Expresa sus deseos y sus sentimientos por medio de la
conducta, pero es incapaz de usar ideas para expresar deseos y sentimientos (por ejemplo, golpea cuando está furioso, abraza o pide contacto físico estrecho cuando desea algo, más que experimentar la idea de enfado o expresar el deseo de
intimidad).
Usa las ideas de forma concreta para transmitir el deseo de acción o para ver satisfechas sus necesidades básicas, pero no elabora la idea de sentimiento por derecho propio (pro ejemplo, desea pegar cuando está furioso pero no lo hace porque alguien está mirando, más que sentir rabia como si deseara pegar).
A menudo utiliza las ideas de forma imaginativa y creativa para expresar las más diversas emociones, excepto cuando experimenta emociones problemáticas o sufre estrés (por ejemplo, no puede introducir la rabia o la desesperación en la discusión verbal o en el juego imitativo).
Utiliza sus ideas para expresar una amplia gama de emociones; habitualmente se muestra imaginativo y creativo, incluso en condiciones de estrés.
PENSAMIENTO EMOCIONAL
Experimenta las ideas de forma fraccionada o fragmentada (por ejemplo, una frase sigue a otra sin que existan puentes lógicos entre ellas).El pensamiento está polarizado, las ideas son
expuestas según la ley del todo o nada (por ejemplo, las cosas son todas buenas o malas; no existen matices. El pensamiento está más concentrado (por ejemplo, tiende a ceñirse, la mayoría de las veces, a determinados temas, como son la rabia y la rivalidad); a menudo, muestra un cierto sentido de la lógica, pero las emociones fuertes o problemáticas, o el estrés, pueden conducir a un pensamiento polarizado o fragmentado. El pensamiento es lógico, abstracto y flexible a lo largo de una amplia gama de emociones e interacciones apropiadas para la edad; se muestra, a su vez, relativamente reflexivo para su edad y respecto de sus tareas (por ejemplo, relaciones con los
compañeros, relación de pareja o relación familiar.
Muchos interpretan los intentos de suavizar las normas ordinarias en el caso de aquellas personas que provienen de ambientes en los que el maltrato, la pobreza y el abandono están a la orden del día -como los jóvenes, «depravados por la privación», satirizados en Best Sitie Story como una forma de robar a las personas su dignidad humana y a la sociedad su capacidad de garantizar seguridad y tranquilidad. La visión contraria sostiene que, al margen de los efectos del abuso, de la pobreza y del abandono sobre el desarrollo de una persona, las oportunidades de la vida predisponen a seguir maltratando a las personas ya desfavorecidas cuando la sociedad podría aportar la ayuda necesaria.
El modelo evolutivo sugiere que ambas partes están en lo cierto y que ambas están equivocadas. El desarrollo mental óptimo—lo que hemos denominado salud mental— requiere un sentido de estrecha vinculación con la humanidad, un sentido bien desarrollado de la solidaridad, la capacidad de expresar y evaluar conceptos abstractos (incluyendo valores como la justicia, la equidad, etcétera), el sentido del lugar que ocupa la persona respecto de la comunidad más amplia, una comprensión de las consecuencias, la capacidad de sopesar valores alternativos y de situar sus propios deseos en el contexto de los deseos y las necesidades de las demás personas, y la capacidad de reconocer una autoridad y unos límites legítimos.
Las capacidades necesarias para un pensamiento y una conducta razonada, respetuosa y ética, forman parte de la salud mental. Para desarrollar estas capacidades, el niño necesita un tipo de educación que permita una relación cariñosa e íntima con, al menos, un adulto flexible, responsable, implicado y plenamente comprometido.
La persona moralmente responsable, tan admirada por los conserva-dores, únicamente puede surgir de la familia cariñosa y fiable que reclaman los liberales. Los dos rasgos fundamentales de las familias que funcionan —una educación respetuosa y sensible junto con unos límites firmes v coherentes— pueden presentarse en múltiples circunstancias sociales, culturales, religiosas y económicas. Pero no hay niño capaz de convertirse en un adulto moralmente responsable que no haya experimentado ambos. La fijación de límites, sin el componente afectivo, engendra miedo y un deseo amoral de combatir el sistema. Una educación afectuosa con ausencia de límites conduce al egocentrismo y a la irresponsabilidad. Responsabilizar a las personas para que den cuenta de sus hechos mientras educan a niños con sentido de la responsabilidad constituye la tarea central tanto de los padres como de la sociedad. En las comunidades yen las familias que dan a cada niño la oportunidad de crecer en un hogar adecuado con una intensa relación afectiva y, a su vez, con unos límites bien definidos, podemos considerar a cada persona responsable de usar sus recursos en el máximo nivel evolutivo que le sea posible.
Al reflexionar sobre la responsabilidad moral y legal, sería conveniente separar de forma más nítida los procedimientos que determinan si un individuo ha cometido un delito de los que deciden qué castigo o re-habilitación le deben imponer. Este último criterio calibraría, entonces, circunstancias tales como la capacidad y el estado mental de una persona. Ambas determinaciones podrían ser responsabilidad de un jurado compuesto por personas del mismo rango, pero este jurado, o, en su caso, un juez, requeriría diferentes opciones de cara a la sentencia —incluyendo un tratamiento adecuado— que tuvieran en cuenta los diferentes niveles del desarrollo mental y consideraran la posible rehabilitación en aquellos casos en los que el desarrollo se hubiera visto bloqueado. Únicamente a través de este tipo de consideraciones podemos integrar la responsabilidad con el sentimiento humanitario y las medidas correctoras.