrevido y provocador. Condenado a la silla del time out (tiempo fuera), situada en un extremo de la clase, Henry le echa una mirada feroz y burlesca a Walter, exiliado en la esquina opuesta.

Al cabo de cierto tiempo, los Tordos Azules y los Petirrojos cambian sus asientos y, así, la señora Jackson puede trabajar con Magda y una do-cena de avezados lectores en un libro de superior nivel. A los Petirrojos les asigna una ficha. La señora Jackson explica el enunciado lenta y cuidadosamente y pregunta si alguien tiene alguna duda. Henry no capta la parte esencial de la tarea, pero no dice nada. Como suele hacer en estos casos, se dedica unos cuantos minutos a observar a sus compañeros de clase, intentando adivinar si los demás saben lo que deben hacer. Lo deja correr y hace un intento de colorear algunas de las imágenes de la ficha. Repantigándose en su asiento, se las ingenia para acabar desparramando sus lápices de colores por el suelo. Cuando la señora Jackson echa una mirada para supervisar a los Petirrojos, divisa a Henry de rodillas, debajo de su pupitre, recogiendo de forma ostensible sus lápices, pero encantado, de hecho, por haberse librado de la tarea mistificadora.

La señora Jackson, considerada una profesora experta y esmerada, siente una profunda decepción al comprobar el resultado de sus esfuerzos con alumnos como Henry. Parece inteligente y animoso cuando habla con él, pero no responde a sus intentos de comprometerlo con su trabajo escolar y se ha ido retrasando más y más de sus restantes compañeros Petirrojos, tanto que la señora Jackson está considerando seriamente poner-lo en manos del profesor de recuperación del colegio. Alberga dudas, sin embargo, porque ha visto que niños con esta disposición rebelde, a me-nudo se vuelven más rebeldes cuando se les saca de su clase para recibir una enseñanza especial, estigmatizante. Se pregunta por qué no puede progresar normalmente, como los demás niños, y se cuestiona lo que puede hacer para ayudarle.

In document El Crecimiento de La Mente - Greenspan (página 140-142)

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